¿Ves como iba a salir bien?

Recuerda un periodo en tu vida de incertidumbre. En el trabajo, en la pareja, en los estudios, en tu salud, en lo que sea, que luego se haya resuelto satisfactoriamente para ti.

¿Recuerdas, una vez resuelta la situación, la sensación de alivio? Seguro que sí. A mí me vienen a la cabeza cuando me saqué el carnet de conducir, cuando aprobé el master tras llevar a cabo una investigación que no dio ni un dato significativo, cuando dudaba de mi aventura de venirme a vivir a Ansó y trabajar la inteligencia emocional… Entre otras muchas cosas.

Pues quizás te pase lo que a mí. Tras el alivio, he sentido una emoción que no tengo muy claro cuál es. Se parece mucho al “¿ves como iba a salir bien?”. Es quizá un tipo de reproche a mí misma por no haber confiado en mí, en mi trabajo, en la vida, en el universo… Porque precisamente lo que no abundaba en mi interior era la confianza de poder obtener ese logro o de acabar con esa incertidumbre. Sí quizá al principio, pero mantener la confianza durante todo el proceso, cuesta. Y la falta de confianza se plasma en un diálogo interno negativo, menospreciador, que te mete miedo y te desanima.

Pero es que, claro, nos da tanto miedo pegarnos el tortazo… Y además no solo eso, sino que nos vemos como la tonta lechera que se va haciendo tontas ilusiones y antes de empezar, ya se le ha caído el imperio entero. Por eso, la negatividad tiene su utilidad.

Volviendo al momentazo de subidón en el que consigues lo que querías por fin, yo me digo a mí misma “qué ganas tengo de que la vida me vuelva a poner a prueba porque ahora que sé que está de mi lado, nunca más volveré a dudar ni de mí, ni de ella”. Tengo clarísimo que tengo que apoyarme más a mí misma, que tengo que tratarme mejor sin meterme tantos miedos, que debo ser más positiva y que debo focalizarme solo en lo positivo.

Pero… Se me olvida… Y vuelvo a dudar cuando la vida me coloca de nuevo en una situación difícil. Ojalá pudiera meter en un tarro toda esa confianza que derrocho en ese momento y sazonarme con ella cuando lo necesito.

Es una idea un poco inmadura, además.

Pero eso no se puede. Aunque quizá, recordar todas y cada una de las situaciones desagradables que hemos sido capaces de superar, puede ser simbólicamente como abrir ese tarro.

¿Cuántas veces pensaste que no serías capaz de eso que finalmente conseguiste? ¿Quién te iba a decir cuando dudabas de ti, que acabarías estando tan bien como estás ahora? ¿Cuántos obstáculos te ha puesto la vida y has superado? Grandes, pequeños, medianos, seguro que son un montón.

Te equivocaste.

Se me ocurre también que incluso recordar las que no salieron bien y ver que pudimos superarlas. Puede ser otra manera de vacunarnos ante ese temido y desconocido desenlace. Que como os conté en este artículo, es peor pensarlo que pasarlo.

A veces queremos fórmulas mágicas imposibles y nos olvidamos de que podemos hacer magia con nuestra mente. Recordar, traer a la mente los objetivos logrados, visualizar esa emoción de alivio y logro, sentirse reconfortad@. Que la memoria puede ser muy traicionera y nos manipula a su antojo.

Pues en estas me encuentro yo ahora, que no escribo esto por casualidad. Así que me voy a aplicar el cuento. A ver si soy capaz de llegar hasta el final sin atemorizarme ni montarme películas de miedo y angustia. Ya os lo contaré.

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