Metidas de pata y logros a partes iguales

Últimamente me siento bastante orgullosa de cómo he gestionado algunas situaciones. Aunque también he metido la pata en otras… Y en ambos casos, el quid de la cuestión está en lo que he dicho.

Dicen que por la boca muere el pez... ¿o vive?

Dicen que por la boca muere el pez… ¿o vive?

De pequeña debía meter la pata un montón. Escuchaba muchas cosas en casa y luego las soltaba en el momento menos adecuado, como por ejemplo en las situaciones más inoportunas. Me decían muchas veces “lenguatuda”. Aunque en el diccionario no aparece, debe ser algo típico de Aragón o quizá más local, del Pirineo o simplemente de Ansó.

Pues me sigue perdiendo lo mismo. Creo que he ido ganando con el tiempo algo de prudencia, sé guardar secretos (a nivel profesional soy una tumba) pero a veces no tengo en cuenta a quien tengo delante y me dejo en evidencia.

También creo que dentro de la espontaneidad entra la posibilidad de meter la pata y aunque intento compatibilizar aquella con la prudencia, no siempre lo consigo.

Y qué mal me sienta meter la pata… Aunque nos pase a todos y visto desde fuera no sea para tanto… Luego dejo de darle vueltas y ya está, pero durante un rato lo pienso, lo repienso, busco excusas, lo asumo, me responsabilizo y sólo rezo para que la próxima vez piense un poco más antes de hablar y no repita el numerito.

Y si pienso esto, ya cierro el proceso estupendamente.

Y si pienso esto, ya cierro el proceso estupendamente.

Pero volviendo a la buena gestión que he hecho, os cuento mis logros.

Hace tiempo que estaba evitando a una gente. Son personas que conocí hace mucho tiempo, con quienes la relación se deterioró y cuando ha surgido el reencuentro, lo he esquivado. Y justo esta semana, surgió el encontronazo y fui de cabeza. Saludé con naturalidad. Agarré el toro por los cuernos y me sentí mucho mejor.

También estoy contenta porque asisto a unas clases en las que se estaba creando una dinámica que no me gustaba y me pareció oportuno comentarlo en el grupo. Muchas veces pienso algo pero no me atrevo a decirlo y me va rondando, y me voy calentando, y cada vez más… Pero en esta ocasión, no. Así que contenta por ello.

En el ámbito profesional he tenido la posibilidad de expresar mis ideas contrarias a mi interlocutor. Y no precisamente en una situación de igualdad, me podía jugar mucho haciéndolo y sin embargo no me he querido callar. Y me ha dado igual.

Y no se me olvida otra situación en la que una amiga pretendía que yo hiciera una cosa a través de la manipulación y enrevesando las cosas… “Te cuento una cosa pero no se lo cuentes a nadie.” Hombre, pues no te lo puedo asegurar hasta que no sepa lo que es… Tendrás que correr el riesgo… Tengo que poder escoger. Y si no, no me lo cuentes.

Nunca viene mal recordar nuestros derechos.

Nunca viene mal recordar nuestros derechos.

Me he callado tanto en esta vida… Me han dado tanto miedo las reacciones de los demás… Me he dejado influir tanto por los que van “pisando fuerte” en este mundo… Que he dicho “hasta aquí”. Y oye, que cada vez me vengo arriba con mayor facilidad. Cada vez es más fácil. Cuestión de entrenamiento.

No me gusta nada sentirme así.

No me gusta nada sentirme así.

Es como… A ver qué pasa si suelto lo que pienso más a menudo… Tengo una amiga que lo hace y creo que duerme muy bien por las noches, así que voy a seguir un poco su ejemplo.

(Cómo me gustaría contar con pelos y señales los detalles de mis meteduras de pata y mis logros asertivos para que me entendiérais mejor pero… Imagino que aún no he encontrado el punto medio entre expresar y callar…)

 

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