Tengo miedo.

Mucho miedo. Tanto, que en ocasiones estoy absolutamente bloqueada. Miedo a que me reprendan por algo que he hecho. Y siento mucha culpa. Y creo que merezco un castigo. Porque pienso que tomé malas decisiones.

Hoy me voy a hacer terapia a pecho descubierto. Y no es un simulacro, tengo miedo de verdad.

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Septiembre de 1987. Un primer día de colegio.

Rear view of class raising hands

Yo recuerdo especialmente dos, pero con el que os voy a contar hoy, me invade un desasosiego que no veas… 6 años, 1º de EGB, colegio nuevo y entrando unos días tarde… Yo me había pegado tres meses en Ansó, mi pueblo, haciendo vida silvestre y bucólica y de repente había vuelto a la gran ciudad, a vivir en un piso, de un tremendo bloque, con tremendos rellanos. Una de mis hermanas mayores ya iba a ese colegio, por lo menos fui con ella en el autobús… Pero eso no impidió que me mareara y antes de llegar al cole vomitara encima de mi chaquetita y vestidito monísimos. Así que me cambiaron la chaqueta por otra de objetos perdidos. Luego, me enteré de que había Gimnasia, como se le llamaba antes, gracias a una compañera que burlonamente se reía de mi vestimenta poco apropiada. También me enfrenté a la primera clase de Inglés, yo había ido a una academia pero aquí me llevaban una ventaja que no ayudó a mejorar el día. Al llegar una semana tarde, los grupitos ya estaban hechos y el recreo gigantesco plagado de chavales y balones a esquivar era para mí una jungla poco amable. Y por último, a la hora de volver a casa, a mi hermana ya se le había olvidado que yo había empezado aquel día en ese cole, y no cayó en decirme cuál de los seis autobuses que había en el parking tenía que coger para llegar a casa. Lloré desconsoladamente (una vez más) hasta que me vio desde su asiento y vino a por mí. Han pasado 28 años. Y entre risas y drama lo recuerdo. Pero las risas se las he añadido ahora.

Comenzar el curso, cambiar de rutina, entrar en el instituto, empezar en un centro nuevo, volver a hacer el mismo curso rodeado de diferentes compañeros… pueden ser momentos un poco críticos en la vida de cualquiera, y más si es un niño o un adolescente. Es un buen momento para prestarles especial atención, pero no desde el paternalismo o la sobreprotección. Si como adultos ya nos cuestan cambios como acabar las vacaciones y empezar a trabajar, imaginemos cuando se es pequeño y no se tienen recursos para gestionar adecuadamente estos momentos.

No significa que todos los chavales en edad escolar vayan a pasar un momento de desasosiego por volver al cole, no hay que hacer de esto un momento crítico generalizado. Es más, habrá críos que estén deseando volver a ver a sus amigos y empezar con esta otra rutina, con unos tiempos más delimitados, que los límites nos vienen bien a todos y el libre albedrío de las vacaciones está bien para unos días, pero no para toda la vida. Caeríamos pronto en una insatisfacción de tantos placeres, ya no valoraríamos lo bueno, porque dejaría de serlo y la desmotivación llegaría pronto.

Pero para otros, la cosa puede ser más difícil: para el que tiene dificultades de aprendizaje y la rutina escolar le provoca un gran estrés que no sabe cómo gestionar, para quien se ha pegado todo el verano en el pueblo con total libertad y vuelve ahora a la ciudad y ya no puede salir solo a la calle ni jugar con sus amigos después de cenar a “polis y cacos”, para el que pasa de primaria a secundaria, que antes era “de los mayores” y ahora es “de los críos de 1º de la ESO”, para quien sus padres han decidido empezar en otro lugar y se ha cambiado de colegio, de compañeros, de amigos, de maestros… Para el que repite curso, que probablemente lo vea como un fracaso, como bajar de estatus, como volver a ser de los pequeños y tener que hacer lo mismo otra vez…

A éstos sí hay que prestarles especial atención, sin que se nos note demasiado, pero estando allí. Porque van a sentir muchísimas cosas, que no es ni bueno ni malo que las sientan, pero es bueno que sean conscientes de todo ello. Hablando sobre cómo se sienten, contándoles cómo te sentiste tú en alguna situación similar por la que puedan estar pasando, del presente o de cuando tenías su edad, que se sientan acompañad@s, comprendid@s, eso les va a hacer mucho bien.

No importa que no te cuenten nada la primera vez, tú sigue, demuéstrales que te interesa cómo lo están pasando. Si no hay costumbre de hablar demasiado, les va a costar abrirse, pero tú estarás creando un espacio para que, si quieren, te cuenten. Y repito, cuéntales tú. La comunicación es muy importante.

Y si te cuentan, agradéceselo, diles que te alegra que te cuenten cosas, aunque no sean buenas. Aunque no te gusten. Si ven que tu cara empieza a teñirse de furia porque te cuentan que se han saltado la primera hora porque tenían pánico a enfrentarse a nueva clase (para ell@s una nueva vida), la próxima vez, que la habrá, no te lo contarán. Es mejor saberlas, porque así podrás ayudarles. Ojos que no ven, hij@ que se convierte en un desconocid@…

No significa que hacer pirola, campana o novillos, no vaya a tener una consecuencia. Pero que tu enfado sea la consecuencia, no es bueno. No les retires tu cariño (que eso es lo que perciben cuando te enfadas con ell@s). Ponte seri@, que se cumpla la consecuencia (cuanto antes mejor y a poder ser previamente acordada de forma democrática), hablad sobre la situación, cómo se ha sentido, qué otra cosa podría haber hecho, la consecuencia que ha tenido la opción que ha escogido… Y a otra cosa.

A ver si no os pasa esto: https://www.youtube.com/watch?v=vRUPHpO9r3g

Hij@s, padres, madres: ¡lo vais a hacer mejor de lo que pensabais!

Si la rutina viene, ¡qué sea bien chula!

1 de septiembre, vuelta a la rutina.

Hoy, muchos vuelven a la rutina que abandonaron hace uno o incluso dos meses. Volver a la rutina puede sonar gris, aburrido y monótono. Conozco gente que se define como rutinaria desde el peor de los sentidos. Pero yo creo que la rutina es buena.

Según el aragonés Lázaro Carreter, la rutina es costumbre de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas. Claro, así se entiende mejor que la rutina conlleve aquéllos y otros adjetivos peores incluso, pero creo que normalmente el uso de esta palabra lo hemos empezado a utilizar con otro sentido, para describir nuestras costumbres, horarios y actividades de nuestro día a día. La clave es que sean o no razonados. Si tu rutina es razonada, reflexionada, actualizada de vez en cuando y abierta a flexibilizarse cuando surge, esa rutina es chula, por mucho que se repita.

El ser humano necesita estabilidad por lo general. Encontrar una serie de hábitos enriquecedores para uno mismo y llevarlos a cabo todos los días, no tiene por qué ser malo.

Además, ¿qué es lo rutinario? ¿Trabajar? ¿Hacer la compra? ¿Cuidar a tus hijos? Es que si no trabajas quizás no puedas realizarte profesionalmente, y la realización conlleva persistencia y constancia. Es que si no vas a comprar, no tendrás qué comer. Si no dedicas tiempo a tus hijos no les proporcionarás la atención que necesitan para desarrollarse adecuadamente. Puedes ver estos actos como meras repeticiones que sólo forman parte de una aburrida rutina o como acciones llenas de significado que te están ayudando a construir algo sólido que tú has decidido.

Si no estás a gusto con tu rutina, disecciónala, mira qué te gusta, qué no, qué puedes modificar, qué no, cómo lo que haces con mayor disgusto podrías endulzártelo y luego cámbialo. Quizá ahí te encuentres con el mayor obstáculo: hacerlo. Porque la pereza te atrapará, la comodidad y los boicots que te dirán: “bah, me quedo en el sofá, total, a lo mejor voy hasta allí y me lo paso mal”. Si quieres cambiar algo de tu rutina, de la que no te gusta, no te dejes convencer por la comodidad y oblígate a hacerlo. Te lo agradecerás. Si disfrutas el cambio, ¡vaya premio! Y si el cambio no es lo que esperabas, al menos ya sabes qué no tienes que intentar hacer.

¡Feliz vuelta a la rutina!3894d5c0d009ad6e5ad76805a102dcb1

Y por fin, aquí está la web de Bienpensar.

Tras más de un año trabajando en ella, en el nombre, la imagen, los contenidos, aquí está.

Bienpensar Educación Emocional es un proyecto que nace hace algo más de un año, basado en transmitir conocimientos sobre inteligencia emocional, para poder ser, en definitiva, más felices. Para educar a otros, para reeducarnos a nosotros mismos… La emociones y su gestión es algo que guía demasiado nuestras vidas como para no tenerlas en cuenta, así que a través de Bienpensar y su lema “PIENSA BIEN Y VIVIRÁS MEJOR”, espero poder transmitir todo lo que sé, lo que he vivido y lo que sigo aprendiendo sobre lo que nos pasa por dentro.

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¿QUÉ COSAS NOS HACEN FELICES?

                                                     ilustrado por Joâo Fazenda

 

“La salud no da la felicidad, pero la falta de aquélla genera infelicidad”. Con el dinero pasa lo mismo. Esta conclusión ha sido obtenida a través de varias investigaciones. Me temo que es real, en muchos casos, pero da una visión del ser humano desde mi punto de vista algo inmadura, es decir, sin algo somos infelices, pero con ese algo no somos felices porque nos acostumbramos a ello y damos por hecho que eso tiene que estar en nuestras vidas sin valorarlo no agradecerlo. No obstante estoy segura de que educacionalmente se podría hacer mucho por cambiarla. Pienso que sin salud es difícil tener cierto bienestar psicológico, pero es una pena que no se nos enseñe a valorar y a agradecer en el día a día cuando tenemos buena salud. En el tema del dinero también se puede hacer la misma reflexión.

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