¿Sacamos de contexto? ¿Malinterpretamos el mensaje? ¿Exageramos?

Son esas pequeñas actitudes las que hacen que sea difícil cambiar las cosas. Desde que me dedico a la inteligencia emocional me he hecho muy consciente de lo que negamos la realidad. El autoengaño es una actitud muy frecuente en nuestro comportamiento. Es un mecanismo defensa. Quizá porque si nos diéramos cuenta de la realidad, podríamos ver que cambiarla no es tan difícil.

Una gran parte de mi energía la invierto en detectar comportamientos que no benefician el desarrollo emocional, diseccionarlos y “convencer” a la gente de que no son buenos.

Claramente agredir física o verbalmente ya se sabe que no es bueno. Pero hay otros muchos comportamientos, perfeccionados inconscientemente, sutiles, aparentemente inofensivos que no lo son.

Pero esto es como el humor de Jorge Cremades. Han suspendido o aplazado, según comoquiera verse, dos funciones que tenía en Bilbao porque 4 asociaciones feministas se han quejado de los mensajes que se transmiten cargados de machismo. Algunos son micromachismos, otros a tamaño natural.

Y lo mismo pasa con Eva Hache y su desafortunado comentario en el que dice algo así como mi hijo de seis años no tiene deberes porque tenemos amenazados a los profesores. He intentado colgar aquí el vídeo de ese tramo de entrevista pero curiosamente ha desparecido…

Puede que sean bromas, aunque como digo a l@s niñ@s, una broma es algo que le hace gracia a quien la cuenta y a quien la recibe. Y parece que en los casos anteriores, no se cumplen estas condiciones.

Soy fan de ver la vida con humor, reírnos de nosotr@s mism@s, ver la parte divertida de las cosas… Pero esto no es ver las cosas con humor, sino banalizarlas.

Este humor es necesario.

Este humor es necesario.

Darle la importancia justa a las cosas es muy difícil. Y no se trata de convencer a nadie, sino de reflexionar un poco y escuchar a quien se siente ofendido por tus actos. Dentro de que no seamos extremadamente susceptibles, la empatía creo que es algo que siempre nos puede dar la medida de las consecuencias que tienen nuestros actos.

No hay una fórmula mágica para acabar con el machismo de golpe y porrazo. Ni la hay para unir las fuerzas de familia y escuela. No son recetas que dependan de un solo ingrediente. Pero hay que tomar conciencia de que algunos agrían la comida.

No son inocuos los chistes. ¿Es malo reírse? ¡Qué va! Pero empieza por ti mism@. Eso es lo más difícil. Riámonos de nuestras  miserias, de nuestros complejos, de nuestras inseguridades, de nuestros dramas. Enseñemos a l@s niñ@s a reírse de sí mism@s. A aceptarse y a superar sus frustraciones en lugar de volcarlas cobre los demás.

Siempre hay algo de verdad.

Siempre hay algo de verdad.

Estamos perpetuando que las cosas no cambien cuando restamos importancia a sus consecuencias. Cuando no nos las creemos. Cuando no las vemos. Quizá es que tenemos que ponernos las gafas adecuadas.

Son las pequeñas acciones las que pueden cambiar el mundo y en nuestras manos tenemos un gran poder. Tomemos conciencia de ello y llevémoslo a cabo.

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