El mito de la lucha entre el corazón y la razón

Se usan muchas veces expresiones del tipo corazón versus razón para manifestar las luchas internas que tenemos, pero creo que no es adecuado entender la contradicción de nuestros anhelos de esta manera.

Tenemos la creencia de que el corazón dice una cosa y la mente nos dice otra. Pero el corazón realmente no dice nada. Lo dice todo la mente, aunque lo que sentimos lo podemos sentir en todo el cuerpo. Porque las emociones no son exclusivas del corazón. Esto ha sido más bien un constructo que ha romantizado las emociones para revestirlas de irracionalidad pero creo que ya es hora de cambiarle el significado y entender las emociones.

La inteligencia emocional sirve para entender al “corazón”.

La lucha está más bien definida entre lo que queremos y lo que debemos, pero ambas acciones parten de la mente. No hay que ver la mente como algo frío y calculador, podemos razonar teniendo en cuenta nuestras emociones. Mejor dicho, debemos razonar teniendo en cuenta nuestras emociones.

El pensamiento o la capacidad de razonar nos da una información y las emociones, que no es que provengan del corazón, sino que son reacciones complejas de todo el organismo, nos dan otra. Lo suyo es utilizar ambas informaciones para así actuar de una manera más inteligente.

Creer que la cabeza va por un lado y las emociones por otro y que solo hay que hacer caso a una o a otro es como si creyéramos que la vista va por un lado y el oído por otro. A nadie se lo ocurre decidir hacer caso a la vista o al oído por separado, ¿no? Se complementan. El gusto y el olfato van un poco de la mano, si pierdes el olfato, el retrogusto se pierde con él. Pues con la razón y la emoción pasa lo mismo.

La lucha que se da tiene más que ver, como decía, entre lo que queremos y lo que debemos. Muchas veces escucho frases como “haz lo que sientas” o “haz caso a tu corazón”. No me parecen buenos consejos en sí, ya que si tengo miedo y le hago caso al miedo, nunca haré eso que temo. Si mi corazón me dice que siga con esa pareja que no me trata bien, igual lo que esconde ese “corazón” es una baja autoestima y una gran falta de merecimiento de estar con alguien mejor.

La lucha es más nuestra que de nuestros órganos.

Ese tipo de frases nos pueden venir bien para acabar haciendo lo que nos dictan nuestras debilidades y quedarnos conformes con una decisión creyendo que “hemos sido fieles a nuestro corazón”.

Por otro lado, lo que entra dentro del concepto mente o cabeza son más los “debería”. Pero esos debería, puede ser que los creamos realmente y los hayamos decidido de manera consciente o que sean impuestos por la sociedad.

¿De dónde salen esos “debería”?

Por ejemplo, me puedo encontrar en una encrucijada laboral en la que tengo que decidir entre un trabajo y otro. Uno puede ser más estable y mejor remunerado pero no me gusta mucho. El otro puede ser menos seguro, puede tener menos prestigio, pero me gusta más. Hacerle caso a la mente sería valorar más el primero y hacerle caso al corazón sería elegir el segundo. Pero no tiene que ver con racionalidad o emocionalidad, sino con hacer lo que la sociedad valora más (con lo que crees, por ejemplo, que harías más felices a tus padres) o lo que tú quieres.

Todo el tiempo tenemos que tomar decisiones.

La toma de decisiones es algo con lo que nos enfrentamos casi todos los días de nuestra vida. Los pros y los contras salen de lo que sentimos y pensamos, pero también de nuestras creencias y de lo socialmente aceptado. Pero si no sabemos de dónde provienen nuestras razones, probablemente las decisiones que tomemos sean de mala calidad.

Si quieres saber más sobre este tema, te dejo aquí este ebook, una herramienta con la que podrás profundizar en tus razones.

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