TODO. Cuando las cosas mejoran. Cuando se apartan los nubarrones. Cuando el camino te brinda una ligera cuesta abajo y todo va rodado. Cuando no hace ni frío ni calor y la temperatura es ideal.
¿No te da por pensar cuándo acabará? ¿No te da miedo que suceda algo que acabe con esta buena racha? Una enfermedad, un accidente, una desgracia…
Afortunad@ eres…
No, realmente no es fortuna.
Es una cuestión de merecimiento.
Después de unos meses durillos, incómodos, sintiéndome un poco infeliz un rato cada día… Me costaba responder a la pregunta “¿Qué tal?” sinceramente. Y a la de “¿Todo bien?” ni te cuento… Si hace un año leíais mis posts, ya os habréis dado cuenta.
Pero ahora… la respondo con un enérgico “¡Muy bien!”. Estoy viviendo una época esplendorosa. Me encuentro muy feliz. Lo flipo con todo. Con nuevos grupos de música, nuevas canciones, con el paisaje, con estar en casa, con dar un paseo, con una conversación, el trabajo, mi gente… Vuelvo a partir de una base mínima de felicidad bastante alta. Había vivido algo semejante alguna vez, pero no me había durado tanto tiempo.

En un sitio como éste, es más fácil estar bien.
El otoño no suele ser precisamente mi época favorita, más bien al contrario. Y fue entonces cuando todo empezó a armonizarse. Y estamos en febrero y dura. Anonadada me hallo.
Y casi esperando a que se acabe de un plumazo.
¿Por qué nos cuesta tanto recibir lo que nos da la vida? ¿Acaso necesitamos una pequeña dosis de sufrimiento diaria? ¿No nos cabe en la cabeza que todo vaya bien? (Una aclaración: hay muchas cosas en mi vida que podrían mejorar, pero no obstante, tal y como están ahora, están muy bien.)
Llevo a cabo rutinas todos los días de agradecer y valorar. Soy muy consciente de lo afortunada que soy en este momento. Pero me falta algo. Porque vivo con el miedo de que se acabe.
Ya sé lo que me pasa. Y lo decía más arriba. Es una cuestión de merecimiento. De sentirme merecedora de este tiempo de bonanza. Y que dure lo que quiera, oiga. QUE ME MEREZCO QUE LAS COSAS ESTÉN BIEN. Porque sí. Y punto.
Si total, he sido capaz de sobrevivir a mis vacas flacas emocionalmente, podré volverlo a hacer si vuelven. Y además, con la ventaja de haberme llenado bien la panza de buenas experiencias y sensaciones. Con el buen recuerdo de lo bueno. Con la conciencia de que la vida tiene de todo para todos. Con la nutrición de el buen rollo que me está inundando estos meses. Con la mente fuerte para enfrentar desafíos. Y con el pensamiento de que me quiten lo bailao.

Expresare es objetivamente bueno y necesitamos hacerlo de vez en cuando.
Uf, qué bien me he quedado.
Yo el problema, yo la solución.
Si es que no hay nada como sacar lo que te tienes en ese follón de cabeza para entenderte un poco…
Pues hala, espero que mis rayaduras de cabeza con sus consiguientes desenlaces os sirvan para algo. A mí, contároslas, ¡para mucho!


