Que nadie te robe el mes de abril

Soy fan de Sabina desde antes de entender sus letras, muchos viajes en coche de pequeña con sus canciones de fondo. Precisamente, la que inspira este post, la voy entendiendo más según la voy escuchando.

Que te roben el mes de abril, yo lo entiendo como que te quiten la alegría, como que entre la tristeza en tu vida, que tengas la sensación de que te hayan robado el tiempo, una de las  muchas cosas irrecuperables en esta vida…

El probema es pensar que tienes tiempo. Buda.

El problema es pensar que tienes tiempo. Buda.

Al hombre del traje gris, a la chica de bup y a la madre de Joaquín, les han pasado cosas dolorosas, tristes, les han quitado la alegría, se han sentido engañados, decepcionados o piensan que quizá hayan invertido mal su tiempo.

La verdad es que a mí también me pone bastante triste escucharla. Sobre todo cuando me imagino a esta señora viendo Falcon Crest, marchitándose. Ay, qué pena… (es esa pena la que me llevó a buscar explicación en lo racional para no morirme de tristeza, no podía imaginar que la vida fuera tan melancólica, y aquí estoy, bienpensando).

De pequeña me embargaba la tristeza y de mayor trato de mantenerla a raya.

De pequeña me embargaba la tristeza y de mayor trato de mantenerla a raya.

No quiero cargarme esta canción, pero si la analizo desde la inteligencia emocional, cosa que necesito para que la pena no me embargue, me doy cuenta de que, sí, les han podido pasar cosas muy desagradables, difíciles de superar en un primer momento, pero de todo se sale. SÍ, DE TODO. ¿Se olvida? No, hombre, no, que la inteligencia emocional no pretende que nos quedemos amnésicos. Se supera, se comprende y uno toma su responsabilidad en lo que le ha pasado no para culparse, sino para tratar de no repetir en un futuro.

Y si no me crees, aquí te dejo un ejemplo de un chaval que se quedó sin familia un día. Dudo mucho que haya sido fácil superarlo, pero lo ha hecho. Ha seguido adelante y eso es lo importante.

Si el hombre del traje gris se dio cuenta de que había estado perdiendo su juventud en un trabajo mediocre, aún está a tiempo se remediarlo. Mientras hay vida, hay esperanza.

La chica de BUP… tuvo una primera mala experiencia en el amor, bastante mala, pero si tuvo el hijo, probablemente crea que es la mejor decisión que ha tomado. Con toda la vida por delante… seguro que pudo aprender a tomar mejores decisiones.

Y en cuanto a la madre… Marchitarse en el sofá derrotada… ¡no mola nada! Seguro que disfrutar de la libertad que le da la soltería o conocer a otros hombres, entre infinitas opciones, podrían ser salidas de ese salón apagado.

No sé si es que tengo que luchar contra mi propia tristeza, contra la que me generan estas historias, o simplemente quiero que nadie escuche esta canción y decida marchitarse lamentándose de lo que le han quitado… ¡No seamos víctimas! Es mejor ser feliz y eso no deja de ser una elección. Sí, hay que estar triste cuando el cuerpo lo pide, pero que dure lo justo.

Os deseo un “mes de abril” propio, con vuestros propios objetivos, en el que decidáis, en el que seáis protagonistas de vuestras historias y conscientes de vuestras posibilidades.

L@s niñ@s no se portan mal, se portan como niñ@s.

Es tarde tengo escuela de madres y hablaremos sobre los conflictos. Sí, ya sé que el post de la semana pasa iba sobre este  mismo tema, pero me he encontrado con algunas frases en la elaboración de esta sesión que me han encantado.

Muchos de los conflictos que se dan en la vida están relacionados con las expectativas. Quienes me seguís desde hace unos meses, quizás recordéis algunas frases que he repetido en varias ocasiones del tipo “Las expectativas dañan perjudicialmente la felicidad”. Pues con los hijos, ni te cuento.

Dejarnos sorprender por la realidad es mejor que tener expectativas.

Dejarnos sorprender por la realidad es mejor que tener expectativas.

Estamos tan acostumbrados a esperar que las cosas sean de una determinada manera, que cuando no lo son (la mayor parte de las veces), nuestra frustración es altísima, lo cual crea un caldo de cultivo fértil para el conflicto. Podemos planificar nuestro día, proyectar una empresa, programar un viaje; nunca será tal cual lo pensamos, pero puede acercarse.

Peno no podemos planear a nuestro hijo. Y esto quizá podría entrar en contradicción con un post reciente sobre ser reactivo o proactivo. Pero no, porque la diferencia está en idear un niño o idear su educación. Y la base de esta segunda idea es hacerse la siguiente pregunta: ¿para qué educo a mi hij@? Puedes tomarte todo el tiempo que necesites para contestarla. Pueden surgir muchas respuestas.

Sin querer (o queriendo) influenciaros, una respuesta puede ser “que sea feliz”. Pero claro, hay muchas formas de ser feliz. Tu objetivo es uno, amplio, pero se puede manifestar de muchas maneras, ya que la definición de felicidad es “bienestar subjetivo”, es decir, un bienestar propio de uno mismo.

Una forma de contribuir a este objetivo, es respetar a tus hijos como son, aceptándolos. Me encuentro con frecuencia padres y madres frustrados porque sus hijos no les obedecen, porque tratan de salirse con la suya. Esto es fruto de la falsa creencia de que los niños tienen que ser obedientes, sumisos y dóciles. De hecho, su misión, su deber, su obligación para un adecuado desarrollo evolutivo es retarte, desobedecerte.

No lo hacen para fastidiarte.

No lo hacen para fastidiarte.

Que comprendas que forma parte de su naturaleza, te ayudará a cambiar esa creencia y a gestionar los conflictos de forma menos personal. Eso sí, no significa que justifiques sus comportamientos, ya que estos deben ir acompañados de una consecuencia.

Dar una buena educación no es un proceso cómodo.

Dar una buena educación no es un proceso cómodo.

Sé que es difícil tanto cambiar la creencia como poner en práctica una nueva manera de reaccionar ante las “trastadas” de tus hijos, pero es algo que te va a beneficiar a ti directamente. Sí, porque de esta manera, tú serás más dueñ@ de tus actos y te comportarás de la forma que realmente quieres, mostrándote coherente y equilibrad@ ante tus hij@s. No te sentirás culpable por haber gritado demasiado o por poner un castigo exagerado y de esta manera podrás mantenerte firme. De lo contrario, en pleno arrepentimiento, serás una presa fácil ante las caritas de pena de tus hij@s y podrás entrar fácilmente en manipulaciones que no son nada buenas para las relaciones.

¡Espero que os sea útil!

¿Quiero mejorar por mi bien o para ser más perfecta?

Pues está muy bien que te preguntes esto, porque dependiendo de la respuesta tendrás éxito o no.

¿Por qué? Porque de la intención que tengas, depende todo.

Porque cuando lo haces por tu bien, lo haces por ti. Y cuando lo haces para ser más perfecta, lo haces por los demás. Deja que te diga una cosa: perfecta, ya eres. Dejas de serlo cuando te comparas con los demás.

¿Y cómo saber si lo haces por una u otra razón? Pues a base de preguntas, auto observación y reflexión. Tirando del ovillo. Sólo tú tienes la respuesta. Eso sí, has de ser sincera contigo misma, muchas veces no nos gusta admitir que hacemos las cosas por agradar a los demás o para obtener su aprobación. Pero muchas veces lo hacemos por eso. Claro que a todos nos gusta que nos halaguen, gustar o, cuanto menos, que no nos critiquen. Pero el peligro es perder el norte de lo que queremos.

Tú tienes todas las respuestas a todas tus preguntas.

Tú tienes todas las respuestas a todas tus preguntas.

¿Tan difícil es creernos que ya somos perfectos? Según la Real Academia de la Lengua Española, hay dos definiciones de la palabra perfecto que nos pueden ilustrar: “Que tiene el mayor grado posible de bondad o excelencia en su línea” y “Que posee el grado máximo de una determinada cualidad o defecto”.  Pues es que nosotros ya lo somos. ¿Por qué? Porque somos únicos, incomparables, genuinos, irrepetibles.

NI HAY, NI HA HABIDO, NI HABRÁ JAMÁS NADIE COMO TÚ.

QUE TE QUEDE CLARO.

Si quieres mejorar, que sea por ti, al margen de lo que les parezca a los demás.

Mejora, pero desde la aceptación de tus defectos. Incluso desde mirarlos con cariño y comprensión. Míralos con humor, trátalos con amor. Y podrás cambiarlos con mayor facilidad. O incluso puedes darte cuenta, de que a tus ojos, no están tan mal y decidir quedártelos.

Es una cuestión de tratarte bien. Porque mejorar es un proceso que requiere de cariño para contigo. Para empezar, porque seguro que no estás tan mal como crees. Porque simplemente por el hecho de que quieras mejorar, ya implica que tienes cierto nivel de autoevaluación y autoobservación, que te cuidas, vaya. Trabajo con personas constantemente que quieren mejorar y veo que tienen una visión de sí  mismas o del problema a tratar peor de lo que yo percibo. Están mucho mejor de lo que creen, pero su visión de la situación es pesimista.

Este vídeo, que me gusta ver de vez en cuando, creo que puede ir muy bien para ilustrar este texto. Imaginarme dentro de 30 años, echando en falta mi fortaleza, mi salud, mi jovialidad, mi piel, mi agilidad, los seres queridos que ya no estarán… Me sirve para darme cuenta de que ahora ya tengo cosas que son irremplazables, importantes de verdad y eso me hace valorarlas y sentirme dichosa de disfrutarlas. Entonces me doy cuenta de que muchas cosas que “me faltan” son CHORRADAS. Mejorar está bien, pero lo que ya soy, lo que ya tengo, es suficiente para ser feliz.

Estar “mal” no le gusta a nadie, pero a veces hay que aprender a estar bien estando mal. Porque nada es tan grave, de todo podemos a prender, de todo podemos reírnos y todo pasa.

Ríete hasta de tu sombra.

Ríete hasta de tu sombra.

Darle la importancia justa a las cosas y no presionarnos demasiado es lo que nos va a dar al final, una mejor calidad de vida.

No olvides lo importante.

Cuanto más te enfades, peor resolverás un conflicto

El conflicto es algo inherente a la vida. Los tenemos con nosotros mismos, con las circunstancia que nos rodean, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestra familia, con nuestra pareja, dilemas morales… Y, cómo no, con los hijos.

Cuanto más estrecho es el vínculo que te une a la persona con la que tienes el conflicto, más difícil es solucionarlo. ¿Por qué? Porque es más fácil que nos lo tomemos como algo personal. Y cuanto más personales te tomas las cosas, peor, menos autocontrol tienes para gestionar la situación.

Tal y como he empezado diciendo, hay que partir de que los conflictos no sólo son inherentes a la vida, sino que son oportunidades de mejorar las situaciones. ¿Cómodos? No, pero negarlos no va a hacer que desaparezcan y antes o después se pueden volver en nuestra contra.

Cuando padres y madres me hacen consultas sobre conflictos que tienen con sus hijos, hay un componente de enfado por el simple hecho de que surja el conflicto. Y eso ya es lo primero que nos dificulta poder solventarlo adecuadamente. No es que haya que alegrarse, simplemente hay que aceptarlos como vienen.

Enfadarnos nos resta poder.

Enfadarnos nos resta poder.

De cómo reaccionemos ante los conflictos, dependerá cómo nuestros hijos aprendan a reaccionar. Sean del tipo que sean. En general, hay que enfadarse menos, en el momento oportuno y con la persona adecuada. Cuanto más tranquilos estemos, más eficientes seremos a la hora de resolver el problema que sea.

Podemos enseñarlas a resolver conflictos si nosotros los resolvemos adecuadamente.

Podemos enseñarlas a resolver conflictos si nosotros los resolvemos adecuadamente.

¿Qué hacer entonces para resolver los conflictos adecuadamente?

  • No te tomes nada como personal. Muchas veces padres y madres comentan sobre sus hijos “me ha suspendido dos”, “me ha pisado todo el fregado” o frases por el estilo. Al igual que la gente no nos hace cosas, sino que la gente hace cosas que nos sientan de una u otra manera, con los hijos es lo mismo. Vigila tu lenguaje interno, porque en función de cómo te cuentes lo que sea que te haya pasado, tu reacción podrá ser más o menos controlada por ti.
Escoge un lenguaje interno constructivo.

Escoge un lenguaje interno constructivo.

  • Esto supone ver el conflicto a solventar no como un agravio contra ti o como una desobediencia a tus normas, sino como algo aparte de ti. Como algo entre tú y tu hijo que hay que solventar pero no como una lucha de razones o una comparación constante de argumentos.
  • Escuchar. Dejar que ambas partes hablen desde su visión, tanto de lo que sienten como de lo que piensan y si es en este orden, mejor. Es más fácil entendernos cuando hablamos de cómo nos sentimos porque ahí nos mostramos más vulnerables y abiertos y esto suele generar en el otro empatía y apertura. Si sólo nos comunicamos desde la razón, es más fácil que el otro pretenda convencernos o tener su razón.
  • Piensa que cada vez que reacciones de esta manera ante la resolución de un conflicto con tu hijo, le estarás enseñando formas mejores de que él los gestione, cosa que va a ser muy beneficiosa en sus relaciones.
  • No evites el conflicto, pero tampoco lo busques.
  • Hay que saber darse cuenta de en qué jardines nos metemos y si estamos dispuestos a llegar hasta el final. Si estás cansad@, si has tenido un mal día o si no tienes muy claro lo que hay que solventar, no te metas en materia. Que la resolución de conflictos tenga un poco de planificación y que tú te encuentres en tus mejores facultades para ello.
Si tienes un mal día, aborda el conflicto en otro momento.

Si tienes un mal día, aborda el conflicto en otro momento.

  • Es importante que tengas claro el conflicto, delimitado, bien explicado. No todo lo que te molesta son conflictos.
  • Una vez que vayas dominando el arte de resolver conflictos, puedes incluso empezar a prevenirlos. Como por ejemplo, no anticipando acontecimientos con niños pequeños sobre planes que tienes en el futuro que no sabes si se van a poder materializar o no dar opciones si en el fondo lo que quieres que hagan es lo que tú quieres.

Espero que estas pautas os sirvan para manejaros mejor en vuestro día a día con los conflictos y si hay algo que se me escapa o algún ejemplo concreto que no sepas cómo afrontar, estaré encantada de responder tus dudas.

Si sé que es bueno, ¿por qué no lo hago?

Si sabemos que algo nos mejora como personas, ¿por qué nos ponemos obstáculos? ¿Por qué es tan poderosa la comodidad? Dejar de fumar, comer fruta cada día, apuntarme a cosas que siempre me han gustado (montar a caballo, dibujo, escritura), cuidar mi alimentación, ir a correr, ahorrar, ser más alegre y buena persona, leerme el periódico cada día, estudiar algo…

Muy interesante la consulta que me hacen esta semana… Porque además yo creo que nos pasa a todos.

Hay muchas cosas que son buenas o malas para nosotros mismos pero no siempre supone que actuemos en consecuencia. No siempre hacemos lo beneficioso ni evitamos lo perjudicial.

En muchas ocasiones, el motivo viene dado por el hábito y el hábito, por una decisión o un aprendizaje, entre otros factores. En mi formación sobre PNL aprendí que es difícil dejar de fumar, por ejemplo, si no desmontas la causa que te llevó a iniciarte. No digo que sea la única manera de hacerlo, pero lo facilita mucho más si sabes que comenzaste pretendiendo aparentar algo que no eras, por ejemplo. Cuando desmontes esa creencia será más fácil que te deshagas de la costumbre.

Influyen muchas cosas a la hora de cambiar nuestra conducta. Creo que el convencimiento profundo de querer llevar a cabo el cambio es clave. Y lo suyo es que quieras profundamente hacer eso, no querer agradar a alguien con tu cambio o parecer más lo que sea con la consecución de tu meta. Sólo sirve si lo haces por ti.

También tiene mucho que ver el temperamento, hay personas más predispuestas a plantearse metas y a persistir hasta alcanzarlas, pero la educación que se haya recibido en ese aspecto, también es clave. Que te hayan educado en la autodisciplina, en el esfuerzo, en la constancia, que hayas visto esas actitudes en casa, influye mucho.

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Por otro lado, los mismos cambios no cuestan lo mismo a todo el mundo, hay gente que tiene mayor facilidad para dejar un mal hábito o mayor dificultad para iniciar uno beneficioso.

Y, cómo no, la autoestima juega un papel clave… Si sé que algo es bueno o malo para mí, si me autoestimo lo suficiente, tendré mayor motivación para ser consecuente con ello. Los obstáculos que nos ponemos no son más que dudas de ese amor hacia nosotros mismos.

Claves: autoconocimiento y autoestima.

Claves: autoconocimiento y autoestima.

Sí, la comodidad y la pereza no son las mejores aliadas para conseguir nuestros logros, ahí también influye el temperamento que tengamos, pero creo que no es tan determinante. De hecho, la pereza también es un síntoma de desamor hacia uno mismo.

La pereza es un síntoma de desamor hacia uno mismo.

La pereza es un síntoma de desamor hacia uno mismo.

Cambiar las costumbres es algo que cuesta, porque físicamente al organismo le supone un gasto de energía extra. Es decir, cuando automatizamos conductas, lo hacemos porque es más rentable para nuestro cuerpo. No tenemos que pensar cada vez que nos disponemos a conducir, si lo que hay que hacer es pisar el embrague y luego el freno o meter primera, sino que lo hacemos “sin pensar”. En este caso está bien, si lo hacemos bien. Pero cuando lo hacemos con conductas que queremos cambiar, quitar el automático supone un sobreesfuerzo para nuestro organismo.

No podemos obviar la procrastinación… ¿Sabes lo que es? En este vídeo te o muestran perfectamente.

¿Qué hacer para poder llevar a cabo estos cambios?

  • Priorizar, no podemos llevar varios cambios de hábitos a la vez porque nos va a costar mucho y es fácil que caigamos en el intento. ¿Cuál es el más importante? ¿Cuál me va a hacer sentir mejor? ¿Cuál es el que más me apetece? ¿Cuál es el que me va a costar menos? Quizá si empezamos por éste, nos vamos a motivar para continuar con otros…
  • Una vez escogido el primero preguntarnos por qué realmente queremos cambiarlo. Hemos de tenerlo súper claro.
  • Está bien trazarnos un plan, facilitarnos la consecución de objetivos. Siempre propongo trocear los objetivos en miniobjetivos para hacer metas más alcanzables y así poder ver qué se ha conseguido, qué no, premiarse por los logros y rectificar para acercarse más a las metas.
  • Ponérnoslo fácil: si quieres cambiar de hábitos alimenticios, no tengas tentaciones en casa. Cuando hayas adquirido el hábito de comer mejor, podrás cometer excepciones, pero mientras lo estés afianzando, mejor que no.
Muchas veces no planificamos nuestros cambios de hábitos.

Muchas veces no planificamos nuestros cambios de hábitos.

  • Cuando vayamos a abandonar o a hacer demasiadas excepciones, recordarnos por qué decidimos llevar a cabo el cambio, en qué nos beneficia.
  • Convencernos de que nos merecemos ese cambio, que somos dignos de llevar una vida mejor. Esto puede sonar raro, pero muchas veces es la clave.

¡Espero que con estas explicaciones y consejos, puedas conseguir con mayor facilidad los cambios que te propongas!

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