No me gusta ir con prisas, pero me cuesta cambiarlo

Hace tiempo que quiero contaros un descubrimiento que he hecho, pero no he tenido tiempo. De tiempo va la cosa.

¿Recordáis el post en el que hablaba de que para cambiar las costumbres primero hay que cambiar las creencias? Pues hoy os cuento cómo estoy gestionando algo que me pasa muy a menudo y me estresa.

No me gusta ir con prisas, pero suelo hacerlo. Y eso no es bueno para mí, porque me estreso a mí misma. Pero me pasa. He intentado remediarlo con planificación, pero muchas veces no era suficiente.

Por ejemplo, si tengo que estar en tal sitio a una hora, pues calculo lo que me va a costar llegar, si tengo que repostar, lo que me va a llevar estar lista y alguna cosa más. Más o menos sé el tiempo que me lleva cada una de esas cosas, pero no sé cómo, siempre llegaba por los pelos.

Me siento como el conejo del Alicia en el país de las maravillas.

Me siento como el conejo del Alicia en el país de las maravillas.

Es decir, el problema no es la puntualidad, porque no suelo llegar tarde, sino lo mal que lo paso yendo aprisa y corriendo y pensando que no voy a llegar.

¿Solución? La tenía clara: empezar a prepararme un cuarto de hora antes. Pero no… No lo hacía. Porque no me convencía. En mi diálogo interno yo me decía “venga Pilar, empieza a ponerte en marcha ya, que luego te lo agradecerás”. Pero Pilar no se movía. Y me preguntaba que por qué. Pero obtenía pocas respuestas o ninguna.

No tenía credibilidad para mí.

No tenía credibilidad para mí.

Hasta que un día me di cuenta de que tengo varias creencias que me impedían cambiar esa costumbre. Son las siguientes:

  • Es importantísimo aprovechar el tiempo.
  • Si salgo con tiempo quizá llegue demasiado pronto y lo voy a considerar una pérdida de tiempo.
  • Siempre me da tiempo de hacer alguna cosa más.
  • Esperar es una pérdida de tiempo.
  • Debo ser eficaz en mi gestión del tiempo y exprimirlo al máximo.

Además me he dado cuenta de que tengo expectativas poco realistas de las cosas que creo que me va a dar tiempo hacer. Siempre creo que me da tiempo de hacer algo más.

Así que con estos pensamientos, era muy difícil que cambiara esta costumbre.

Como siempre digo, el pensamiento es el cimiento de nuestra conducta y sin cambiarlo es muy difícil hacer una modificación de nuestro comportamiento.

Así funcionan las emociones.

Así funcionan las emociones.

De manera que en vez de esas creencias, estoy intentando instalar en mi día a día las siguientes:

  • Aprovechar el tiempo está bien, pero no a costa de vivir estresada.
  • Si llego antes de tiempo a un sitio siempre puedo aprovechar ese tiempo revisando el correo o contestando algún whatsapp.
  • Hacer alguna cosa más de las previstas puede desmoronarme el plan que tenía, así que mejor me ciño al plan.
  • Esperar es una ocasión para relajarme, meditar, observar mi alrededor…
  • Me gusta ser eficaz en mi gestión del tiempo pero tratar de hacer demasiadas cosas no es eficiente.

Y por último, hay una cuestión de suma importancia que es el trato que me doy. Merezco ir con calma por la vida y no con una voz que me dice todo el rato “venga, venga, VENGAAAAA”. Así que entre cambio de creencias, tener unas expectativas más realistas y mejorando nuestro autotrato (autoestima) creo que lo de cambiar hábitos como éste, puede ser más asequible.

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