Las cosas que no nos dijimos

Me estoy leyendo un libro que me está flipando. No es un bestseller, pero es que me está haciendo reflexionar una barbaridad… ¡Ha caído en mis manos en el momento oportuno! Con lo cual, para mí, ahora, es una pasada.

Os lo recomiendo.

Os lo recomiendo.

Se llama “Las cosas que no nos dijimos”. Va de una chica cuyo padre fallece después de muchos años de haber tenido un trato muy mínimo, muchos enfados y mucho rencor.

Pero justo tras la muerte, ella recibe una caja muy grande que contiene un androide igualito que su padre con una batería de seis días. Durante ese tiempo podrán decirse las cosas que no se dijeron.

¿No os parece una pasada? ¿Os imagináis que os regalaran 6 días más con un ser querido que hubiera dejado ya este mundo? Nos dejaríamos de borderías, nos diríamos las cosas, nos trataríamos mejor…

¿Pero os imagináis que fueran vuestros padres? Porque las relaciones vienen y van, aunque algunas también se rompen por conflictos, otras simplemente dejan de tener eso que antes las unía.

Mejorar las relaciones padres e hijos adultos

Mejorar las relaciones padres e hijos adultos

Y es que con los padres, las cosas son diferentes. Ya he hablado alguna vez sobre las relaciones entre los padres y los hijos adultos. Se acumulan muchas cosas, no siempre son respetuosas, nos manipulamos, nos echamos cosas en cara…

Pero hubo un momento en el que había una fuerte conexión probablemente. En el que tu padre o tu madre eran lo más grande de este mundo. Tus mejores amigos. Tus personas más amadas. Tus protectores.

Es importante tener las cosas solventadas con los padres.

Es importante tener las cosas solventadas con los padres.

Buscar esa conexión con ellos de nuevo, ser tolerantes con lo que no nos gusta, ver lo entrañable de sus gestos, de sus esfuerzos por adaptarse a este mundo que cambia constantemente, con la locura de la tecnología… Son cosas que vuelven a unir.

De alguna manera, es devolverles lo que hicieron por nosotr@s.

De alguna manera, es devolverles lo que hicieron por nosotr@s.

A mí me da mucho miedo arrepentirme de las cosas, por eso este libro me está abriendo los ojos a lo necesario de… de perdonar. Porque sé que en el fondo, cuando no trato bien a la gente es porque siento rencor porque la gente no me tratara como yo creía que me debían haber tratado. Y el siguiente paso es aceptarlo. Y agradecer que no me trataran peor. Y poner las bases para que ahora sea mejor.

No esperar a que ya no tenga remedio.

Porque los robots no solventarán de momento todas aquellas cosas que no nos dijimos. Quizá más adelante sí. Quizá lo virtual pueda sustituir a lo real. Pero ya que estamos, ya que aún somos de carne y hueso, ¿por qué no aprovechar y hacer las cosas de verdad?

Es cierto que a veces nos ponemos máscaras y vamos de algo que no somos. Imagino que una vez que la función se ha acabado, que ya ves que no sirve para nada el aparentar, ser como uno es, es la opción más seductora. Quizá esa barrera en el caso de esta historia, se supera por saber que no va a tener consecuencias.

Pero, ¿y si las consecuencias en vida fueran mejores de lo que podemos imaginar? Ahí dejo eso.

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Un comentario

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