Hola, soy la impotencia y tengo un mensaje que darte

Es otra de las emociones que se están sintiendo con bastante frecuencia en la pandemia.

¿Qué es? Pues es la emoción resultante de no tener poder sobre una situación por improbable e imposible. También es lo que sentimos cuando no podemos remediar algo. Suele cursar con frustración y desmotivación.

¿Para qué sirve? Sirve para replantearnos nuestros objetivos y para asumir nuestros límites. Tiene que ver con el control. Cuanto más necesitemos controlar lo que sucede a nuestro alrededor, más impotencia sentiremos. Por lo tanto, su antídoto, sería el dejar fluir y aceptar que hay cosas que sí están bajo nuestro control y otras sobre las que no podemos hacer nada.

¿Qué hacer cuando la sentimos?

Lo primero como siempre es aceptar la emoción. Sentirla, no negarla, no enfadarnos o irritarnos por sentir lo que sentimos. A continuación, aceptar la situación. Aceptar que no tenemos poder sobre lo que ha sucedido y que somos una pequeña persona que no puede muchas veces manejar o influir en los fenómenos que nos suceden.

Ya que sirve para que nos replanteemos nuestros objetivos , asumamos nuestros límites y dejar fluir, hagámoslo. Lo de replantear los objetivos parece sencillo. Asumir nuestros límites y dejar fluir es algo que se puede hacer a través de nuestro diálogo interno. Huir de los mensajes “yo debería solucionar esta situación” o “tengo que evitar a toda cosa que eso tan terrible suceda”. Sustituirlos por otros como “todo pasa por algo y para algo” o “igual es que las cosas tenían que ser así”.

También es importante que revisemos nuestras creencias que hay detrás de los pensamientos que nos otorgan esa necesidad de control. Aceptar que hay cosas sobre las que tengo poder y otras sobre las que no. La necesidad de control proviene del miedo y lo mejor para disminuir ese miedo es la confianza. Confiar en el mundo, en las personas, en sus capacidades para salir reforzad@s de una situación, en que a veces las cosas por malas que parezcan, son el comienzo de algo mejor.

A veces sentimos impotencia porque creemos que no se puede hacer nada con respecto a una situación desagradable y lo que pasa es que no lo hemos ni siquiera intentado porque nos hemos convencido de que no va a servir para nada. A eso se le llama indefensión aprendida y es bueno desaprenderla. Prueba a ver, igual sí se puede hacer algo. Habla con esa persona, pon una queja por escrito de eso que te molesta. Te puedes sorprender de cómo las cosas pueden mejorar.

Escribir sobre lo que te genera impotencia siempre te va a dar información importante sobre la emoción y puede que descubras cosas que sin sacarlas de tu mente no descubrirías.

Otras veces sentimos impotencia porque esperamos que las cosas cambien, sin cambiar nuestro comportamiento. Esperar resultados diferentes cuando nuestra actitud no cambia no es para nada realista.

Puede que la impotencia nos muestre lo que no podemos hacer, pero puede que nos esté ocultando lo que sí podemos hacer. ¿Estás viendo todas las opciones o te has quedado con una sola?

Intenta pensar si lo que te pasa le pasara a otra persona, ¿qué consejo le darías? ¿Qué opciones verías? Salirnos un poco de nosotr@s mism@s nos puede ayudar a encontrar otros enfoques.

Y por último recordar que las emociones desagradables nos ponen a prueba para que desarrollemos estrategias para no hundirnos cuando nos sentimos así. Un mínimo de aflicción es el pase para una vida significativa.

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