Mi mente es como una reunión de vecinos

Me estoy leyendo “Las gafas de la felicidad” de Rafael Santandreu. La verdad es que me encanta el enfoque que le da a la psicología este hombre. De hecho lo comparto en mi forma de trabajar.

Nada es verdad ni mentira...

Nada es verdad ni mentira…

Siempre digo que mi mayor descubrimiento fue el día que me di cuenta de que yo escogía mi propia visión de la realidad. Ese día fui libre y ya es imposible que eso cambie. En mi mente mando yo. Aunque no es fácil.

Todos tenemos esta libertad.

Todos tenemos esta libertad.

Mi mente es como un patio de colegio en donde hay multitud de personas, de niños, de adultos, de jefes, de padres, de profesores, de adolescentes, de policías, jueces, abogados… Y todos hablan. Todos me dan su visión de la realidad. Algunos hacen que con esa visión yo me sienta mejor, otros hacen que me sienta peor…

Pero, ¿quiénes son exactamente? ¿Quién los ha metido allí? ¿Puedo echar a los que me amargan la vida?

Voy por pasos. Son partes de mi personalidad.

Más o menos es una cosa así.

Más o menos es una cosa así.

Están ahí porque forman parte de mí, de mi temperamento, de mi experiencia, de mi educación, de mi cultura y de mis creencias.

Son diferentes Pilares: la criticona, la acomplejada, la niña, la inocente, la muerta de miedo, la rebelde, la enfadada, la sensata, la aventurera, la tradicional, la monja, la punky, la austera, la machista, la feminista, la fuerte, la impulsiva, la prudente, la soberbia, la conciliadora, la irresponsable, la disciplinada, la desordenada, la previsora, la angustiada… Y muchísimas más.

Y todas hablan. Unas más, otras menos… Todas tienen algo que decir. Pero esto es como en una reunión de vecinos. A unos se les escucha más que a otros. Unos gritan más que otros. Pero todos tienen algo que decir y toda esa información es válida. Lo que pasa es que con todo el follón, no se acaban expresando todos.

Pues en mi mente es igual. Aunque a mí me gustaría que tuvieran la voz cantante la sensata, la valiente, la madura, la confiada, la optimista y la segura de sí misma, las que suelen mandar son la miedosa, la culpable, la que cree no merecerse estar tranquila y la manipuladora.

¿Por qué pasa esto? Por costumbre lo primero. Las segundas tienen más fuerza que las primeras, aunque eso se cambia con entrenamiento. Fortalecer las primeras es cuestión de subirles el volumen y escuchar lo que nos quieren decir.

Pero también pasa porque las segundas, si hablan, no es por hablar. Es porque tienen algo importante que decirnos. ¿Qué me quiere decir la miedosa? Que necesito protección. ¿Qué me quiere decir la culpable? Que necesito perdonarme. ¿Qué me quiere decir la que me dice que no me merezco lo que deseo? Que tengo que mejorar mi autoestima.

Hace un par de años llevé a cabo un curso de escritura terapéutica en que hacíamos un ejercicio de este tipo, preguntándole a cada una de esas partes de nuestra personalidad qué necesitaban. Y la verdad es que la información que obtenían las alumnas era muy valiosa. Y lo mejor era que una vez que le dabas a esa parte “poco agradable” lo que necesitaba, se atenuaba muchísimo y dejaba luego el protagonismo a las partes más proactivas y constructivas. Me encantó aquel curso y estaría encantada de repetirlo.

Programa del curso "¡Créate!" que me encantaría repetir.

Programa del curso “¡Créate!” que me encantaría repetir.

Os recomiendo que sigáis a Santandreu. Leer sus cosas y sentirse mejor, es todo uno. A mí me está ayudando a veme por dentro y a poner un poco de orden en el jaleo que es a veces mi cabeza.

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