Extevisión: el acto de mirarse desde fuera

Hace poco que estuve en un taller de microrrelatos y uno de los ejercicios iba sobre inventarse una palabra y yo me inventé esta.

No es muy bonita, la verdad, pero el significado que le asigno me gusta un montón.

Con esta palabra yo quería definir el acto de mirarnos desde fuera igual que miramos a l@s demás, a sus vidas. Porque… ¿no os da la sensación de que vemos las vidas de l@s demás de forma mucho más idealizada que las nuestras?

A mí me pasa mucho. A veces cuando me voy de Ansó por trabajo o por la razón que sea y veo que gente que llega pienso por lo bajini “ay qué guay, llegan a Ansó y se lo van a pasar súper bien”. Pero cuando yo estoy aquí no siempre tengo esa sensación.

También me cruzo por la carretera con coches ocupados por varias personas y pienso “qué guay ir acompañad@”. Me l@s imagino riendo y cantando canciones, con un filtro cálido de Instagram. Pero igual no se llevan bien, incluso puede que sea un viaje de trabajo que tod@s estén deseando terminar para irse cada un@ a su casa.

Películas que me monto.

Quiero que sepáis que siempre que escribo este tipo de cosas creo que podéis pensar que estoy un poco loca y me da un poco de vergüenza, pero solo un poco, así que continuaré.

El caso es que tener esta visión de las vidas del resto de la gente creo que no es nada bueno, porque suelo poner este filtro de felicidad a lo ajeno pero no miro mi vida así. Me doy cuenta de que a veces veo mi vida sin filtros, o peor, con filtros fríos, sin color, sin calidez.

A veces, hago el esfuerzo de verme desde fuera, de mirar mi vida como si no fuera la mía y entonces sí que siento que mi vida es guay. Muy guay. Me encanta. Por eso creo que la extevisión es algo que deberíamos practicar. Al menos yo cuando lo hago me siento mejor.

Es una forma de hacer tu vida más acogedora.

Un mantra que me repetía para hacerlo realidad.

Imagino que esto es una cuestión de educación. En mi casa nunca sentí que lo nuestro fuera lo mejor. De hecho muchas veces era lo peor. Aún recuerdo cómo el primer día del curso, de niña, tod@s mis compañer@s de mi clase venían con sus estuches nuevos, con sus pinturas nuevas, gomas limpias y relucientes. Y yo traía el estuche heredado de mis hermanas, medio roto, lleno de una recopilación de lo que había por casa, cada pintura de su padre y de su madre, rotuladores medio gastados, lapiceros cortitos…

Así era con muchas cosas. Cuando no te enseñan a valorar lo tuyo, lo medio desprecias.

Y luego está el acto mental de creer que los demás son mejores que tú, que sus vidas son más chulas, que les va mejor, que para ell@s es todo más fácil… Eso, directamente es mentira. Porque muchas veces, cuando algo no va bien, podemos, erróneamente, empezar a compararnos con l@s demás. Cuando tenemos un problema familiar, de repente todas las familias se ven armónicas y pacíficas. En el momento que en nuestro trabajo surge un problema, nos parece que a l@s demás nunca les pasa. Al vernos afectados de salud, nuestra visión de los demás es que están como toros.

La mente nos traiciona muchas veces y debemos darnos cuenta. No demos por cierta la visión que tenemos de la realidad, sobre todo si nos hace sentir mal. Y si además tenemos trucos para vernos mejor, usémolos.

No te creas todo lo que te dice y menos cuando te quiere hacer sentir menos.

Mira tu vida desde fuera, seguro que la ves envidiable.

 

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