¿Sabes cómo se acepta la realidad?

Quienes asistís a mis cursos sabéis que soy puñetera cuando me pongo a hacer preguntitas. Sobre todo las que son del tipo… ¿cómo se hace eso de quererse? ¿Qué hacer para aceptarnos? ¿Cómo se practica el carpe diem? Pues en este artículo voy a dar respuestas.

No es que no las dé en mis clases, hago preguntas pero también doy respuestas. Pero no siempre se nos quedan registradas estas respuestas y son muy importantes. ¿Por qué? Porque tenemos tanto hábito de vivir en el pasado y en el futuro, que por inercia, aunque sepamos lo que no hay que hacer, lo hacemos.

Hoy voy a hablar de la aceptación. De las cosas que suceden, de la aceptación de nosotr@s mism@s… De la aceptación en general. La aceptación es un acto mental de madurez, de tolerancia a la frustración. Y tiene mucho que ver también con las expectativas que nos creamos sobre la vida. Como no es la primera vez que escribo sobre esto, aquí os dejo el enlace de aquellas vacaciones llenas de expectativas fallidas…

Es un acto mental, es una forma de pensar. Y pensamos con lenguaje. ¿Qué pensamientos son de no aceptación? Los siguientes:

  • Las cosas podrían ser diferentes.
  • Yo podría ser diferente.
  • Si tuviera…
  • Si hubiera…
  • ¿Por qué no son las cosas de otra manera?
  • No es justo que las cosas sean así…
  • Me gustaría que las cosas fueran como antes.
  • Desearía que esto no hubiera sucedido.

En muchas ocasiones utilizamos un lenguaje que no está en presente. El condicional y el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo nos despegan del presente y por lo tanto de la aceptación. Asumir la realidad, aceptar lo que está pasando, centrarse en el presente, son actos que nos sitúan ante la posibilidad de actuar, de solventar lo que quiera que suceda o simplemente de vivir lo que sí está ocurriendo.

Podemos decidir nuestro diálogo interno.

Este lenguaje se puede sustituir por otro que nos enfoca a aceptar. Por ejemplo:

  • Las cosas son como son, quizá puedo hacer algo para que mejoren, pero ahora son así como resultado de un pasado.
  • Yo soy como soy. Hay cosas en mí estupendas y otras no tanto. Puedo apreciar las buenas y tratar de cambiar en la medida de lo posible las malas. Y las que no pueda cambiar, tendré que aceptarlas, porque es lo que hay.
  • Tengo lo que tengo. Si quiero conseguir algo más, trazo un plan y trato de ir a por él. Con lo que tengo, pienso qué hacer. Pensar en qué haría si tuviera no sé qué, no sirve para nada.
  • Para el si hubiera, os remito directamente a este artículo que escribí hace un tiempo.
  • Preguntarnos el porqué de las cosas no nos dirige hacia una solución inmediata. Está bien reflexionar sobre las causas de algo pero muchas veces la intención de la pregunta está más en la queja y el victimismo que en comprender la situación.
  • La vida no es justa. La vida ocurre. El tono victimista también se intuye en esta frase.
  • Las cosas eran antes de una manera y ahora son de otra. Normalmente tendemos a ver el pasado en plan “cualquier tiempo pasado fue mejor” y este enfoque es tóxico. Muchas veces no valoramos el presente pero cuando lo percibimos irrecuperable, lo idealizamos. Mal, idealizar mal.
  • Lo que deseemos… Importa poco. Ha pasado así que hay que actuar. Puedo pensar en qué hacer para evitar que vuelva a suceder, pero enfocado al futuro, no al pasado.

Así que cuanto te pilles con pensamientos como los primeros, aquí te dejo unos cuantos para ayudarte a tener una visión más madura de la situación.

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