No esperes a que algo te moleste para poner un límite

Esta semana he estado dando una formación a profesionales de la educación y una de las cuestiones que surgió fue esta.

Aquí estoy yo dando la sesión de formación.

Es un error que veo que se comete actualmente, esperar a que algo nos moleste para poner un límite.

A esta forma de actuar se le llama reactividad. Es decir, que reaccionamos ante algo que nos afecta. Cuando algo nos afecta, lleva implícito el que nos haya generado una emoción, normalmente desagradable. Y cuando la sentimos, habitualmente nuestra conducta no va a ser la que querríamos tener. Os dejo aquí el esquema que suelo utilizar para explicar cómo funciona esto de las emociones.

Este es mi esquema para gestionar emociones.

Si esperamos a que algo nos afecte, poner límites se va a convertir en algo mucho más difícil y desagradable de lo que es. Porque me lo voy a tomar de forma personal y voy a ser mucho menos neutra. Esta falta de neutralidad va a generar que la puesta de límites acabe siendo un conflicto. Y muchas veces, el conflicto que queremos evitar no poniendo límites, nos lo encontramos después multiplicado por cinco.

Tampoco significa abusar de los límites, pero sí ver hasta qué punto una conducta puede acabar siendo problemática.

Por ejemplo, que un hijo pegue a su padre una colleja puede no ser molesto para el padre, porque puede no haberle hecho daño. Pero es un gesto incorrecto. Otra cosa es que los dos, por ejemplo, estuvieran bromeando o jugando. Pero fuera del juego, es algo que si no se le pone límite, puede ir a más.

Que una niña llame fea a su madre o la ridiculice “de broma”, puede no ser molesto para la madre (aunque seguro que mucho no le gusta), pero permitírselo es una falta de respeto.

Cada vez que no respondemos ante una potencial falta de respeto, estamos transmitiendo que eso se puede hacer, que está bien. Estamos invitando a l@s niñ@s a que lo repitan sin problema.

Esperar a que algo sea insoportable o molesto para pararlo, supone tener que desandar un camino invirtiendo una energía que podríamos habernos ahorrado. También supone que la relación, mientras no haya límites, se vaya desgastando. Y os recuerdo, que la relación con vuestr@s hij@s, al igual que la que tenéis con vuestra pareja o amistades, hay que cuidarla.

El deber de tod@ niñ@ es ver hasta dónde puede llegar. Que como adult@s se lo señalemos no es ni que les estemos coartando ni traumatizando. No hacerlo es hacerles y hacernos un flaco favor.

Esto es algo que hay que comprender.

Poner límites es lo más natural del mundo. El conflicto que eso pueda generar, también. De nosotr@s depende verlo como algo neutro o normal o como algo que nos enfada, nos da pereza, nos incomoda o nos frustra. Revisa tus creencias sobre los conflictos y los pondrás en su lugar.

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