Y tú, ¿perdonas u olvidas?

Se nos ha planteado siempre esta dicotomía como única forma de reaccionar ante los agravios. Pero desde la inteligencia emocional, no es correcto.

¿Qué respondes?

¿Qué respondes?

Es como si el rencor mediatizara el significado del perdón.

Perdonar no es olvidar ni recordar. Aunque si “olvidas”, de alguna manera, estás perdonando. Pero perdonar y amnesia no son sinónimos.

Cuando alguien nos hace algo, nos sentimos dolidos. Yo lo asemejo con las heridas físicas. Necesitan un periodo de tiempo y unos cuidados para curarse.

Pues los perjuicios que nos hacen los demás, hacen un tipo de herida emocional. Con tiempo y ciertos cuidados pueden curarse, o sea, perdonarse.

¿Cuáles son estos cuidados? En el caso de la herida física sabemos cuáles son: curarla cada día, protegerla de nuevas agresiones, tocarla lo justo y con cuidado, limpiarla, airearla… Que no se ensucie, no exponerla a elementos riesgosos, no abrirla intencionadamente…

Y con el tiempo, apenas queda cicatriz.

¿Cómo podemos sanar una herida emocional, que es, lo que supone a fin de cuentas, perdonar?

  • Cuidar nuestros pensamientos. Dependiendo de cómo nos contemos lo que ha pasado, podemos estar hurgando en la herida. El nivel de dramatismo que apliquemos en nuestro discurso puede influir negativamente. Sin embargo, si tratamos de relativizar, puede acelerarse el proceso del perdón.
  • Si nos vemos como pobres víctimas, tampoco estaremos favoreciendo la situación.
  • Tratar de ponernos en el lugar del otro para entender la razón por la que actuó de forma gravosa para con nosotros, puede aligerar el dolor. Comprender no es justificar, pero nos ayuda a entender que también nosotros podríamos ser capaces de cometer algo semejante.

perdón

  • No estar todo el tiempo pensando en el dolor que te generó. De hecho, eso es el sufrimiento: el recuerdo del dolor. Y el sufrimiento nos lo provocamos nosotros mismos.
  • Que la otra persona te muestre su arrepentimiento ante lo sucedido, ayuda, aunque no siempre sucede.
  • Y por último, pero no menos importante, es saber que perdonando, los que salimos ganando somos nosotros. Está extendida la creencia de que cuando no perdonamos estamos castigando al otro. Pero no, los únicos que sentimos las consecuencias de no perdonar somos nosotros mismos. Y como dice esta pareja, perdonar nos hace fuertes.

Además de todo esto, cuando por fin consigues curar la herida, no hace falta que la olvides. De hecho, si algo te ha hecho daño, no lo olvides. Porque si lo olvidas puedes volver a hacerlo.

Si coges un cuchillo por el filo, te cortas. Si una vez curada la herida, olvidas cómo te la hiciste, es muy probable que te la vuelvas a hacer.

Si alguien te hace daño, estás en todo tu derecho de no volver a tener relación con esa persona, a pesar de que la hayas perdonado auténticamente.

Así que espero que tras estas reflexiones, entiendas un poco mejor el perdón.

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