¿Sabes qué pasa si mezclas objetivos, expectativas e idealización?

Pues que tienes una buena ración de frustración, desilusión y decepción.

Enseñando aprendo un montón, la verdad. En las formaciones me plantean preguntas, dudas, que tod@s tenemos, y que al materializarlas, al pronunciarlas, al verbalizarlas son más fáciles de resolver.

Ponerle palabras a lo que pensamos y a lo que sentimos hace que sea más fácil tomar control sobre el pensamiento y las emociones. Por ello, hoy me dedico a establecer la diferencia entre estos conceptos.

El otro día, en una formación, surgió este tema. Hablábamos sobre la frustración y el papel de las expectativas en esta emoción. Cuantas más expectativas tenemos hacia algo, más fácil es que nos frustremos. Por eso es aconsejable tener las menos expectativas posibles.

Tenemos expectativas porque imaginarnos cómo va a ser algo que va a suceder en el futuro nos prepara para ello y eso nos da cierta tranquilidad. El problema es que cuando imaginamos, podemos ser poco realistas o podemos idealizar. Ahora que hablo de expectativas realistas, me acuerdo de mi viaje a Mallorca. Según yo, las expectativas que me hice eran realistas, intenté controlarlas. Pero ahora sé que no lo fueron.

No todo fue malo pero…

Las expectativas vienen acompañadas muchas veces por la idealización. Idealizar es un acto mental que consiste en considerar a algo o a alguien como un modelo de perfección, entendiendo que la perfección es diferente para cada un@, claro.

Las expectativas pueden ser racionales o no, dependiendo de la cantidad de idealización que les pongamos. ¿Cómo hacernos expectativas realistas? Informándonos por ejemplo. Utilizando la lógica. Me fui hace 10 años de viaje a India y yo lo único que no quería que me pasara era que me sintiera extraña allí. Evidentemente eso pasó, me sentí totalmente extraña. ¿Era razonable tener esa expectativa? Pues no… Porque era mi primera vez, nunca había estado en un país subdesarrollado y un país como India es muy diferente a lo que yo estaba acostumbrada. Como no utilicé la lógica, no me hice expectativas realistas.

Flipé mucho en ese viaje…

La idealización se nos cuela muchas veces cuando nos dejamos llevar por lo que los demás nos cuentan o por lo que creemos que son las cosas. Ya están aquí, una vez más, las creencias haciendo de las suyas… Tener hij@s es una experiencia increíble, viajar a India es maravilloso, Mallorca en junio debe ser un sitio tranquilo, en vacaciones es obligatorio pasarlo bien… Ojito con las creencias que nos juegan malas pasadas con mucha facilidad.

Y ahora retomo los objetivos. Me decían el otro día en la sesión de formación que si no tienes expectativas la vida es un poco triste. Pero no es lo mismo no tener expectativas que no tener objetivos. Los objetivos son metas, cosas que te planteas, que quieres conseguir… Pero a veces lo que esperes de esos objetivos pueden cosas más o menos reales.

Por ejemplo, tu objetivo puede ser irte a vivir al lado del mar. Quizá crees que hacerlo te va a hacer feliz porque conoces gente que lo ha hecho y ha sido así, porque la idea romántica de huir de la ciudad y plantarte allí te lo ha hecho creer, porque viste una película (o te la montaste) en la que la protagonista lo hizo y le salió estupendamente la cosa… Pero eso son fantasías que probablemente no se cumplan desde un primer momento.

Muchas veces nos hacemos expectativas poco realistas de nuestros objetivos porque la gente nos cuenta solo lo bueno de sus experiencias, pero oculta lo malo, lo duro o lo desagradable.

La maternidad es el foco de muchas idealizaciones y por lo tanto, frustraciones.

Lo que es seguro es que si consigues el objetivo que te has planteado, habrás tachado una cosa de tu lista y eso es bueno. Que cambiarás de aires, que te estarás atreviendo, que estarás haciendo un potente cambio de vida… Pero lo maravilloso de la experiencia… Eso no es seguro en absoluto.

Creo que la clave es no añadirles florituras a los objetivos. Conseguirlos va a suponer unas cosas. Pero no siempre que conseguimos un objetivo nos sentimos como creíamos que nos íbamos a sentir. Así que lo mejor es no idealizar cómo nos sentiremos, porque ahí el batacazo puede estar casi asegurado.

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