La buena educación no nos ha hecho nada felices

El otro día, pensando sobre la asertividad, me di cuenta de que muchos de los comportamientos que hemos llamado “de buena educación” acaban creando seres pasivos, frustrados e hipócritas. Ya sé que empiezo un poco a lo bestia, pero es que… no es para menos. Otros no eh, los que se basan en el respeto y en la cordialidad, no. Como los de esta cafetería de Girona, éstos me encantan…

Te sale más barato cuanto más simpátic@ eres.

Te sale más barato cuanto más simpátic@ eres.

Hay otros “buenos modales” se basan en lo que tienes que parecer, sin tener en cuenta lo que quieres.

Hay que tratar de usted, hay que compartir, hay que perdonar.

¿Por qué? ¿Y si no me apetece? ¿Tengo que hacerlo igualmente? ¿Y si no lo hago? El problema es que si lo haces, puedes acabar desarrollando una conducta pasivo agresiva que no te va a hacer ningún bien.

Pero luego hay otras cosas que no entiendo para nada que puedan molestar a los demás y sin embargo alguien decidió que eran malos modales.

Como por ejemplo, estirarse. ¿Por qué? A mí no me ofende que otros lo hagan y además te quedas genial cuando lo haces.

Me da hasta bienestar ver esto.

Me da hasta bienestar ver esto.

También lo es rascarse.

No contenta con no permitirte este tipo de placeres, la buena educación va más allá.

Te dice que no aceptes cosas cuando te las ofrecen.

Que no aceptes un cumplido, no vayas a parecer creíd@.

A veces no sabemos cómo reaccionar cuando nos halagan por la "buena educación".

A veces no sabemos cómo reaccionar cuando nos halagan por la “buena educación”.

Por supuesto, que no pidas nada de lo que necesitas, no vaya a ser que molestes.

La que se basa en las apariencias de ceder tu asiento en el autobús aunque no te apetezca.

La que acaba generándote malestar por no hacer lo que realmente querías.

Esa buena educación es la que te aleja de sentirte bien contigo.

Podemos ser presos de nuestro silencio.

Podemos ser presos de nuestro silencio.

Te impide ser asertiv@, porque es más importante quedar bien que tus propias necesidades.

Te obliga a dar explicaciones.

A responder preguntas sobre tu intimidad. Porque si no, dirán “vaya raspa la tía ésta”.

A reír las gracias que no te hacen ni puñetera gracia, por quedar bien.

A hacer favores que te roban tiempo, pero “si le digo que no… le sentará mal”.

Es una buena educación que nos han vendido para manipularnos mejor.

Y claro que está bien ceder el asiento, hacer favores y ser amable con los demás. Pero no por obligación. Aprendemos a hacer estas cosas porque es muy fácil hacer como, imitar, aparentar.

Pero no lo hacemos de corazón si simplemente nos dicen que es de buena educación.

Y así lo tendrás contento.

Y así lo tendrás contento.

Afortunadamente, con la madurez vamos aprendiendo poco a poco, en gran parte gracias a la empatía, por qué actuar así o no, lo cuestionamos, cambiamos algunas creencias, pero… qué asentadas están en nuestro interior…

Lo a gusto que te quedas cuando dices lo que piensas, cuando pides lo que quieres, cuando dices que no a algo que no te apetece, cuando te estiras y te rascas, cuando le sueltas un corte a la vecina cotilla…

Ese día, duermes mejor.

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