Si pudiera volver atrás…

Escribo este post inspirada en este vídeo.

Me habría atrevido a más cosas, porque ahora sé que no pasa nada si no salen.

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Tu cuerpo es perfecto.

Por la sencilla razón que te sirve para vivir. Es la máquina más perfecta jamás construida.

Estoy cambiando por unos días de aires, no puede decirse que sean vacaciones porque estoy trabajando, y me he venido a la playa.

Es interesantísimo cómo el horizonte abre la mente, adoro mis montañas pero poder mirar más allá es necesario y eso los montes que rodean Ansó, no me lo permiten. sigue leyendo

¿Corto la relación con mis padres para que no me hagan daño?

Aquí os dejo la consulta y mi respuesta sobre cómo gestionar la relación con los padres cuando somos adultos.

“Quería saber si es conveniente cortar del todo la relación y alejarse de tus padres cuando la relación esta haciéndote daño y no la puedes arreglar. El tema es que me separé y fui a vivir a un piso vacío suyo pagando gastos y un alquiler simbólico. Eso les dio derecho a tratarme como si tuviera trece años con normas y críticas continuas. Me decían continuamente que ésa no era mi casa y que me buscara una casa donde vivir… Muchos enfados… Hasta que ya ni cuando nos veíamos de vez en cuando podían mostrar alegría, siempre broncas y normas y críticas hacia mí. sigue leyendo

Sutiles faltas de respeto a l@s niñ@s

Como ya sabéis, entre otras cosas, me dedico a dar cursos a padres y madres sobre cómo educar con inteligencia emocional a l@s niñ@s. Trato de hacer bastante hincapié en el respeto ya que es una importante base para la autoestima que desarrollen en un futuro y una especie de garantía para una buena salud mental. Mira a tu hij@ como alguien aparte de ti, con curiosidad, sin expectativas, sin juicio, sin opinión.

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No pasa nada y, si pasa, se le saluda

Hoy no se me ocurre nada sobre lo que escribir…

Será que para ser junio, casi apetece volver a encender la chimenea y que haga frío a estas alturas me afecta…

Será que no estamos siempre igual… Y, ¿no pasa nada, no? Y si pasa, se le saluda… como el título de un libro que cada vez tengo más ganas de leer.

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¿Era esto lo que esperabas sobre ser madre?

Ayer, día de la madre, las redes sociales se llenaban de felicitaciones, fotos, reconocimientos y agradecimientos. Pero todos los días no son así.

Felicítate tú cada día.

Felicítate tú cada día.

¿Era esto lo que esperabas sobre ser madre? ¿No iba a ser todo maravilloso? ¿Cómo es que hay que dar tanto sin esperar nada a cambio? ¿A veces te dan ganas de pedir la hoja de reclamaciones de la vida por su publicidad engañosa? Por tu cansancio, por tus frustraciones, por tu infinita pero, aparentemente, insuficiente paciencia, por la culpa que sientes, por comportarte como no quieres muchas veces, por sentir que se te hace grande esto de ser madre… No pasa nada si la respuesta es que sí. Porque esto se lo escucho a muchas. Nadie te habla de la parte oscura de la maternidad, física, psicológica y social.

No es tan fácil...

No es tan fácil…

Afortunadamente, cada vez hay menos tabú sobre estas sombras y ello genera que se lance un rayo de luz y sea más llevadero. ¿Soy la única a la que se hace cuesta arriba la maternidad? ¿Nadie más que yo ha tenido depresión post parto? ¿Sólo yo me siento culpable por querer estar un rato para mí sin mis hijos? ¿Nadie más ha tenido un miedo terrible a no saber cuidar bien a su bebé? ¿Sólo yo me siento fatal cuando la maestra me dice que mi hijo se porta muy mal?

Se va desmitificando a la madre perfecta.

Se va desmitificando a la madre perfecta.

No eres la única que tiene estos momentos de flaqueza, aunque casi todas lo sufren en silencio. Porque da mucho miedo equivocarse. Te voy a dar dos noticias: una es que te vas a equivocar, no lo puedes evitar. La otra, es que equivocarse no es malo, es inherente a la vida y al aprendizaje. Cuanto más te equivoques, más aprenderás.

Si nos contáramos las cosas nos sentiríamos menos solos.

Si nos contáramos las cosas nos sentiríamos menos solos.

Y cuando eso suceda, trátate bien. Quiérete mucho. Compréndete. Consuélate. Achúchate. Porque si no lo haces, ni la manualidad de tu peque tal día como ayer, ni un ramo de flores, ni un pase para un spa, te harán sentir bien. Y si no te sientes bien, es mucho más difícil que lo hagas bien. Porque, además, ¡para tus hij@s eres la leche!

Lo estás haciendo lo mejor que sabes, lo estás haciendo genial, cada día lo haces mejor y ese es el reconocimiento que te debes dar. La culpa no sirve para aprender, no te castigues por equivocarte, eso está obsoleto.

Sólo el amor y la comprensión hacia ti harán que te sientas mejor y seas mejor madre cada día.

Quizá no era esto lo que esperabas, pero tampoco esperabas otras cosas maravillosas que sí suceden. Agárrate a ellas, porque son las que van a compensártelo todo. Da la importancia justa a las cosas y disfruta, siempre serás madre, pero este tiempo mientras son pequeñ@s no volverá.

 

Eso que nos irrita tanto de los demás…

Cada vez que me sacaba de quicio que una persona exigiera su máxima comodidad para estar bien al margen de que estuviera entorpeciendo a los demás, estaba proyectando. Porque a mí también me gustaría estar comodísima, pero me han ensañado que tengo que ser sufrida y lo soy, pero no por voluntad propia.

Cuando me molestaba que alguien a nivel académico o profesional intentara algo que yo no había hecho, estaba proyectando. Porque era algo que yo no me había atrevido a hacer y me lo pasaba por los morros que sí se puede.

¡La envidia no es tan mala!

¡La envidia no es tan mala!

Cuando no soportaba que alguien le echara mucho morro a la vida, estaba proyectando. Porque a mí me hubiera gustado hacerlo, pero era más importante el qué dirán, que lo que yo pudiera conseguir.

Cuando criticaba a alguien por ser tan empalagosa con su pareja, estaba proyectando. Porque a mí me gustaría que la mía fuera más cariñosa conmigo, pero como voy de progre e independiente por la vida, no permitía que fuera así.

¿Por qué te molesta tanto?

¿Por qué te molesta tanto?

Cuando se me soltaba la lengua para poner a caldo a una chica con una vestimenta estrafalaria que veía por la calle, estaba proyectando. Porque yo me estaba reprimiendo de vestirme de alguna manera menos convencional, pero no me atrevía.

Cuando señalas a otro, tres dedos apuntan a ti.

Cuando señalas a otro, tres dedos apuntan a ti.

Cuando me contaban que alguien se había ido a vivir a un pueblo y yo, con condescendencia y altivez, pensaba “a ver cuánto dura”, estaba proyectando. Porque yo también quería, quería muchísimo hacer lo mismo, pero me había convencido de que sería incapaz de lograrlo.

Con lo bien que estoy ahora yo en el mío...

Con lo bien que estoy ahora yo en el mío…

Ahora soy consciente de todo esto, y esa crítica, esos juicios, esa rabia, los he convertido en información útil para mi vida. Es como utilizar la basura como combustible. Al igual que cuando os hablé de la envidia, cada vez que proyectamos, podemos obtener un montón de información sobre nosotr@s mism@s.

Negar que proyectamos, como negar la envidia, son actitudes normales, pero hay que gestionarlas adecuadamente. No debemos juzgarnos por ello. Todo el mundo proyecta, todo el mundo siente envidia. Y NO ES MALO.

Aceptar que proyectar es un mecanismo de defensa, puede facilitar que aceptemos con mayor facilidad la información que nos proporciona la propia proyección. Ganaremos en autoconocimiento, autoestima y humildad entre otras.

De verdad, cada vez que algo te saque de quicio, párate a pensar, ¿por qué me molesta tanto esto? ¿Lo hago yo? ¿Qué tiene que ver conmigo? Porque una cosa es que algo te moleste porque es una falta de respeto o porque le molestaría a cualquiera, no son este tipo de cosas a las que me refiero. Sino a las experiencias que te tocan especialmente, que te enervan y que no puedes controlar que te irriten tanto.

Una vez, en pleno verano, una amiga iba con botas de agua, eran muy chulas, eso sí, pero no llovía y no era un calzado muy apropiado para esa época del año. Las llevaba casi todos los días. Y un día, tomando algo en un bar, vio a otra chica que no le caía muy bien que llevaba un corsé, era bastante original y no le quedaba nada mal. A mi amiga le faltó tiempo para comentar que era muy poco apropiado ir con esa prenda. Todos los que estábamos alrededor, tuvimos que hacer alusión a su calzado, ya que puestos a escoger… era menos adecuado que el corsé de la otra chica.

Con esto quiero decir que muchas veces  no vemos lo que está a los ojos de todo el mundo y que si nos queremos engañar, podemos hacerlo, pero es mucho más práctico no hacerlo.

Que tus hij@s decidan lo que son.

Describir el comportamiento de los demás y opinar sobre él es de mala educación, ¿lo sabías?

Pues entonces hemos sido educad@s por personas extremadamente maleducadas porque yo desde que tengo uso de razón he escuchado mensajes que me describían: si me parecía a mi madre, que era más lista que las pesetas, qué peluda era, qué vaga era, que esperaban que sacara buenas notas, que era muy desobediente… El lenguaje que utilizamos es muy poderoso, estructura nuestra realidad y la de nuestr@s hij@s. Debemos acostumbrarnos a ser más neutros con el lenguaje a la hora de describir sus actitudes y partir de un mayor respeto.

¿A quién le das poder para que te cuente la realidad?

¿A quién le das poder para que te cuente la realidad?

La verdad es que si nos ponemos a hablar, qué difícil es hacerlo correctamente desde el punto de vista de la inteligencia emocional… La comunicación entre iguales es complicada. Educar es un acto que hacemos a través de la comunicación verbal también. Aunque si me seguís, habréis detectado que abogo más por el ejemplo que por la palabra.

Muchas veces utilizamos mensajes poco respetuosos porque dan un rápido resultado en cuanto a lo que queremos conseguir de la conducta de nuestr@s hij@s. Pero esos mensajes van llenando el recipiente del cual se nutre lo que ellos piensan de ell@s mism@s.

Nuestras palabras son semillas.

Nuestras palabras son semillas.

Creo que podríamos estar más callad@s, calibrar mucho más lo que decimos y cómo lo decimos y para que lo decimos. Porque las palabras tienen una gran influencia en la conducta de l@s niñ@s, en su pensamiento y en su forma de tratarse.

Cuando somo pequeñ@s, no podemos hacer oídos sordos.

Cuando somo pequeñ@s, no podemos hacer oídos sordos.

La forma en que hablamos a l@s niñ@s se convierte en su voz interna.

Fijaos el gran poder que tenéis sobre su autoestima. Creo que para unos padres, que su hij@ tenga una buena autoestima es súper importante. Pues es tan fácil como tratarles siempre con respeto. Bien, la teoría está clara, ¿pero qué es exactamente respetuoso?

  • ¡Eres la más guapa del mundo!
  • ¡Qué mentiroso eres!
  • ¿Te quedas a dormir en casa de tu amiguit@? ¿Me dejas sol@?
  • Sacar un 7 no es suficiente.
  • Eres una vaga.
  • ¡Cómo te estás poniendo, eh!
  • Hablar de ellos con otras personas como si no estuvieran.
  • Tú sabrás lo que tienes que hacer.
  • A ver cuánto te dura esta vez el capricho…
  • No vas a poder, ya lo hago yo, lo vas a romper, te vas a… (caer, manchar, hacer daño…).
  • Mira a tu hermano, qué bien se porta, no como tú.

Las frases que empiezan con “eres”, ¡peligro! Van a construir su autoconcepto, lo que opinen de ell@s mism@s. Mira los estragos que tiene en los adultos, pues imagina en l@s niñ@s.

Mucho ojito con los chantajes psicológicos. Ell@s nos quieren y nosotr@s a ell@s, ¿no? Pues dejemos que  nos lo expresen libremente y sin coacción. Si no, pueden tener problemas de dependencia afectiva en sus futuras relaciones.

No somos futurólog@s, ¿no? Pero para nuestr@s hij@s, somos dioses y lo que digamos va a misa. ¿Qué papá dice que me voy a caer? Pues me caigo, porque papá siempre tiene razón.

Te lo dije...

Te lo dije…

Comparar… ¡Somos incomparables, somos únicos y eso está genial! Pero les comparamos. Cada vez que le comparas con alguien, le estás transmitiendo que debería ser de otra manera, que no está bien como es.

Así que reflexionemos sobre cómo nos hablaron de pequeñ@s, cómo nos tratamos a nosotr@s mism@s y cómo queremos que se traten nuestr@s hij@s.

¿Te gusta que tus hijos se parezcan a ti?

El típico comentario cuando conocemos a un niño: “es clavado al padre”, “ha salido a la abuela”, “tiene tus ojos”, “en la mala leche ha salido a su madre”… Aunque también son comentarios que surgen desde los propios padres, ¿no?

Y es que hay casos que son llamativos, comparas al peque con fotografías de su padre o su madre a su misma edad, ¡y son dos gotas de agua!

No obstante, aparte de las semejanzas físicas, también están las psicológicas o comportamentales. Muchas veces me plantean esta duda: ¿el carácter es hereditario? Y claro, yo dedicándome a lo que me dedico, no puedo decir que sí, porque entonces, apaga y vámonos. Tampoco puedo decir que no. Simplemente parto de que hay un porcentaje genético que predispone al niño a ser más o menos temperamental, más o menos extrovertido, más o menos resiliente… Pero todo esto se va a desarrollar en función de cómo se relacione con su contexto.

Los niños hacen lo que ven. Y van a copiar a sus padres con exactitud. Quizá no a los dos, puede haber una predisposición a tirar más hacia uno o hacia otro, precisamente por ese componente biológico del que hablaba antes.

L@s niñ@s hacen lo que ven.

L@s niñ@s hacen lo que ven.

Así que, puesto que te va a copiar, ¿eres consciente del ejemplo que le estás dando? Y no me refiero solamente a si tiras papeles al suelo o a si fumas. Me refiero a otras muchas actitudes del día a día, como por ejemplo:

  • Tu relación con la comida: ¿disfrutas, comes con ansiedad, te sientes culpable después de una opípara comida? ¿Te gusta más o menos todo o le encuentras pegas a muchos alimentos? ¿Comes equilibradamente o vives a dieta?
¿Cómo te relacionas con la comida?

¿Cómo te relacionas con la comida?

  • ¿Te da miedo hacer cosas o te atreves a probar experiencias nuevas?
¿Te atreves?

¿Te atreves?

  • ¿Te relacionas con los demás con naturalidad o son las inseguridades quienes guían tu patrón de conducta?
  • ¿Eres perezos@ o vences la comodidad y disfrutas del movimiento y el bienes que ello genera?
  • ¿Criticas o describes comportamientos? Aprender a utilizar un lenguaje neutro genera emociones menos intensas y más fáciles de gestionar.
  • ¿Qué tipo de mensajes das sobre tu cuerpo? ¿Lo valoras y cuidas o lo menos precias con comentarios negativos sobre él? Este post es muy gráfico sobre las consecuencias que pueden tener comentarios negativos sobre tu cuerpo.
  • ¿Le das más importancia a las experiencias o a lo material?
  • ¿Basas tus decisiones en argumentos reflexionados que te generen bienestar o te dejas llevar por la impulsividad y acabas haciendo cosas que no querías?
  • ¿Basas tus opiniones en tu propio criterio o sacas conclusiones aceleradas sin tener demasiada información?

Pues después de que te hagas estas preguntas y te las contestes, quizás haya alguna de tus actitudes del día a día, que no querrías que tus hij@s te copiaran. Te animo a que trates de cambiarla, pero desde la comprensión.

Es decir, primero es importante que reflexiones sobre lo bueno y lo malo que te ha acarreado a ti esa actitud, motivándote para cambiar. Segundo, si no quieres “pegarle” esas actitudes a tus hij@s y quieres que tengan una vida más fácil en ese aspecto, puedes tratar de introducir cambios. Eso sí, poco a poco y premiándote por ello. El simple hecho de que vean que te esfuerzas por cambiar cosas de ti, les va a dar un gran ejemplo y de esta manera van a aprender que ell@s tienen control sobre su vida y su forma de actuar.

Espero que este post te haya sido útil, ¡hasta la próxima semana!