Y a ti, ¿te gustaría tener un hijo como tú?

Es decir… ¿Te gusta en la persona en la que te has convertido?

Hace unas semanas escribí un post titulado “¿Te gustaría tener unos padres como tú?” basado en el discurso del ganador del Goya, Jesús Vidal. Como ya comenté entonces, me dejaron muy impactada las frases de este actor.

El discurso de Jesús Vidal.

Y como todo lo que me impacta, aprovecho para reflexionarlo y contarlo.

Cuando nos ponemos a pensar en hijos, aunque no los tengamos, muchas veces nos podemos poner a fantasear sobre cómo serían o cómo nos gustaría que fuera tener esa experiencia.

Ponernos a pensar en si nos gustaría tener unos hijos como nosotros de alguna manera nos enfrenta con el tipo de persona en la que nos hemos convertido.

No les voy a preguntar a mis padres si están contentos con la hija que soy, eso es cosa suya. Pero a mí sí me gusta la persona que soy.

¿Podría mejorar? Cada día, en todos los aspectos, hasta el día que me muera. ¿Pero estoy a gusto con lo que soy? Casi todo el rato.

Hay momentos en los que no… Cada vez que le doy el megáfono a la criticona de mi cabeza, a la perfeccionista, a la arrepentida, a la que no me acepta, a la que idealiza la vida de los demás y desprecia la mía, a la que me dice lo que todavía no he conseguido o a la que me machaca por ser demasiado vehemente. Pero intento quitárselo rápido y dárselo a la maja, a la comprensiva, a la que me dice que ya mejoraré, a la que me dice que, de hecho, ya he mejorado un poquito con respecto a la otra vez.

Y a veces, pocas, consigo que más que un megáfono, las buenas de mi cabeza hagan una manifestación y coreen mi nombre agradeciéndome la de cosas buenas que hago por mí. Como por ejemplo, el otro día que estuve en el parque grande de Zaragoza y recordé varios momentos de mi vida que viví allí. La visita a la casa ansotana. Las excursiones en EGB al jardín botánico. Las tardes de adolescencia conquistando la libertad en la cuidad. Las prácticas que hice de la carrera en Rincón de Goya…

Y un montonazo de años después, me digo a mí misma, ¿te imaginas que en todas esas ocasiones alguien del futuro te hubiera dicho que ibas a estar viviendo en Ansó y trabajando de algo súper guay? ¿A que hubiera sido una pasada? Y pienso que sí. Pero es que lo bueno, es que todo eso lo he hecho yo por mí. Entonces me entra un subidón… Y pienso que si mi presente es el futuro de aquella Pilar, el futuro de la Pilar del presente puede que sea muy guay también. Entonces en mi cabeza hay un buen rollo tremendo.

Y ya no sé si soy la hija que me gustaría tener o la adulta con la que soñaba mi niña pequeña, pero que estoy donde quiero estar haciendo lo que quiero hacer, eso sí lo tengo claro.

Creo que el día que nos vayamos a morir tendremos que rendirnos cuentas. Y será muy desagradable no habernos sido fieles. Así que no esperes a ese momento y hazlo ya. Revisa tu vida, revisa tus actos y mira a ver si son los que quieres de verdad.

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