Me alegro de no haber sido tan buena

Mi niñez no fue feliz. Tampoco desgraciada. Tengo excelentes recuerdos de ella a la vez que otros muy desagradables.

Quienes hemos hecho un trabajo personal, solemos desmontar el mito de la infancia feliz. Aunque a veces, demasiado.

De niños, pasan muchas cosas que no logramos gestionar.

De niños, pasan muchas cosas que no logramos gestionar.

Tomo como referencia esa época para muchísimas cosas. Tengo en cuenta lo que me hacía feliz y lo reproduzco ahora de mayor: encender la chimenea, pisar la nieve, pasar alguna tarde jugando a las cartas o a juegos de mesa, vivir en el sitio en el que más disfruté aquellos años…

A mí jugar a cartas en verano es una cosa que me encantaba...

A mí jugar a cartas en verano es una cosa que me encantaba…

Pero cuando comencé a recordar todo el dolor de esa etapa, quizá se me quedó la sensación de haber sido un poco víctima.

“¿Y qué le pasaría?”, puedes estar pensando… Pues lo típico que te pasa cuando eres niñ@: que no entiendes cosas, que en algún momento te sientes rechazad@, que tienes miedos, que eres el objetivo de abusones, que tus padres son demasiado estrictos, que tus padres son demasiado laxos…

Desilusiones, pérdidas… Los mayores te etiquetan, te reprimen, te juzgan, te impiden ser tú mismo. Probablemente con su mejor intención, eh. Pero estas cosas pasan. Y cuando te haces consciente, lo gestionas (esto lleva su tiempo y su esfuerzo) y sanas un montón de cosas.

Entonces es cuando puedes vivir un presente feliz, más o menos. O al menos, más ligero.

Pues bien, el otro día, pasé la tarde jugando a las cartas con amigos de la infancia y empezamos a hablar de mi competitividad. Era competitiva de pequeña y lo sigo siendo (aunque ahora que sé por qué, lo soy un poco menos, o al menos, de forma más consciente).

Y una amiga contó que cuando éramos pequeñas, echábamos carreras, cómo no. Y ella cuenta que, en una de éstas, que ella me ganó, le sugerí que la siguiente vez, corriéramos de la mano.

Qué espabilada yo, ¿no? Vaya morro…

Yo no recordaba haber hecho eso, memoria selectiva, imagino.

Me sentí un poco mal, así que yo también había sido un poco abusona. O al menos no había tratado bien a mi amiga porque me quería aprovechar de su velocidad o ralentizarla con mi lentitud.

Cuando ella lo contaba, me sentí mal. Así que no he sido siempre la niña buena (y víctima) que recordaba…

Así que yo tuve malos en mi vida, pero también fui la mala de otros…

Y, bien gestionado, la culpa que sentí en ese momento se fue transformando en equilibrio, me sacudí de encima algo de victimismo del que siento, que no me viene nada bien en mi vida diaria.

Retomar la visión del pasado, añadir información y transformar lo que siento me ha sentado estupendamente. A esto también se le llama gestión emocional.

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