No se puede llevar a cabo la educación del@s niñ@s sin aplicar consecuencias

Las consecuencias, que no tienen demasiada buena fama hoy en día en la educación, son una herramienta facilitadora de la educación.

Para mí, educar es preparar para vida. Y en la vida, nuestros comportamientos suelen tener consecuencias. Si te saltas un radar, casi seguro te llegará una multa. Por otro lado, si no cometes ninguna infracción, al tiempo te regalan puntos para el carnet. Si estudias para un examen, tienes muchas posibilidades de aprobar. Si mientes a tus amigos, tienes muchas posibilidades de quedarte sin ellos.

Lo que pasa es que aplicar consecuencias tiene mala prensa. Suena  a castigar. Y castigar suena a dar latigazos o ser cruel con l@s niñ@s. Pero eso es consecuencia del tipo de educación que hoy en día está de moda: la hiperpaternidad, la sobreprotección, enaltecer la figura del niño como si fuera frágil…

Las consecuencias no van de esto.

Cambiemos la palabra castigo y premio por consecuencias positivas y negativas. No es solo un cambio de nomenclatura, sino que engloba otras muchas características como podéis leer en este post.

Muchos valores se aprenden gracias a las consecuencias que aplicamos. Valorar, agradecer, responsabilizarse… No se aprenden por decirles que deben valorar las cosas, ser agradecid@s o ser responsables.

Las consecuencias deben ser de los dos tipos: positivas y negativas. Las primeras son para reforzar conductas que queremos que aparezcan y las negativas, para eliminar esas conductas. Y por si se os ocurre que eso es chantajear a l@s niñ@s, en el post Aplicar consecuencias no es chantaje.

Lo que sí es chantaje es lo que hacemos cuando nos tomamos como personal cosas que hacen. Aprobar o suspender. Pegar a un compañero. Responder al profesor. Repetir curso.

Muchas veces nos enfadamos por su “mal” comportamiento porque creemos que es necesario enfadarnos para que comprendan que han hecho algo mal. Pero el enfado es una emoción que nos transmite que algo que ha sucedido es injusto. Algo que nos han hecho. Pero cuando suspenden no nos hacen nada. Cuando pegan a otro niño, no te están haciendo nada a ti. No hace falta enfadarse para transmitir que algo está mal hecho. Se puede utilizar un tono de seriedad y de paso no perdemos el control de la situación.

Además, muchas veces soltamos una regañina y con eso creemos que es suficiente. Las regañinas deterioran la relación y no enseñan. Si aplicas consecuencias democráticas con firmeza, pero tu relación con tu hij@ no varía, todo estará mejor. El afecto nunca puede ser una consecuencia de un comportamiento, sea bueno o malo. De esta manera es como se transmite amor incondicional, porque cuando te enfadas con ell@s, lo que sientes es que durante ese rato no les quieres.

Padre alterado = niño alterado.

Te puedes enfadar si te dan una patada o tiran tu móvil intencionadamente al váter, pero con las cosas que no “te hacen a ti”, lo mejor es aplicar consecuencias.

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