Sal de tu mente

Esta frase la vi en un vídeo que ahora mismo no encuentro, sobre cómo la anticipación y los miedos, nos limitan en nuestros movimientos.

Me gustó mucho el concepto, al igual que el vídeo. Iba de cómo un chico y una chica se van encontrando con frecuencia en el ascensor del edificio en el que trabajan. Parece que se gustan pero ninguno de los dos da el paso para acercarse al otro. Va pasando el tiempo, internamente se van montando sus películas de cómo sería estar juntos, pero no actúan. Un día a la chica la despiden y se encuentra con el chico en el ascensor. Ella lleva la típica caja con sus cosas. Ninguno de los dos saca valor para hablarse o intentar conocerse.

El final triste de esta historia nos lo podríamos atribuir a much@s de nosotr@s, en cualquier contexto. A veces no hemos hecho cosas porque hemos anticipado un resultado “negativo” del hipotético intento. Y pongo negativo entre comillas porque que sea negativo o positivo o neutro, depende del enfoque que le demos.

Para mí el único fracaso es no intentar, lo que no significa que siempre tenga el valor de intentar algo.

Una de mis frases favoritas.

Creer que podemos salir de nuestra mente, de nosotr@s mism@s, de lo que creemos que es la realidad, es un gran recurso. Al menos para mí.

Es un concepto similar al que transmiten frases como “Tu mente te miente” o “No creas todo lo que piensas”. Darle demasiada credibilidad a nuestros pensamientos cuando no estamos tranquil@s, es un error.

Aunque parte de mi mente quiera decirme lo contrario.

Entramos en bucle normalmente cuando, sintiendo algo, empezamos a pensar conscientemente. Empezamos a mantener una especie de discurso basado en esa emoción y que a su vez la retroalimenta, con lo cual, puede ser un pozo sin fondo de que será difícil salir.

La primera vez que escuché la expresión “estoy rayado” no sabía lo que significaba. Fue en la época del instituto, no sé si es que se puso de moda entonces o que yo no la había escuchado nunca. Pero ahora reconozco perfectamente esa sensación. A veces siento que me escuece el cerebro de darle tantas vueltas a un tema. De hecho, me suele entrar un poco de dolor de cabeza.

Las cosas hay que pensarlas pero bien. Hay que bienpensarlas. Y se bienpiensa cuando un@ está medianamente tranquil@. Si te pones a reflexionar sobre algo cuando estás sintiendo una emoción desagradable, dejarás que la voz de tu discurso interno la tenga esa parte de ti que se siente mal. Y como le des demasiado protagonismo, te va a llevar al huerto.

Cuanto más protagonismo le des, más fuerte se hará la emoción y el pensamiento. Una retroalimentación que puede no tener fin.

Si has de tomar una decisión o una actitud hacia algo, decídelo cuando estés en calma y no con la emoción en pico. Cuando veas que vas a entrar en ese bucle, trata de parar. Meditando, corriendo, pintando, fregando los platos, hablando con alguien sobre otro tema. Busca tus alternativas, pero trata de parar. Es así como podrás llegar más a la calma y salir de tu mente. Y cuando estés más tranquil@y haya pasado un rato, incluso unos días, podrás decidir mejor. Y si quieres saber un poco más, aquí tienes esta herramienta que creo que te puede ayudar, al igual que acudir a alguno de mis cursos sobre alfabetización emocional.

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