¿Qué echarás de menos cuando todo esto acabe?

Yo ya hace tiempo que lo voy pensando…

Tanto lo que echaré de menos como lo que no estoy echando nada de menos ahora. Eso daría para otro artículo…

Es curioso cómo las costumbres se nos instalan. Somos seres que se adaptan a las cosas, algunos mejor, otros peor, pero… ¿No hay cosas que cuando todo vuelva a la “normalidad”, echaréis de menos?

Yo creo que lo que más voy a echar de menos va a ser el ritmo menos intenso con el que vivo. Es decir, que lo que me sobra de la normalidad son las prisas, los horarios, tener menos tiempo para todo lo que me gusta. Desayunar con calma, tener un montón de tiempo para pintar, para ver pelis, poder alargar los paseos en bici hasta que me apetezca…

La esclavitud del tiempo no le echo nada de menos

Vivo en un mundo marcado por el reloj. Aunque intento pasar tiempo en mi día a día haciendo nada, casi nunca lo consigo. Y ahora sí lo estoy haciendo, y veo que me sienta bien.

Las largas conversaciones por teléfono con la gente, saber cómo les va la vida más a menudo. Los encuentros más relajados con la gente cuando te encuentras en la compra. Las conversaciones de balcón a balcón… Dedicarle tiempo exclusivamente a cantar o a jugar al Scrabble.

¡Me encanta!

Hacer cosas solo por disfrutar, por entretenerme.

Si escribo sobre la necesidad de ser productiva, es porque yo la tengo. Hay muchas cosas en mi día a día en las que normalmente no reparo. Rincones de mi casa que nunca disfruto. Por rutina, por pereza, por rigidez comportamental… Y estos días me he salido de esa zona de confort para ampliarla un poco.

Igual echo de menos las comidas elaboradas que me estoy haciendo ahora y que cuando vuelva a entrar en el ritmo frenético, probablemente no haré. O sí… Son ya muchos días de cambio de hábitos y, aunque yo no me creo eso de que bastan 21 días para instalar una nueva costumbre, igual después de saborear las ventajas de esos cambios (y durante bastantes más días que 21), nos convencemos de continuar con ellos.

Para mí la enseñanza de este tiempo tiene mucho que ver con vivir más despacio, estar más en el presente. Pararme más, estar más en lo que estoy. Y eso que es muy raro que esté viendo una peli sin estar pintando un bolso a la vez o cosiendo un monedero (vaya, que me hace falta esto de parar).

Me ha obligado a buscarle la vuelta a las cosas, a salir de mis rutinas (soy muy rutinaria, me da mucha seguridad, pero veo que no es bueno). He creado nuevas rutinas que me gustan bastante y que espero que, cuando tengamos la posibilidad de hacer nuestra vida sin las limitaciones por nuestra seguridad, me apetezca mantener, aunque sea de vez en cuando.

Y tú, ¿qué echarás de menos cuando todo esto acabe?

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2 comentarios

  1. El silencio en nuestros montes. Aunque tengo claro que el turismo es uno de los recursos economicos mas importantes en estos valles pirinaicos, echare de menos la paz que estas semanas de confinamiento he disfrutado.
    Perdonad hosteleros pero es lo que despues de muchos años yo he vuelto a sentir…
    Pilar, es muy egoista? soy poco sociable?

    • Jajajaja… Que me perdonen los hosteleros a mí también, pero los últimos años la cosa se está yendo un poco de las manos… Cuando hay un desequilibrio, como yo creo que está pasando con el turismo y la turistificación, es normal querer que la balanza se vuelva a igualar. Ser poco sociable no es nada malo y creo que vivir en un pueblo favorece aprender a disfrutar de la soledad, del silencio. Las últimas avalanchas de gente y los comportamientos incívicos de algunos, también favorecen que no los echemos de menos en absoluto.

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