¿Practicas la autoempatía?

No hace mucho leí este término no recuerdo muy bien dónde y me llamó mucho la atención.

¿Por qué? Porque la empatía siempre se suele relacionarse con las habilidades sociales que utilizamos para relacionarnos con los demás.

Entonces, ¿cómo se puede entender eso de la autoempatía? Yo lo entiendo de la siguiente manera…

Nos hablan mucho de cómo tratar a l@s demás, nos enseñan a ser amables, educad@s… Pero a mí nunca me dijeron cómo me debía tratar a mí misma.

Me enseñaron que tenía que tener en cuenta a l@s demás, a compartir, pero nunca me dijeron que tenía que tenerme en cuenta a mí. Sí, es verdad que vas aprendiendo a no quedarte sin nada, a pedir lo que te corresponde, pero a modo de superviviencia o por no ser menos que l@s demás, pero más de cara para fuera. Si hablamos de introspección ya es otra cosa…

Muchas veces, cuando hablamos de autoestima, pensamos en seguridad, confianza, aceptación, valía… Yo recuerdo que cuando empecé a detectar mis problemas de autoestima no es que tuviera poca seguridad, escasa confianza o no me aceptara. Mi problema era más de base: yo me obviaba. Sí, habéis leído bien, me obviaba, no me odiaba. No me hacía ni caso. Pasaba bastante de mí.

Ni me escuchaba, ni tenía en cuenta mis necesidades, ni me hacía caso, ni me consolaba, ni nada de nada. No tenía relación conmigo misma.

Debemos entender que no somos un@, sino que somos dos, que vamos a pasar toda la vida con nosotr@s mism@s, que nunca estamos sol@s, sino que tenemos una relación con nosotr@s mism@s.

Podemos pasarlo bien con nosotr@s mism@s, entretenernos, divertirnos… Somos nuestra alma gemela.

En aquella época, yo no era consciente de esto. Era como si yo no me tuviera en cuenta. Vivía al margen de mí. Mi relación conmigo misma era como la de dos compañeros de piso que ni se ven, ni conviven, ni hacen nada juntos. Solo habitan la misma casa. No creía que yo pudiera darme nada, todo lo buscaba en los demás: consuelo, diversión, planes, cariño…

Después de pasar alguna que otra época mal, fui descubriendo a esa compañera de piso que era yo misma. Empecé a observarla y no tenía tan mala pinta como me imaginaba. Empecé a escucharla, a dar soluciones a sus problemas, a ayudarle a cumplir sus sueños… A hacerme cargo de ella, de mí misma.

Mírate a los ojos y te encontrarás.

El primer paso para quererse es tenerse en cuenta. Tomar conciencia de que existimos. Prestarnos atención, hacernos caso. Una vez que hacemos esto, podemos empezar a interesarnos por nosotr@s, preguntarnos qué necesitamos, por qué ciertas cosas nos molestan, por qué otras nos gustan…

Y la autoempatía la encajo en este grupo de actitudes. Empáticos somos en general tod@s los seres human@s. La capacidad de reconocer emociones ajenas solemos desarrollarla. Lo que no siempre hacemos es expresar la empatía. Es decir, no siempre decimos a otra persona lo que creemos que está sintiendo. Casi nunca decimos que le entendemos cuando ha pasado una situación desagradable. Le entendemos, pero no lo decimos. O no siempre actuamos en consecuencia. Y en eso consiste expresar la empatía. Sentirla pero no expresarla no es de mucha utilidad.

¿No os lo parece?

Y con nosotr@s mism@s sucede algo parecido. Siempre sienta bien que alguien nos diga que nos comprende, ¿verdad? A veces buscamos que alguien nos lo diga para sentirnos mejor. ¿Qué tal si eso que buscamos nos lo aprendemos a dar? Y lo que luego nos den los demás, ¡bienvenido sea, pero de propina!

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