Tu hij@ no es tu tarjeta de visita

Muchas cosas han surgido a raíz de las nuevas y retrógradas ideas de la ultra derecha sobre educación estos días.

He compartido más de una vez este texto de Kahlil Gibran. Creo que la primera vez que lo leí fue en el despacho de algún@ de mis profesor@s en la universidad. Por lo menos tendría 18 años y, como hija, me llamó mucho la atención. Sentí varias emociones, una de ellas liberación, pero otra fue la tristeza, ya que sentía que mis padres nunca me darían esa libertad.

Debía ser genial tener unos padres que sintieran eso hacia sus hij@s, que dieran tanta libertad, que les respetaran tanto.

Con el tiempo, he aprendido a darme yo a mí misma esa libertad y mis padres han tenido que aprender a respetarla, pero no ha sido nada fácil. Me ha supuesto muchos conflictos conmigo misma y ponerles límites a ell@s no ha sido nada fácil.

De una manera directa o indirecta, nuestros padres nos transmiten si lo que hacemos o lo que somos les gusta o no. Por otro lado, nuestra necesidad de agradarles y de sentirnos aprobad@s por ell@s, es tan alta que venderíamos nuestra alma por encajar en lo que esperan que seamos. Y de hecho, así sucede. Muchas veces, se nos olvida quiénes somos de tanto tratar de agradar a l@s demás.

La hiperpaternidad se caracteriza por creer que l@s hij@s son nuestra tarjeta de visita, que representan a sus padres y sus madres. Esta creencia hace que los padres y  las madres se sientan mucho más identificad@s por sus hij@s que antes de esta corriente educativa.

Si yo creo que mi hij@ me representa, no le voy a dejar que sea de determinada manera, porque igual me deja en evidencia.

Tus hij@s no son tu producto, no son tu proyecto. Al menos, no es bueno que lo creas. No están ahí para agradarte ni para cumplir tus frustraciones. Han venido a la vida a través de ti y en un tremendo acto de generosidad deberías respetar sus gustos y sus apetencias. Evidentemente con límites.

Pero además, lo que sería ya el colmo de la generosidad, sería dejarles escoger. Mostrarles todas las opciones posibles y dejarles que escojan.

Hay una serie de valores que no son negociables, porque es un hecho constatado que el no trabajarlos crea enormes problemas de convivencia, salud mental o delincuencia, entre otras cosas.

Tu única expectativa debería ser que tu hij@ aprenda a desenvolverse en la vida, aceptándose a sí mism@. Y para eso, muchas de las charlas que se imparten o los temas que se trabajan de forma transversal y de las que están en contra de repente muchas personas, son imprescindibles.

Y además, vale ya de que todo el mundo pueda opinar sobre educación. La educación es una ciencia y la gente que nos dedicamos a ella, hemos estudiado y nos hemos formado. Gran parte de la culpa de que se haya perdido el respeto al profesorado es la ligereza con la que se pone en tela de juicio cualquier decisión. Si no conoces el tema, infórmate, estúdialo y no eches por tierra la labor del profesorado. Es una forma muy clara de respeto.

 

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