Cuando las emociones desagradables nos pillan por sorpresa

El otro día estaba yo corriendo por la carreta de Zuriza y mientras, mi mente iba haciendo planes y haciéndome ilusiones y se me ocurrió un tema sobre el que escribir.

Estos parajes me inspiran.

La pandemia para mí está siendo durilla, las restricciones afectan mucho a mis relaciones sociales. Así que en cuanto se puede, hago planes a corto plazo para poder recuperar un poco de eso.

Los planes me ilusionan y llevarlos a cabo me hace mucho bien, pero nunca se sabe cuándo pueden truncarse. Si algo hemos experimentado en este tiempo es que todo puede cambiar en muy poco tiempo. Pero, ¿lo hemos aprendido?

Quiero decir que una cosa es experimentar algo y otra aprender de ello. Aprender significa en este contexto que debemos hacernos unas expectativas realistas, dentro de lo que cabe. A veces, lo realista es a muy corto plazo.

Yo estaba fantaseando con mis planes para ese mismo día pero pensé que era realista que se truncaran, aunque hubiera más posibilidades de que no que de que sí. Saber que existía la posibilidad de que se truncaran, me hacía imaginarme la situación, prepararme ante esa posibilidad. ¿Para qué? Con el objetivo de manejar mejor la desilusión.

No quiero decir que haya que ponerse en lo peor, como muchas veces escucho que hacen algunas personas de prepararse para lo peor, dando por hecho por ejemplo que han suspendido un examen y así no llevarse una posible desilusión. Una cosa es mentalizarse de algo, que es una especie de convencimiento. Otra cosa es contar con la posibilidad de que suceda lo que temes, pero sin convencernos. Porque hasta que no llegue el momento, no lo vamos a saber.

Si yo me hago ilusiones con respecto a un plan pero no contemplo la posibilidad de que no salga (que como he dicho se ha convertido en algo habitual en estos tiempos), si finalmente no sale, me voy a quedar desolada. Sin embargo, si contemplo esa posibilidad, me preparo mentalmente para que no me pille por sorpresa la desilusión.

Por ejemplo, cuando se cancela un plan, para sobrellevar mejor esa frustración, podemos intentar ver la parte positiva. Pero es difícil hacerlo cuando estamos sintiendo la frustración. Sin embargo, si vemos lo positivo de que el plan no salga antes de nada, en calma, nos saldrá con más facilidad ver esa parte positiva.

Si llevamos este concepto a un ejemplo con más alcance, pues es lo mismo. Cuando una persona se prepara unas oposiciones en las que por ejemplo hay un límite de edad para presentarse, lo suyo es pensar en qué hará en el caso de que no las apruebe y no se pueda presentar más veces. Esa posibilidad existe y hay que contemplarla.

Porque si no, imaginaos el batacazo. Además, creo que contar con que algo nos puede generar una emoción, le resta miedo a que las cosas se trunquen. Depositar todas las ilusiones en algo puede ser irresponsable de cara a un@ mism@. Es como jugárselo todo a una carta. Guardar la ropa es un acto de amor hacia nosotr@s mism@s.

Y no, no se trata de ponernos siempre en lo peor y de anticipar todo lo horrible que puede pasar, porque repito mucho eso de que es peor pensarlo que pasarlo. Sino de tener en cuenta que existe una posibilidad sin obsesionarnos con ello o darlo por hecho.

Marcar como favorito enlace permanente.

Un comentario

  1. A mi me pilló la pandemia y siento que mis emociones fueron atrapadas, seres querido ya no están en casa, hicieron una mudanza sin regreso, es lago duro aceptarlo, pero espero que estén en un mejor lugar y ese recuerdo se calme en mi interior. Gracias por el artículo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.