Aunque duela, siéntelo. Se pasará.

El otro día compartí esta imagen en Instagram. Para mí es significativa pero ha tardado en serlo. Y como mi misión es la de traducir estos mensajes un poco abstractos para poderlos llevar a cabo, el post de esta semana va dedicado a ello.

¿Cómo se hace esto?

Más de una vez os he mostrado esta imagen relacionada con el funcionamiento de las emociones.

Así funcionan las emociones.

Pero previo a este proceso que aquí muestro, es importante un primer paso. Antes de nada, tenemos que permitirnos el sentir lo que sea que estemos sintiendo. Es muy importante tener en cuenta para el propio autoconocimiento.

¿Y cómo se hace eso? ¿O por qué no pasa solo? Porque hay emociones que no nos permitimos sentir. Puede ser porque sean demasiado desagradables y no queramos pasar por ello. Como por ejemplo, el dolor por la muerte de tu perro. Puedes restarle importancia, mostrar frialdad, sólo por pura protección ante el duelo que eso te genera.

Otra razón puede ser que creas que lo que estás sintiendo no es coherente con la situación o con cómo eres tú. Por ejemplo, que te moleste un montón que no hayan contando contigo para un plan que te apetecía desde hacía tiempo. Si crees que no deberías estar molest@ por eso, no te permitirás sentirlo. O si te juzgas por molestarte tanto por eso y crees que eres inmadur@ porque cosas tan pequeñas como esas te molesten tanto, tampoco de permitirás sentirlo.

Estoy hablando de emociones desagradables, que pueden ser las que más tendemos a evitar. Pero también nos puede pasar con las agradables. Podemos pensar que no somos merecedor@s de sentirnos bien cuando estamos pasando un duelo. O cuando nos sentimos súper culpables por algo, tampoco nos lo permitimos.

¿Qué pasa si te alegras un poco porque a alguien que siempre le sale todo bien, fracase en algo? ¿Te lo permites? ¿O te juzgas como una persona envidiosa y ruin? La envidia, como os he contado muchas veces, es una emoción totalmente válida y útil. Como casi todas.

Como habréis apreciado, hay un mecanismo mental que nos impide dejarnos sentir como dice la imagen de más arriba. Es el juicio. Juzgar nuestras emociones. ¿Acaso juzgas tus sentidos?

¿Crees que no deberías tener frío y decides no sentirlo? ¿Opinas que está mal que algo sepa dulce y lo obvias? ¿Te parece exagerado el tacto rugoso de una piedra y decides que no es así? No, ¿verdad? Entonces, ¿por qué hacerlo con las emociones?

Debemos recordar que las emociones nos dan una información valiosísima, toda ella. Sea a través de sentir cosas agradables o desagradables, todas tienen su objetivo, su fin.

¿Qué podemos hacer para disminuir esa sensación desagradable?

  • Pensar que no va a durar demasiado.
  • Escuchar lo que nos estamos diciendo (nuestro diálogo interno). Podemos incrementar o disminuir la intensidad de la emoción dependiendo de los mensajes que nos estamos dando.

Revisa tu diálogo interno.

  • Tener claro que no somos nuestra emoción, desidentificarnos de ella. Yo lo intento hacer visualizando mi emoción desagradable fuera de mi cuerpo, como un globo que está allí acompañándome un poco. Porque si creo que la emoción me ocupa desde el dedo gordo del pie hasta el último pelo de la cabeza, me siento pero, más inundada.

Así que son estos consejos espero que podáis sentir mejor lo que os pasa, porque vivir y tener la sensación de haber vivido se reduce bastante a haber sentido. Lo agradable y lo menos agradable.

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