Yo escribo todos los días

Algo tan básico como coger un boli y ponerte a escribir tiene un poder, que si no lo has probado, no te lo puedes imaginar.

Empecé a escribir un diario con 14 años, cuando un día había quedado con unas amigas, bastante lejos de mi casa y al llegar no estaban. Entonces, no había móviles, así que me tuve que volver a casa. Me cabreé tanto que, para desahogarme, cogí un cuaderno y empecé a escribir.

Una de mis hermanas siempre escribía diario, no sé si con fines de desahogo o no, pero nunca me había dado por imitarla, hasta ese día.

Estuve escribiendo casi todos los días hasta los 22 años, cuando la muerte repentina de un chaval de mi edad, me rompió tanto por dentro que no pude seguir escribiendo. Durante un tiempo no pude enfrentarme a ese dolor.

Cuatro años después empecé a hacer trabajo personal y volví a escribir, esta vez, no tanto a modo de diario sino para ordenar mis pensamientos y mis percepciones con un fin decididamente de mejora.

Cuando escribía antes, no siempre mejoraba mi estado de ánimo. A veces me enfangaba y acaba sintiéndome hasta peor. Y es que es importante que cuando escribes, lo hagas desde una parte respetuosa y racional. Es decir, la mente es como una reunión de vecinos, habla un montón de gente a la vez y muchas veces, hay algunos pensamientos a los que les damos más importancia. Gestionar estos pensamientos es difícil, pero plasmándonos en un papel es mucho más fácil.

El escribir, damos protagonismo a quien queremos.

Lo que te permite la escritura es ordenarlos. Cuando escribes, eres más dueñ@ de decidir qué pensamientos quieres que tengan más peso y poder. Puedes decidir también que quien arbitre en esa amalgama de pensamientos, sea tu parte más madura, sensata y racional. Esa parte existe en ti, pero igual no le has dado el poder que te puede beneficiar. Pensar, en la mente, es complicado y nos puede dar la sensación de que no se puede controlar. Pero elegir lo que piensas, si es cribes, es mucho más fácil.

Tal cual.

Hasta ahora he estado hablando de escribir un poco por el mero hecho de expresarte y ordenar tus pensamientos. Pero también puedes escribir de una forma pautada. Es decir, que puedes escribir algunas cosas en concreto. Yo todos los días escribo mis agradecimientos(las cosas buenas que me han pasado o las malas que no me han pasado) y mis logros (cosas que me ha costado un poco de esfuerzo hacer), por ejemplo.

La escritura es terapéutica en sí, pero además existen un montón de ejercicios de escritura terapéutica con un alcance que no te puedes imaginar.

Cuando trabajo llevando a cabo terapias individuales, a casi nadie le motiva demasiado hacer los “deberes” que les mando, ya que suelen ser por escrito. No encuentran el momento, les cuesta ser constantes, no saben qué poner, les da vergüenza luego volverlo a leer… Lo normal es encontrar cierta resistencia porque ponerte a escribir es un momento de intimidad bastante potente contigo mism@ y eso a veces asusta. Pero es buenísimo. Las resistencias existen hasta que dejan de serlo por vencerlas un día tras otro. Detrás de cada resistencia suele haber un miedo. Y el miedo al final caduca. Si algo que te daba miedo, te pasa unas cuantas veces, al final se lo acabas perdiendo.

Os recomiendo mucho que escribáis, de verdad. A mí me ha servido mogollón. Y si no sabéis por dónde empezar, aquí os dejo esta opción.

¿Te apuntas? Lo hago donde haga falta.

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