Y a ti, ¿cuándo se te ve el plumero?

La palabra ego la tenemos incluida en nuestro lenguaje cotidiano, pero como otras tantas del mundo del comportamiento, muchas veces no se usa adecuadamente.

Y como para mí, hacer un uso adecuado del lenguaje es indispensable para entender la realidad y tener un conocimiento de nosotr@s mism@s ajustado, hoy voy a escribir sobre este tema.

Cuando hablamos de ego, no estamos hablando de autoestima. Estos términos que a veces se usan como sinónimos son más bien antónimos.

Cuanto más escondas tu plumero, más se te verá.

No es que el ego sea malo, es una parte de nuestra personalidad necesaria para sobrevivir y es muy útil. Pero tiene sus contraindicaciones. Si no entendemos cómo funciona, es muy probable que nos maneje demasiado y ahí está el peligro. La expresión “que se te ve el plumero” tiene mucho que ver con el ego. Quiere decir que algo que quieres aparentar u ocultar, te deja en evidencia. Esto es como cuando quieres ocultar una pelota bajo el agua, cuanto más intentas ocultarla, más fácil es que se te escape y salga con más fuerza a la superficie.

El ego surge de nuestras debilidades, de nuestras inseguridades, de nuestras miserias. Nos ayuda a mantenernos a flote cuando la vida es difícil. El ego es la careta que nos ponemos de dureza en situaciones en las que nos sentimos indefens@s. Pero luego debemos recordar que eso es una careta y aprender a quitárnosla cuando el peligro ha pasado.

Tod@s nos ponemos caretas, pero tenemos que recordar quitárnoslas.

Es como una solución rápida de dudosa calidad que debe ser sustituida lo antes posible por una solución buena. Es como un parche. Nos ayuda en el momento, pero no podemos ir con el parche toda la vida, porque hace que el problema no se resuelva.

El ego es el parche que le ponemos a un roto cuando lo que nos falta de verdad es autoestima. Fingir que me quiero, es ego. Quererme de verdad es autoestima. Y aquí viene al pelo el “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Porque cuando queremos sentirnos por encima de l@s demás, en el fondo lo hacemos porque tenemos una carencia en ese aspecto. Hago una aclaración: presumir no es hablar bien de uno mism@, sino pretender quedar siempre por encima.

Querernos de verdad es algo que lleva mucho trabajo, fingirlo cuesta poco. Pero se nos ve el plumero cuando no nos queremos de verdad. Porque buscamos la aprobación en el exterior cuando necesitamos que l@s demás nos digan lo bien que hemos hecho las cosas. Cuando no pedimos ayuda porque creemos que eso dice de nosotr@s que somos menos. Al intentar evitar que se vean nuestros defectos porque no los aceptamos. Cuando queremos tener la razón por encima de todo porque creemos que si no la tenemos perdemos algo.

Si tú sabes que vales, no necesitas que te lo digan. Siempre gusta que te reconozcan un logro, pero de ahí, a necesitarlo, hay un trecho. El reconocimiento propio debe ser suficiente, lo que venga de fuera está genial, de propina, pero si no hay una valoración propia, la externa se esfuma rápidamente.

¿Haces las cosas para ti o para l@s demás?

Admitir que tienes limitaciones y que necesitas ayuda, no es ser menos. Es tener un autoconcepto ajustado de ti mism@.

Aceptarnos es clave para querernos y mejorar.

Tener la razón, no te hace mejor ni peor. Además, con que tú la tengas, no hace falta que nadie más te la dé.

Todo esto son creencias que van a favor de la autoestima, de la sana relación con un@ mism@. Y hay que trabajarlas para sentirse mejor. Lleva tiempo pero no son un parche, son duraderas y generan mucho más bienestar a largo plazo.

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