La vida es dura

Igual no es el típico título de un post escrito por mí. Ni tampoco acabo de descubrir el Mediterráneo. Pero para mí, últimamente, está cobrando mucho sentido esta frase.


La vida es dura, pero tú lo eres más. Y si no lo eres, te vas haciendo. Pero en el camino… ¡Qué poco bien se pasa…!

Qué remedio nos queda…

A veces me siento engañada. ¿Qué pensaba que era la vida? Hay cosas que se me hacen cuesta arriba… ¿No os pasa a vosotr@s? Que la gente envejezca, que se muera, los problemas que van surgiendo, la dificultad y complejidad de la relaciones…

Si me pilla tan de sorpresa… ¿Por qué será? ¿Quién me lo ha hecho creer? Pienso en lo feliz que se puede ser en la infancia al ignorar todas estas “durezas”. Tampoco es que me haya pasado nada especialmente duro o traumático, simplemente las cosas que le pasan a cualquiera. Llevo un tiempo pensando en esto y creo que reflexionando en un post siempre acabo entendiendo mejor las cosas.

Me deprime bastante tener esta visión de las cosas, pero es que es verdad, o al menos así lo veo ahora, que hay un montón de cosas por las que preocuparse o de las que ocuparse que no están bien y que además van a estar peor.

Igual es algo que hay que aceptar, ¿no? Hay que aceptar que las cosas se acaban, que cambian, que no serán para siempre, para así valorarlas más. A lo mejor lo que hay que hacer es empezar a valorar más las cosas cotidianas, pequeñas, la normalidad, la rutina, incluso la monotonía.

Serán esas “pequeñas cosas” de la que se habla en la frases inspiradoras, las que tienen que alegrarnos la vida cuando estamos en un momento bajo.

Hace tiempo que escribí en una taza o en un bolso algo así como que la vida a veces es amarga y otra dulce y que como a veces hay que pasarlo mal, aprovecha cuando no sea así. Lo que pasa es que es difícil disfrutar cuando sabes que hay cosas en tu vida que no están bien.

¿Cómo voy a permitirme estar bien si he discutido con una persona cercana? ¡No me lo puedo pasar bien si tengo problemas con mi casero! ¡Es imposible relajarse y distenderse cuando me siento mal por no haberle dicho a mi jefa que eso que me ha mandado NO está dentro de mis obligaciones!

Pues, o lo hacemos, o entonces sí que nada de esto tiene sentido. ¿O crees que la gente a la que se le ve feliz no tiene problemas? ¿Acaso todo el mundo que está cantando desaforadamente en un concierto no tiene ningún problema? ¿O la gente que está bailando a tope en una orquesta tiene toda la vida resulta? Seguro que no. Pero deciden en un momento dejar de amargarse, tirar para adelante y pasarlo bien.
Creo que es una elección que denota mucha madurez.

Nunca va a estar todo bien como para ser feliz sin peros. Habrá momentos concretos de luz en los que parezca que todo va bien, al igual que otros oscuros en los que parezca que esté todo mal. Pero lo general será que haya luces y sombras mezcladas. Al final, todo dependerá de cómo te lo tomes y de lo que decidas.

Como ves, yo también tengo mis claroscuros, mis momentos bajos. Aprendiendo a gestionarlos, se convierten en más claros, que en oscuros. Si quieres aprender conmigo, ¡ya sabes! Vente a mis cursos, usa mis ebooks, léete mis posts… ¡Aquí estoy para lo que necesites!

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