Sobre la “oferta” de trabajo que me hicieron hace algunos días

El otro día me llamaron para ofrecerme un puesto de trabajo. La empresa en cuestión era del ámbito de la inteligencia emocional.

Hacía unas semanas yo había manifestado interés por otra oferta de empleo de esa misma empresa. Al ver de qué se trataba, no rellené el cuestionario que pedían, no me encajaba.

Cuando la semana pasada volvieron a enviarme un correo electrónico para ofrecerme otro trabajo, vi de qué iba, pero tampoco me interesó. Básicamente porque la estructura de ambas ofertas exigía que yo me adaptara demasiado a lo que pedían.

Esa misma tarde se pusieron en contacto conmigo vía telefónica para hablarme de ese puesto de trabajo. Me explicaron que debía hacer una formación para desempeñarlo. El precio de esta formación era de 800 euros a 200 kilómetros de mi lugar de residencia.

También me hablaron de lo importante que era el compromiso que yo tenía que adquirir con ellos. Me insistieron en que no podía dejarles “colgados”. Incluso me garantizaron que trabajaría tras esta formación y sus correspondientes prácticas remuneradas (adjetivo en el que hicieron hincapié).

Educadamente decliné la oferta. Insistieron. Argumenté que no me interesaba ahora mismo ese tipo de formación. Insistieron en las pocas plazas que quedaban y en la duda de cuándo volvería a darse una oportunidad como ésta. Repetí mi argumento. Finalmente respetaron mi decisión.

Durante toda la explicación que me estaba dando mi interlocutor, yo no daba crédito. Que una empresa que difunde la importancia de la inteligencia emocional, utilice estas tretas manipuladoras… ¡dice mucho de su enfoque!

Me estaban “ofreciendo” un puesto de trabajo en el que no había manifestado el menor interés.

Daban por hecho que no tenía la formación necesaria para desempeñarlo.

Partían de que eso me tenía que interesar, en ningún momento me preguntaron cuál era mi situación, si buscaba trabajo o no…

Yo tenía que poner de mi bolsillo una cantidad de dinero bastante significativa y además hacer el esfuerzo de desplazarme en cuatro ocasiones para ello.

Me exigían compromiso.

No me dieron información sobre el puesto de trabajo. Ni sobre lo que iba a cobrar. O con las personas que iba a trabajar.

La falta de información es la gran herramienta de la manipulación.

Pude sentirme ofendida y responder agresivamente, ya que hubo una parte de mí a la que le dieron ganas de hacerlo. Era mi ego herido por semejante despropósito.

Pero elegí ser asertiva. Su forma de tratarme no me define. Que me traten con poco respeto no significa que yo no sea digna de respeto. No significa tampoco que tenga que tratarles igual. Cuando alguien te da un regalo, tú decides si tomarlo o no.

El cuento del samurai.

El cuento del samurai.

Además, nunca se sabe y el mundo es un pañuelo.

Rechacé su petición sin mentir. “En estos momentos no me planteo formarme en este tema.” Insistieron. Técnica del disco rallado: repito mi argumento.

Podría haber dado rienda suelta a la “ofensa” que había sentido, pero tras valorarlo rápidamente, vi que no me compensaba. No era adaptativo.

Me alegro de haberme comportado de esta manera, aunque creo que no hubiera estado mal decir lo que realmente pienso. Tengo la suerte de poder hacerlo a través de este post, que no es poco.

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