Un conato de tragedia

Yo hasta ahora pensaba que sabía lo que significaba “ecuanimidad”, pero parece ser que no era consciente del alcance de su significado.

Leyendo el libro de Santandreu “Nada es tan terrible” me encontré con el término ecuanimidad referido a la capacidad de una persona de no hacer juicios de valor sino de tener una visión más descriptiva de la realidad que le rodea.

Pues para mí la ecuanimidad forma parte del bienpensar. Ya he comentado en otros posts cómo lo descriptivo hace que nuestras emociones sean menos intensas y, por ende, más fáciles de gestionar.

No estoy hablando de reducir las emociones a su mínima expresión. Aunque esta tendencia nos dirigiría hacia un estado de bastante calma, no es muy realista tener esto como objetivo.

Me refiero más bien a reducir un poco la intensidad de las mismas. Vuelvo a poner este famoso esquema.

Este es mi esquema para gestionar emociones.

Recordamos que cuanto más intensa es una emoción, más difícil es de gestionar, ¿verdad? ¿Cómo conseguimos que una emoción sea intensa? Haciendo una interpretación de la realidad sesgada, con suposiciones, echándole imaginación, basándola en nuestros miedos, con suspicacias, contándonosla a nosotr@s mism@s de una manera u otra…

¿A quién le dejas que te cuente la película?

Os voy a poner un ejemplo. Mi padre tiene una forma de expresarse bastante peculiar. Tiende a ser dramático y muy serio, con lo cual, cualquier mensaje que provenga de él, por muy alegre que sea, jamás lleva ese tono.

El otro día, nada más verme me dijo: “Pilar, ha habido un conato de tragedia”. Mi mente, que es muy rápida, pensó en un montón de cosas en pocos milisegundos. Un incendio, una explosión, un accidente de coche, un accidente doméstico… Consecuentemente mi cuerpo empezó a sentir escalofríos, calor en las extremidades y el estomago se me cerró.

Cuando le pregunté alarmadísima lo que había pasado me dijo que la nevera no funcionaba.

Casi me da algo.

Evidentemente, se os pueden ocurrir mil maneras de ser más ecuánimes a la hora de describir esa realidad, ¿verdad? Pero mi padre utilizó una de las más dramáticas.

A lo que voy es a que podemos escoger la forma como describimos las cosas. En este caso, lo que había pasado es que mi padre había apagado la nevera para limpiarla y descongelarla. Al enchufarla parpadeaban unas lucecitas en rojo que podían indicar avería. Pero parece ser que es lo normal cuando desconectas la nevera. Eso pasa hasta que transcurridas unas horas, casi un día. Tras ese tiempo, el aparato vuelve a coger la temperatura ordinaria.

Si nos situamos mentalmente en un hecho concreto y puntual que es que AHORA MISMO no funciona la nevera, sentimos una cosa. Pero si nos ponemos en lo peor de todo pensando que SI SIGUE ASÍ SE VA A PONER MALA TODA LA COMIDA Y HABRÁ QUE COMPRAR OTRA, pues nuestras emociones se disparan.

Hasta que descubrimos que lo que estaba haciendo la pobre nevera era lo normal, hubo búsquedas de números de teléfono de técnicos, llamadas y preocupación por lo que pudiera pasar.

Es decir, que la falta de ecuanimidad desencadenó en una falta de control de la situación (leve pero fastidiosa). Este ejemplo que os he puesto es muy claro, pero seguro que en vuestros pensamiento también hacéis interpretaciones de la realidad con cierto dramatismo o negatividad que podéis tratar de que sean más ecuánimes y por lo tanto, más fáciles de gestionar.

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