Que mi hij@ no pase lo que yo pasé

Esta frase yo la he escuchado mucho y vertebra muchas de las decisiones que se toman con respecto a la crianza y educación de l@s niñ@s.

Tener la creencia de que lo que nos ha pasado ha sido malo, puede ser la base de la frase que encabeza este artículo. Me explico.

Cuando nos hacemos mayores comenzamos a ver las cosas que hemos vivido en nuestra infancia desde otra perspectiva. Y cuando además, tienes hij@s, haces un ejercicio de empatía y consciente o inconscientemente empiezas a reflexionar sobre cómo te hubiera gustado que te educaran a ti.

La empatía siempre es un buen criterio para tomar decisiones. Sobre todo las decisiones que tienen que ver con cómo tratar a los demás. Es decir, si tengo dudas sobre cómo comportarme con alguien en una situación delicada, por ejemplo, pensar en cómo me gustaría que se comportaran conmigo, puede ser una buena guía.

Mostrar empatía hacia l@s hij@s creo que es muy importante, pero hay que tener cuidado.

A veces, cuando recordamos cosas que nos pasaron en el pasado, podemos estar haciendo una mala elaboración del recuerdo. Si se trata de cosas desagradables o dolorosas, el victimismo nos puede jugar una mala pasada. A veces creemos que la vida no se ha portado con nosotr@s como nos merecemos, pero eso es solo nuestra visión. A mí me gustó mucho darme cuenta de que mis amigos de la infancia no me vieran tan pusilánime como yo creía que fui.

Las cosas que recordamos no siempre pasaron como creemos. Mejor dicho, la interpretación que hicimos de esas cosas puede estar mediatizada por la emoción que sentimos en ese momento. O por el enfoque que le hemos dado después.

A lo que voy, es que puede que haya cosas que en su momento te pasaron y que ahora las ves como duras o dolorosas. Pero, ¿en el momento lo pasaste así de mal? ¿O puede ser que ahora siendo adult@ juzgues como peor o más dolorosa aquella situación? No respondas inmediatamente. Date un tiempo para pensar. Reflexiónalo durante varios días incluso. Porque muchas veces nuestra miente nos miente y nos hace ver las cosas de forma diferente. Lo que está claro es que no te mataron. Incluso muy probablemente te hicieron más fuerte.

No te creas todo lo que te dice.

El problema de no querer a que tus hij@s pasen lo mismo que tú pasaste es que quieras evitar todo aquello que, aunque quizá no muy agradable, te hizo madurar. Porque las cosas a veces no son tan tan malas como las recordamos. Si pudieres escoger, seguro que tratarías de que no pasaran por lo mismo, pero no se puede escoger. Bueno, sí se puede, pero entonces es sobreproteger. La vida nos va a poner siempre en situaciones desagradables y nuestro deber es aprender de ellas. Madurar. Aprender.

Evitar la sobreprotección es difícil si no sabes de dónde vienen los motivos que tenemos para hacerlo. Sin embargo, cuando sabes cuáles son las creencias que argumentan ese comportamiento, es más fácil intentar cambiarlas. Podemos saber que algo no nos gusta y podemos saber que queremos cambiarlo, pero si no cambiamos las creencias, será muy difícil cambiar las costumbres.

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