No tardes demasiado en darte cuenta

El otro día me llegó por alguna red social un mensaje que decía algo así como “Te pegaste toda la vida esperando a que sucediera el milagro sin darte cuenta de que el milagro eras tú”.

Y me gustó un montón.

En este diálogo interno que llevamos de “tengo que hacer”, de exigencia constante, de medirnos por el resultado de nuestras acciones, se nos olvida que ya somos perfectos. Se nos olvida estar y ser de tanto hacer.

Vivimos haciendo. Produciendo. Ejecutando. Cumpliendo objetivos. Llegamos al final del día y el único rato que tenemos para nosotros es el de leer un poco antes de dormir, o ver una peli o mirar un rato el ordenador.

En la era en la que estamos todo el tiempo ocupados, se nos pasa el tiempo volando. Y educamos hijos que están todo el día ocupados.

Con lo bueno que era tirarse en la hierba a adivinar la forma de las nubes. Perder el tiempo. Ganar la vida. Observar, respirar, no hace nada. Deleitarse con lo que ves por la ventana. No hace falta ser tan extremo como este hombre, pero se le ve bastante feliz, ¿no?

Y hacer un buen repaso de todas las cosas que ya has conseguido.

Estos días estoy haciendo el ejercicio de escribir 100 cosas que he logrado en la vida. ¿Podrías enumerar 100 de tus logros aquí y ahora? Yo te podría decir 100 cosas que lograste ayer. Y probablemente no te haya visto en mi vida. Nuestra vida está llena de logros diarios, pero no les damos importancia.

Y por ello nos pegamos el tiempo logrando objetivos que quizá no nos hemos planteado si queremos o no. ¿Realmente necesitamos ganar tanto dinero? ¿Tenemos que tener una casa en propiedad? Si viajar vale tanto, ¿no es mejor vivir más relajados en el día a día en lugar de exprimir nuestra energía durante todo el año para pagar un súper viaje que dure dos semanas?

Lo que no sobra nunca es el tiempo. Qué canalla es. Juega con nosotros. El ser humano aún no le ha pillado el tranquillo, ni creo que lo consiga. Intenta controlarlo, paralizarlo, pero el tiempo pasa. Somos caducos. Finitos. Lo que antes era, ya no es. Lo que es, dejará de serlo. Pero se nos olvida. Y no lo aprovechamos bien.

Y estamos cansados de conseguir muchas cosas día a día. Pero se nos olvida que somos un milagro. Se nos olvida disfrutar de lo que somos. De lo que podemos hacer. De lo que tenemos. De quienes nos rodean.  Del aire que respiramos, de la comida, de las duchas calientes, de los calcetines secos, de la llamada de una amiga, de la calma y el aburrimiento.

No lo olvides.

No lo olvides.

Como este jueves, no va a haber otro.

Disfruta de lo que eres, de lo que vives, de lo que haces. Y si no te gusta, cámbialo. Empieza hoy. Es difícil, que sí, que ya lo sé. Pero lo que tiene que ser más que difícil es echar la vista atrás y darte cuenta de que la vida era esto y que no te hiciste feliz. Tiene que ser desagradable. Duro. Frustrante. Doloroso. Desgarrador. Y sobre todo, IRREVERSIBLE.

Tú decides.

Tú decides.

Así que, puesto que aún tiene remedio, ponte a ello.

Marcar como favorito enlace permanente.

2 comentarios

  1. Pingback: Educar no es cómodo ni fácil ni agradecido a corto plazo

  2. Pingback: 100 cosas que lograste ayer (y no te conozco de nada) - bienpensar.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.