Cómo me afectan a mí mis haters

Acabo de encontrar un par de comentarios bastante desagradables de alguna de mis publicaciones en mi página de Facebook.

Buscando inspiración sobre qué tema escribir, me he puesto a mirar comentarios que la gente deja y me he encontrado dos de la misma persona llenos de rabia y odio.

Lo primero es que no entiendo que alguien a quien no le gusten los contenidos que comparto, siga mi página. No entender las cosas genera mucha frustración e impotencia.

Además, en uno de los casos, no tenía mucho sentido lo que comentaba con lo que yo había compartido.

Me he metido en el perfil de este usuario para ver quién era y no lo conozco de nada. Es nadie. Pero no me ha gustado nada encontrarme esos comentarios, en los que aparte de criticar de forma ofensiva los contenidos compartidos, también se dirigía a mí en el mismo tono, como por ejemplo diciendo que me metiera mis opiniones ya os imagináis dónde.

Ya había hablado algunas otras veces de lo que me importa que los demás piensen de mí. También es verdad que intento no dejar de hacer nada por eso. Pero no me pasa desapercibido.

Imagino que la persona en cuestión que se comporta como este hater (creo que es el término  que habría que usar) no es una persona feliz. Creo que la gente que hace estas cosas siente mucha frustración, está amargada y tiene un sistema de creencias bastante tóxico. Se sienten rápidamente ofendidos y eso suele tener como base un complejo de inferioridad.

Imagino que usan las redes sociales como escenario virtual en el que poder saciar su necesidad de protagonismo y vomitar la insatisfacción de sus vidas. Que en la vida real nunca serían capaces de hacer algo similar a esto porque el anonimato, a pesar de tener nombre y apellidos, les protege de enfrentarse del alcance de sus actos.

Entrar al trapo con unos comentarios de este tipo no lo veo como una opción. Para una persona con tantas ganas de barro sería un refuerzo positivo que yo intentara defender mi postura. Además, ante según qué argumentos, no hay nada que hacer.

Todo esto me lo digo porque realmente me desagrada, me molesta, me fastidia, me disgusta incluso me duele que alguien sea tan ofensivo. Al hacerlo, consigo comprender bastante más lo que a priori me parece incomprensible. Cuando comprendo algo, lo asumo más fácilmente. No lo disculpo, no lo justifico, pero consigo que me afecte menos.

Hay actos de pensamiento que, practicándolos, consiguen reducir la intensidad de las emociones. Racionalizar, comprender, relativizar, no sobre analizar, son algunos de ellos. Otros actos, más comportamentales, como no entrar al trapo, no contestar, también ayudan a no echarle más leña al fuego.

No niego que me afecten este tipo de cosas. Aceptar que las cosas nos afectan es el primer paso para poder gestionar las emociones resultantes. Saber por qué las cosas nos influyen de una u otra manera, tiene mucho que ver con conocernos a nosotr@s mism@s. Yo sé que por mi educación, tiendo a buscar la aprobación externa. Pero como lo sé, intento darme a mí misma esa aprobación e intento que no me afecte en lo que hago. Intento restarle importancia cada vez que algo como esto me pasa. Y así, la siguiente vez que me pase, espero que me afecte menos.

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