A tu hij@ le van a pasar cosas malas

Siento ser yo quien te lo diga, pero es así.

¿Cómo te quedas cuando lees esto? ¿Qué emociones sientes? ¿Miedo? ¿Preocupación? ¿Pena? ¿Culpa? ¿Malestar? ¿Te caigo peor ahora?

Las emociones que te generen este pensamiento es importante gestionarlas adecuadamente. En este artículo que escribí para el Heraldo Escolar, os cuento más.

Pero vuelvo a la frase del título. Seguro que quieres que tus hij@s sean felices y todas esas cosas, pero no puedes obviar que les van a pasar cosas desagradables. Una pregunta: ¿te sientes igual cuando piensas en “cosas malas” que cuando piensas en “cosas desagradables”? Probablemente no… Algo malo suele sonar peor que algo desagradable, como con más intensidad. Algo desagradable no es apetecible, pero parece que no es tan doloroso, ¿no?

Pues esto es lo primero que quiero que reflexiones. En función de cómo te cuentes las cosas, te sentirás de una manera u otra. Si piensas que es malo que hoy en el parque no quieran jugar con tu hij@ sentirás una emoción más aguda que si piensas que no es agradable. Y si piensas que la vida está plagada de este tipo de situaciones en las que se pueden aprender muchas cosas, hasta puede que lo veas como una oportunidad y no te sientas casi mal.

La vida es la historia que te estás contando.

Es decir, en función de cómo interpretemos la realidad, sentiremos unas cosas u otras.

Lo segundo, es que la vida de nadie es un camino de rosas. La de nadie. A nadie le pasan solo cosas buenas. Nadie está todo el tiempo disfrutando, sonriendo, feliz y pasándoselo bien. Nadie.

Pero cuando yo pregunto en una escuela de padres y madres cuál es el objetivo que tienen l@s asistentes con la educación de sus hij@s muchas veces la respuesta es “que sean felices”. También escribí otro artículo sobre este tema, aquí lo tenéis. Pero que sean felices en un futuro no es algo que se consiga haciéndolos felices en el presente. Tu labor no puede que ser sean felices todo el tiempo o que lo parezcan. Hay muchas situaciones en las que puede que no nos parezcan felices, pero son necesarias para una felicidad posterior.

Cuando se frustran, cuando sienten dolor, cuando se desilusionan, cuando se caen, cundo se sienten rechazad@s… En ese momento pueden no parecer felices, pero es que la felicidad no es algo tan vistoso y superficial. La felicidad se construye con las cosas que de forma natural te van pasando y cómo las vas procesando. Porque la felicidad no es estar content@ o no tener problemas, es lo que haces con las cosas que te pasan para solventarlas de la mejor manera e interpretarlas de la forma más constructiva posible. Y esto es algo que se entrena, día a día.

La frustración, bien gestionada y tolerada, nos acerca mucho a la felicidad.

Aquí es donde quiero llegar yo ahora. Si nos quedamos con la idea de que la felicidad es la satisfacción de l@s niñ@s, trataremos de satisfacerles todo el tiempo y estaremos errando. Por el contrario, si entendemos que a l@s niñ@s les va a pasar de todo en la vida, como lo que nos ha pasado a cualquiera de nosotr@s, trataremos de prepararles para ello.

Uno de los grandes objetivos que tiene para mí la educación es preparar para la vida. ¿Y cómo se hace eso? No interviniendo tanto en la vida l@s niñ@s, dejando que vivan las consecuencias de sus actos. Es decir, NO SOBREPROTEGIENDO.

Viendo esas consecuencias no tanto como cosas malas, sino como la propia vida. No juzgando lo que sucede, sino tratándolo de ver con ecuanimidad. Consolándoles cuando algo les duela, escuchándoles cuando se sientan mal, pero no evitando que sientan esas emociones.

Porque si lo hacemos, nunca aprenderán a gestionarlas y entonces, seguro que nunca serán felices.

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