¿Cómo se piensa bien?

En castellano, lo de pensar bien, se asocia a confiar, en contraposición al “piensa mal y acertarás”. Pero yo lo entiendo como los actos de pensamiento que son constructivos. En contraposición existen otros que son destructivos.

Sería estupendo que nos enseñaran a pensar, pero normalmente aprendemos a procesar la información de la manera que lo hacen quienes nos educan: familia, escuela, iguales, medios de comunicación… Pero no somos conscientes de que escogemos una forma de pensar. ¿Acaso te has preguntado alguna vez cómo piensas? Si es que sí, ¡enhorabuena!

Pensemos sobre nuestro pensamiento…

Pensar es algo que se materializa en diferentes actos, muchos. Sacar conclusiones, tomar decisiones, analizar el pasado, buscar soluciones, tratar de encontrar la razón de algo que ha sucedido, recordar una y otra vez un hecho positivo o negativo… Nuestra mente es una máquina con muchísimas posibilidades y funciones. Alguna de las cosas que hacemos con ella nos hace bien y alguna otra nos hace mal. Y luego están las que no sabemos que podemos hacer y podemos aprender.

No te creas todo lo que te dice.

Hoy os voy a hablar de alguna de ellas.

Sacar conclusiones es algo que hacemos constantemente. Pero muchas veces no tenemos información de suficiente calidad para hacerlo de forma adecuada. Es decir, que muchas veces deducimos información haciendo suposiciones y puede que estemos generando una conclusión de baja calidad o simplemente falsa. Lo que pasa es que la incertidumbre la llevamos mal y a veces preferimos inconscientemente decidir creer que algo es de determinada manera antes de soportar la duda de si es así o no.

Tomarnos las cosas de forma personal. Cuanto más personales te tomes las cosas, peor, más difícil será gestionar las emociones que te generan esos pensamientos. De la misma manera, cuanto menos lo hagas, menos intensas serán las emociones que te generan esos estímulos y mejor podrás reaccionar. Dos factores que influyen en este acto mental son el victimismo y el egocentrismo: creer que eres una persona desgraciada y que eres el foco de las intenciones de todo el mundo. Esto se reflejaría en pensamientos como “todo lo malo me pasa a mí” o “el mundo está en mi contra”.

Cuestionar. Es un acto que supone poner en duda algo. Si cuestionas creencias o dogmas que pueden estar establecidos en la sociedad pero que sientes que te oprimen de alguna manera, puede sentarte bien este acto de pensamiento. Pero si te cuestionas en todo momento tu valía, tu capacidad o tu criterio sobre un tema, puedes estar minándote la autoestima.

Reflexionar es pensar y considerar un asunto con atención y detenimiento para estudiarlo, comprenderlo bien, formarse una opinión sobre ello o tomar una decisión. La reflexión es un acto importante y muy productivo siempre que no se alargue demasiado en el tiempo. O que no entremos en bucle. Supone ver las cosas desde diferentes perspectivas. Intentar entender el porqué de las cosas, ver qué raíz tienen, observarlas con detenimiento y sin juicio.

Juzgar, opinar, evaluar… Son actos de no aceptación. Lo contrario es actuar con ecuanimidad, concepto del que os he hablado en otras ocasiones y que aplicarlo supone un gran acto de inteligencia. La ecuanimidad nos lleva a tratar de ver el mundo con mayor objetividad.

Y hasta aquí esta primera entrega de actos de pensamiento. ¡Continuará!

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