¿Te has planteado alguna vez la relación que existe entre la pereza y la autoestima? Pues están bastante relacionadas.
Ayer estaba yo viendo una peli en el sillón y empecé a notarme la boca seca. Tenía sed. Pero no tenía ninguna infusión preparada.

Parece que el sofá tienen brazos invisibles que te atrapan.
Yo antes apenas bebía líquidos durante el día, y eso solía causarme cistitis e infecciones de orina. Si no las habéis vivido, son bastante molestas incluso dolorosas.
Así que desde que supe la relación que tenían, me he acostumbrado a beber mucha más agua e infusiones durante el día.
Y ahí estaba yo, con sed y sin levantar el culo para pegarme un buen trago de té.
Y yo pensando “Ay que estoy muy bien aquí acurrucada. Me encantaría beberme una infusión ahora mismo pero tengo destaparme, ir hasta la cocina, llenar el hervidor de agua, buscar alguna hierba, meterla en la bolita, esperar a que el agua hierva… Con el frío que hace en la cocina… Y lo bien que estoy aquí…”.
Y así iba pasando el rato. Y yo con la boca cada vez más seca…
¡Con lo rápido realmente que podía hacerlo todo! Pero como mi mente, manipulada por la comodidad de mi cuerpo, me convencía de que no lo hiciera, pues ahí que estaba. Sin hacer nada.
¿Pero qué pasa? ¿Por qué no me cuido? ¿Por qué no me proporciono lo que necesito? ¡Pereza, sal de mí! En el post “Si sé que es bueno para mí, ¿por qué no lo hago?” que escribí en marzo, también hablo un poco de esto.
Como os he comentado en alguna ocasión, para mí la autoestima se basa en cómo te tratas. Y precisamente la pereza, no nos invita a tratarnos bien, como os he contado en este ejemplo.
Así que podríamos decir que la pereza es un síntoma de baja autoestima.
Lo mismo pasa con la procrastinación que es el hábito de dejar para mañana lo que podrías hacer hoy. Pero que además va acompañado de no disfrutar de lo que ante pones al esfuerzo. ¿Por qué? Porque estás pensando en que deberías estar haciendo lo que no estás haciendo.
Cuando tienes que hacer algo, cuanto antes lo hagas, mejor. Un trabajo, hacerte una infusión o ir a hacer un recado. Dejarlo para más tarde es algo que no te va a aportar nada positivo. Si lo haces y te lo quitas de encima, lo tachas de la lista. Y una cosa menos.

Cualquiera se agobia con tanta tarea pendiente.
¡Lo bien que sienta tachar cosas! Si pensáramos que cada una de esas tareas pendientes supone acabar cuanto antes con el martirio de “tengo que hacer esto”, “a ver cundo me pongo con lo otro”, “un día de estos lo acabo”, no dudaríamos en hacerlo.
Ahora que ya lo sabéis, espero que os cueste menos vencer la comodidad del cuerpo y hacer lo que sea que tengáis/queráis hacer.



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