No aceptes de tus hij@s un “no sé” como respuesta

Trabajo con críos todas las semanas y siempre se dan situaciones en las que uno hace algo que no debe como pegar un empujón a otro compañero o hacer algo cuando no tiene permiso para ello.

Cuando estas cosas suceden, suelo preguntarles por qué lo han hecho. ¿Y sabéis cuál es la respuesta que suelo recibir? Seguro que sí… Su respuesta más común es “no sé”. Creo que esto nos pasa a muchos educadores y a todos los padres y madres.

Y ante esa respuesta… Pues, ¿qué vas a hacer…?

Hoy os quiero contar las consecuencias de no hacer nada ante esas respuestas.

  • Cuando un niño dice no saber por qué ha hecho algo, está teniendo una conducta irresponsable porque no se está responsabilizando de algo que ha hecho. Muchas veces dicen eso, pero en el fondo no quieren decir el motivo real por las consecuencias que ello pueda tener.
  • Cuando dicen “no sé” como respuesta y eso no tiene consecuencias, aprenden a decirlo con mucha más frecuencia y a librarse de las consecuencias posiblemente negativas de esa conducta.
Tienes que ayudarles a encontrar la respuesta.

Tienes que ayudarles a encontrar la respuesta.

  • Por otro lado, si es verdad que no lo sabe, tiene un problema. ¿Por qué? Porque no saber por qué hacemos las cosas, da un poco de miedo y bastante inseguridad. Es, a fin de cuentas, no ser dueños de nuestros actos y no controlarnos. Y cuando siento que no soy quien decide cómo me comporto, no me sé poner objetivos porque no sé cómo voy a actuar para lograrlos. No sé cómo voy a reaccionar ante tal o cual cosa. No confío en mi comportamiento porque no sé a qué obedece.
  • Estamos educando en la falta de autocontrol.

Y entonces, ¿qué hacer?

  • Lo primero, volver a preguntar. “¿Cómo que no lo sabes? Tienes que saberlo, ¡que no eres un robot! Piénsalo un poco. ¿Qué querías conseguir? ¿No sabías que eso le podía molestar a la otra persona? ¿No has oído que no te he dado permiso para hacer eso que me has pedido?” Con las preguntas les ayudamos a que encuentren la respuesta, a que se conozcan, a que miren para dentro y sepan el porqué de sus conductas.
Hay que ayudarles a tirar de su ovillo.

Hay que ayudarles a tirar de su ovillo.

  • Cuando hacemos esto, les invitamos a explorar internamente, a la introspección y al autocontrol. No puedo controlar algo que no sé qué lo provoca.
  • Hacerles estas preguntas supone darles herramientas para que ellos las utilicen consigo mismos en su lenguaje interno. Son instrumentos para enseñarles a reflexionar sobre su conducta.
  • Cuando a mí me pasa y aún haciéndoles estas preguntas no me contestan, los dejo un poco tranquilos mientras reflexionan, dejan de hacer la actividad que estén haciendo y les digo que cuando lo sepan, me lo digan. Suelo preguntarles cada pocos minutos si lo saben ya. Les recuerdo que en cuanto me lo digan, podrán volver a la actividad. Les sugiero posibles respuestas cuando creo que sé el por qué. Porque es verdad que a veces no lo saben, pero es bueno ayudarles a que lo descubran.
  • A veces te dicen “porque no me he podido aguantar”. Y está muy bien que descubran que hay cosas que les cuesta más no hacer, como coger un globo que está cerca de ellos o quitarle un juguete a otro niño. Pero si no les hacemos reflexionar sobre ello, no podrán ponerle remedio. La respuesta no supone una justificación, pero sí una información muy válida para ellos.

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2 comentarios

  1. Hola Pilar
    Muy interesante lo que dices.
    Yo utilizo la pregunta ¿ qué ha pasado? No ¿que has hecho? La segunda para mi implica culpa y prefiero que describan lo que pasó sin sentirse culpables.
    Después les hago cambiar el rol de cada uno para que reconozcan cómo se siente cada uno de ellos siendo el otro.
    Finalmente, les pido que busquen una solución en la que los dos estén conformes.
    Este proceso es cansador porque no basta con hacerlo una vez. Pero es la única manera en la que pueden aprender habilidades emocionales y sociales.
    ¡Un abrazo!

    • Bueno, yo me centro en el “por qué” más que en el acto en sí. Sabemos que culpa y responsabilidad son palabras con significados parecidos pero muy diferentes y la diferencia está en el la intención que se tiene. Con culpa, la intención es enfocarse en el pasado, en la irreversibilidad del acto y en el castigo. Con responsabilidad, yo me enfoco en el poder que tenemos sobre nuestros actos, en la posibilidad de escoger no repetirlos en el futuro y por tanto, en tener la libertad de escoger unas consecuencias u otras. No obstante, en el post no hablo de resolver conflictos entre dos o más niños, sino en la responsabilidad sobre sus actos en general tales como agredir a alguien o hacer algo para lo que no se les ha dado permiso explícitamente. Muchas gracias por tu comentario, seguro que hay más personas a las que les sirve y se sienten identificadas con lo que compartes.

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