Cada vez que dices “es difícil” te estás poniendo una excusa para no avanzar

Ya sé que es difícil llevar a la práctica muchas cosas de las que hablo, de hecho no es la primera vez que hablo de esas dificultades.

Hasta tengo un ebook para trabajar este tema.

No sé si alguna de las clases que doy se libra del típico comentario “jo, pero es que es difícil”. Ya lo sabemos, si fuera fácil, ya lo haríamos, ya nos saldría solo. Pero mejorar, cambiar hábitos, es lo que tiene.

Telita con el cardo.

Y ahora os hago una pregunta: ¿difícil es sinónimo de malo? No, ¿verdad? Puede ser que sea incómodo, eso sí. ¿Pero desde cuándo que las cosas sean fáciles y cómodas se ha convertido en un valor? Nuestra sociedad cada vez nos dice que las cosas tienen que ser más fáciles, más cómodas, más inmediatas. Pero la vida no es así, no…

La primera vez que una compañera en un curso me dijo que estaba buscando excusas para no avanzar cuando yo decía “es difícil” con respecto a cambiar cosas de mi forma de ser, me sentó bastante mal. Pero tenía razón. Yo buscaba consuelo pero también justificar que si lo hacía mal, era porque hacerlo bien no se podía de lo difícil que era. Es decir, hacerme un poquito la víctima.

Tras reflexionarlo durante un tiempo, me di cuenta, con fastidio, de que era verdad. Ya no podía echarle la culpa de no mejorar a la dificultad

Estamos en la era de “querer es poder”, de “eres capaz de todo lo que te propongas”. Pero también en la era del facilismo, de la comodidad, de la motivación. ¿Creéis que son compatibles estos dos movimientos? En absoluto. ¿Cuál gana? El segundo. Porque para conseguir todo lo que te propongas te lo vas a tener que currar un montón. Te vas a caer un montón de veces, te van a decir que no en un montón de ocasiones. Pero si poner en valor la comodidad o la facilidad, nunca vas a poder superar los obstáculos que te encuentres en el camino.

Preparar una presentación de un curso gratuita y que no venga nadie. Elaborar un curso, ofrecerlo y que nadie se interese. Mandar publicidad a todos los centros educativos de Aragón y que nadie te conteste. Ir a un mercadillo y no vender nada. Llamar a los servicios comunitarios de tu provincia y que te digan que no a lo que ofreces. Son cosas que me han pasado, todas, varias veces. No era fácil irme a vivir a un pueblo del Pirineo a vivir de algo tan novedoso y delicado como trabajar la inteligencia emocional de la gente. Pero, ¿qué hubiera pasado si hubiera pensado que era difícil?

Un ejemplo de las cosas fallidas. Yo mostrando mis errores… ¡y sólo le gustó esta publicación a 2 personas!

¿Qué pasa en nuestra mente cuando nos decimos que algo es difícil? Interpretamos dureza, esfuerzo, poca recompensa, sacrificio, sufrimiento… Y por ello podemos llegar a tomar la decisión de no intentarlo. Podemos decirnos a nosotrotr@s mism@s que no nos compensa. Y quizá no nos compense a corto plazo. Pero lo que quiere que sea que queramos cambiar, aunque nos convenzamos de no intentar algo, antes o después se volverá a repetir. Y nos volveremos a plantear la decisión: ¿lo intento o no? Y si seguimos con nuestro esquema de pensamiento, nada cambiará.

Ya lo decía Einstein…

Pero podemos decidir o bien no decirnos que es difícil o cambiar el significado que le damos a que algo sea difícil. Difícil no es malo. Puede entrañar salir de la zona de confort, intentar (que siempre es bueno), aprender, experimentar otras cosas, ser un reto… Depende de ti el significado que le des.

Así que no os voy a decir que os prohibáis decir esa palabra pero sí que gestionéis el significado que le deis y las emociones que eso os genere. No obstante, cuando decimos que algo es difícil, lo estamos juzgando y como os dije hace un tiempo, es mejor ser ecuánimes.

Marcar como favorito enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.