¿Quieres que tus hij@s te tengan miedo?

Imagino que la respuesta sería que no… O que depende… Porque, si dices que sí… ¿Qué clase de p/madre serías? No te juzgues… Es normal usar una dosis de miedo para educar, aunque no es bueno.

El post que escribo esta semana está inspirado en esta imagen.

Tampoco hace falta que sea un error, simplemente que esté en problemas y le puedas hacer falta.

No me importa si hablamos de hijas, de hijos, de padres o de madres. Lo que me importa es el miedo como arma educativa.

El miedo es un arma educativa muy potente, muy eficaz y muy rápida. Es fácil de practicar porque a la mayoría nos han educado en parte de esta manera, con lo cual nos sale solo. Estamos programad@s para ello, así que tampoco tiene ninguna dificultad, porque lo normal, es perpetuar la forma como nos han educado, a no ser que tomemos conciencia de ello y de cómo eso nos ha influido. Yo recuerdo perfectamente el miedo que tenía cada vez que suspendía un examen, por ejemplo.

Eso sí, si no quieres que tus hij@s te tengan miedo, no puedes utilizar esta herramienta.

Pero, ¿la usas? Igual no lo tienes claro. Porque usar el miedo no es algo que se haga de manera siempre consciente o de manera muy patente.

¿A qué clases de miedo me estoy refiriendo? Me refiero al miedo que empieza aparentemente de forma inocua con eso de que va a venir el coco y se te comerá. Y al que continúa con lo de “si te portas mal no te traerán nada los reyes”. Utilizar el miedo a ser malos o a que nos les quieras por comportarse con espontaneidad o por ejercer simplemente su voluntad, es chantaje. Al final se resume en el miedo que puedan tener a que no les quieras o a que les dejes de querer.

¿Y cómo se perpetran esos miedos? Con nuestra desaprobación hacia cómo son o lo que hacen. Si no, piensa en qué clase de cosas no te contaría tu hij@ por miedo. Cosas que a ti te pueden parecer mal, que no apruebas o que juzgas negativamente. Desde pedirte dinero para comprarse chucherías,  mentirte a cerca de los deberes, tener curiosidad por según qué temas. ¿Te atreves a preguntarles si te tienen miedo?

Que haya cosas que no te gustan de tu hij@ es algo que tienes que empezar a aceptar ya. No puedes utilizar que no te agrade algo, como argumento para que no lo haga. Los amigos que tenga, la ropa que se ponga, el peinado que lleve, los estudios que escoja…

Las reprimendas son inevitables, pero se puede evitar la desaprobación.

Seguro que prefieres que no haga según qué cosas, pero conforme van creciendo, van a empezar a tomar decisiones y a tener hábitos y hay que darles cierta libertad. Y con libertad me refiero a la reacción que tengas, es importante que la regules adecuadamente y no le des rienda suelta a tu visión del asunto.

No quiero decir que esas conductas no tengan consecuencias, pero que las consecuencias no sean tu desaprobación, tu desagrado o tu decepción. Porque de alguna manera, transmites que no le quieres de manera incondicional. Que sean consecuencias naturales.

Tu amor hacia tus hij@s o su retirada, no puede ser consecuencia directa de cómo se comportan. Aunque enfadarse suele ser un acto reflejo ante un comportamiento que no nos gusta, puede ser una manera de transmitir peligro ante la posibilidad de que no les queramos.

Cuanto menos nos enfademos y de manera menos personal nos tomemos sus comportamientos, menos miedos estaremos transmitiendo. Aunque tu hij@ no sea exactamente lo que tú querías, no utilices ese poder para transformarlo. Porque, aunque lo conseguirías, le harías mucho daño y vuestra relación acabaría siendo muy tóxica.

Si quieres profundizar en este tema, aquí te dejo una herramienta para ello. Y si quieres aprender más, ¡apúntate a mis escuelas de padres y madres!

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