¿No estarás confundiendo autoridad con autoritarismo?

Estas dos palabras tienen significados diferentes aunque a veces cometemos el error de creer que son lo mismo.

Es muy importante saber el significado de las palabras ya que la realidad que vemos, la realidad de la que hablamos y sobre la realidad que reflexionamos, está basada en las palabras que utilizamos.

Como dice el juez Calatayud, tenemos complejo que joven democracia y eso se traduce en educación en el miedo a confundir autoridad con autoritarismo. Yo ya no sé si es fruto de la historia de España, si es una cuestión de modas o qué, pero lo que tengo claro es que sigue habiendo un miedo a poner límites, brutal.

Vamos ir por pasos. ¿Cómo te suela la palabra autoridad? ¿A militar, disciplina, castigo, agresión, rigidez, estricto? Una cosa es los significados que le asocies tú a esta palabra y otra cosa es su significado real.

Tenemos que analizar las sensaciones que nos provocan estos conceptos.

Autoridad significa “facultad o derecho de mandar o gobernar a personas que están subordinadas”. Autoritarismo significa “régimen político que se basa en el sometimiento absoluto a una autoridad”. También “abuso que hace una persona de su autoridad”.

¿Están l@s hij@s subordinad@s a sus padres? Pues sí. Dependen de ell@s para muchas cosas durante muchos años de su vida. Al principio para absolutamente todo. Según van creciendo, menos. L@s progenitor@s tienen que proporcionarles alimento, cobijo, vestido, cariño, comprensión, enseñanza, educación… Y límites.

L@s adult@s, por el mero hecho de serlo, tienen mayor experiencia vital que l@s niñ@s y ello les concede esa superioridad. No significa que abusen de ella o que suponga un sometimiento absoluto, sino que la autoridad se usa cuando se tiene que usar (muchas veces) y no por capricho.

Las formas de la autoridad también nos confunden un poco. Cuando pensamos en esta palabra quizá pensamos en gritos, empujones, enfado, frialdad, hostilidad, rigidez… Y se puede aplicar la autoridad con cariño, seriedad, con dulzura y empatía.

Actuar con autoridad no tiene que tener esta forma precisamente.

Por otro lado, la autoridad no tiene que andar todo el tiempo justificándose. Puede dar explicaciones de por qué se las cosas se hacen así o asá, de hecho es bueno que l@s niñ@s sepan el por qué de los límites que se les ponen. Pero una vez que te aseguras de que te han entendido no hay que convencerles una y otra vez de lo que tienen que hacer o de por qué no se puede hacer determinada cosa. Ni tampoco recordándoles sus obligaciones, eso es permisividad. Para evitar esto, es cuando hay que hacer uno de las consecuencias.

El autoritarismo sería el “no porque no” o el “sí porque lo digo yo”, por ejemplo. Pero no lo es el poner límites, aplicar consecuencias o mantenerse firme en una decisión.

La culpa que puede generar actuar con autoridad puede ser un gran inconveniente. Esta emoción no nos deja ver la realidad con objetividad, sino que nos hace dudar de nuestras decisiones y de nuestros actos. Nos hace cuestionarnos si lo que hemos decidido está bien o está mal cuando vemos la cara de desagrado del niño con respecto a nuestra decisión. Para que la culpa no campe a sus anchas, debemos estar segur@s de nuestras decisiones. La culpa y la duda son aliadas, pero muy perjudiciales para mantenernos firmes.

Cuanto mejor pongas a los límites a tus hij@s, menos autoridad tendrás que ejercer, porque lo ideal es que ell@s vayan autorregulándose a ell@s mism@s según vayan madurando. Hasta un punto en el que ya no sea necesario ejercer ningún tipo de control en su comportamiento. Pero hasta entonces, la autoridad será necesaria.

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