Una razón por la que es tan difícil educar desde el respeto.

Poner atención en el lenguaje que utilizamos, es muy importante tanto en el trato que nos damos a nosotros mismos como en el que damos a los demás.

¿Eres consciente de cuánto te criticas? ¿O de cuánto te comparas? Si nos ponemos a analizar lo que nos decimos, alucinaríamos de lo crueles que somos con nosotros mismos. Pero con los demás, no nos quedamos cortos, porque proyectamos en ellos lo que no soportamos de nosotros.

Aunque cambie la forma, el castigo puede seguir existiendo.

Aunque cambie la forma, el castigo puede seguir existiendo.

Educamos como nos han educado y repetimos, nos guste o no. A no ser que nos hagamos conscientes de esta repetición, paremos y reflexionemos sobre lo que hacemos y cómo lo hacemos y, conscientemente, elaboremos una forma mejor.

Lo he comentado en otros posts: educar a tu hij@ te enfrenta con el niño que fuiste. Y mientras no te reconcilies con él, te perdones y trates de quererte de forma incondicional, seguirás castigándolo por lo que tú no te perdonas.

Tener un hijo nos conecta con nuestro niño interior.

Tener un hijo nos conecta con nuestro niño interior.

Puede que suene muy extremo este planteamiento. Si tu infancia ha sido tratada con respeto, si te han querido de forma incondicional, si no fueron duros contigo tus padres, probablemente tengas mayor facilidad para ser comprensiv@ con tu hij@.

Pero por desgracia, no todo el mundo tiene esa suerte y cuando se encuentran con sus hij@s, a menudo se descubren haciendo lo mismo que sus padres hacían con ell@s.

Desde un enfoque psicoanalista, mientras no resolvamos nuestros problemas con nuestro niño interior, seguiremos teniendo problemas para educar a nuestr@s hij@s de una manera sana y coherente.

Lo que “funcionó” con nosotros no tiene por qué hacerlo con nuestros hijos, afortunadamente. Las incoherencias, los gritos, los castigos desproporcionados, el miedo, las faltas de respeto, los chantajes psicológicos, las manipulaciones… Pueden dar resultado a corto plazo, pero a largo plazo son bastante destructivos. Es hora de abandonar lo que realmente no sirvió con nosotr@s. No hemos muerto en el intento, no nos mató, pero podríamos tratar de evitárselo a las generaciones venideras.

Trabajo con adultos que arrastran secuelas psicológicas importantes por la educación que han recibido en su infancia, por la severidad con la que han sido tratadas, por las relaciones tóxicas en las que se han criado, por los chantajes que aún a día de hoy les minan la autoestima…

Tomemos conciencia de la importancia que tiene nuestro lenguaje en nuestr@s hij@s, pero antes, perdonemos al niño que fuimos.

No fuimos malos, no fuimos trastos, no fuimos torpes, no fuimos vagos, no fuimos irresponsables, no fuimos marranos. Fuimos niños tratando de aprender a vivir y a relacionarnos y que fallamos intentándolo, como todo aprendizaje, pero también acertamos, aunque se nos felicitara poco por ello.

Una vez asimilado esto, trataremos con mayor comprensión y respeto a l@s pequeñ@s.

¿Era esto lo que esperabas sobre ser madre?

Ayer, día de la madre, las redes sociales se llenaban de felicitaciones, fotos, reconocimientos y agradecimientos. Pero todos los días no son así.

Felicítate tú cada día.

Felicítate tú cada día.

¿Era esto lo que esperabas sobre ser madre? ¿No iba a ser todo maravilloso? ¿Cómo es que hay que dar tanto sin esperar nada a cambio? ¿A veces te dan ganas de pedir la hoja de reclamaciones de la vida por su publicidad engañosa? Por tu cansancio, por tus frustraciones, por tu infinita pero, aparentemente, insuficiente paciencia, por la culpa que sientes, por comportarte como no quieres muchas veces, por sentir que se te hace grande esto de ser madre… No pasa nada si la respuesta es que sí. Porque esto se lo escucho a muchas. Nadie te habla de la parte oscura de la maternidad, física, psicológica y social.

No es tan fácil...

No es tan fácil…

Afortunadamente, cada vez hay menos tabú sobre estas sombras y ello genera que se lance un rayo de luz y sea más llevadero. ¿Soy la única a la que se hace cuesta arriba la maternidad? ¿Nadie más que yo ha tenido depresión post parto? ¿Sólo yo me siento culpable por querer estar un rato para mí sin mis hijos? ¿Nadie más ha tenido un miedo terrible a no saber cuidar bien a su bebé? ¿Sólo yo me siento fatal cuando la maestra me dice que mi hijo se porta muy mal?

Se va desmitificando a la madre perfecta.

Se va desmitificando a la madre perfecta.

No eres la única que tiene estos momentos de flaqueza, aunque casi todas lo sufren en silencio. Porque da mucho miedo equivocarse. Te voy a dar dos noticias: una es que te vas a equivocar, no lo puedes evitar. La otra, es que equivocarse no es malo, es inherente a la vida y al aprendizaje. Cuanto más te equivoques, más aprenderás.

Si nos contáramos las cosas nos sentiríamos menos solos.

Si nos contáramos las cosas nos sentiríamos menos solos.

Y cuando eso suceda, trátate bien. Quiérete mucho. Compréndete. Consuélate. Achúchate. Porque si no lo haces, ni la manualidad de tu peque tal día como ayer, ni un ramo de flores, ni un pase para un spa, te harán sentir bien. Y si no te sientes bien, es mucho más difícil que lo hagas bien. Porque, además, ¡para tus hij@s eres la leche!

Lo estás haciendo lo mejor que sabes, lo estás haciendo genial, cada día lo haces mejor y ese es el reconocimiento que te debes dar. La culpa no sirve para aprender, no te castigues por equivocarte, eso está obsoleto.

Sólo el amor y la comprensión hacia ti harán que te sientas mejor y seas mejor madre cada día.

Quizá no era esto lo que esperabas, pero tampoco esperabas otras cosas maravillosas que sí suceden. Agárrate a ellas, porque son las que van a compensártelo todo. Da la importancia justa a las cosas y disfruta, siempre serás madre, pero este tiempo mientras son pequeñ@s no volverá.

 

Que tus hij@s decidan lo que son.

Describir el comportamiento de los demás y opinar sobre él es de mala educación, ¿lo sabías?

Pues entonces hemos sido educad@s por personas extremadamente maleducadas porque yo desde que tengo uso de razón he escuchado mensajes que me describían: si me parecía a mi madre, que era más lista que las pesetas, qué peluda era, qué vaga era, que esperaban que sacara buenas notas, que era muy desobediente… El lenguaje que utilizamos es muy poderoso, estructura nuestra realidad y la de nuestr@s hij@s. Debemos acostumbrarnos a ser más neutros con el lenguaje a la hora de describir sus actitudes y partir de un mayor respeto.

¿A quién le das poder para que te cuente la realidad?

¿A quién le das poder para que te cuente la realidad?

La verdad es que si nos ponemos a hablar, qué difícil es hacerlo correctamente desde el punto de vista de la inteligencia emocional… La comunicación entre iguales es complicada. Educar es un acto que hacemos a través de la comunicación verbal también. Aunque si me seguís, habréis detectado que abogo más por el ejemplo que por la palabra.

Muchas veces utilizamos mensajes poco respetuosos porque dan un rápido resultado en cuanto a lo que queremos conseguir de la conducta de nuestr@s hij@s. Pero esos mensajes van llenando el recipiente del cual se nutre lo que ellos piensan de ell@s mism@s.

Nuestras palabras son semillas.

Nuestras palabras son semillas.

Creo que podríamos estar más callad@s, calibrar mucho más lo que decimos y cómo lo decimos y para que lo decimos. Porque las palabras tienen una gran influencia en la conducta de l@s niñ@s, en su pensamiento y en su forma de tratarse.

Cuando somo pequeñ@s, no podemos hacer oídos sordos.

Cuando somo pequeñ@s, no podemos hacer oídos sordos.

La forma en que hablamos a l@s niñ@s se convierte en su voz interna.

Fijaos el gran poder que tenéis sobre su autoestima. Creo que para unos padres, que su hij@ tenga una buena autoestima es súper importante. Pues es tan fácil como tratarles siempre con respeto. Bien, la teoría está clara, ¿pero qué es exactamente respetuoso?

  • ¡Eres la más guapa del mundo!
  • ¡Qué mentiroso eres!
  • ¿Te quedas a dormir en casa de tu amiguit@? ¿Me dejas sol@?
  • Sacar un 7 no es suficiente.
  • Eres una vaga.
  • ¡Cómo te estás poniendo, eh!
  • Hablar de ellos con otras personas como si no estuvieran.
  • Tú sabrás lo que tienes que hacer.
  • A ver cuánto te dura esta vez el capricho…
  • No vas a poder, ya lo hago yo, lo vas a romper, te vas a… (caer, manchar, hacer daño…).
  • Mira a tu hermano, qué bien se porta, no como tú.

Las frases que empiezan con “eres”, ¡peligro! Van a construir su autoconcepto, lo que opinen de ell@s mism@s. Mira los estragos que tiene en los adultos, pues imagina en l@s niñ@s.

Mucho ojito con los chantajes psicológicos. Ell@s nos quieren y nosotr@s a ell@s, ¿no? Pues dejemos que  nos lo expresen libremente y sin coacción. Si no, pueden tener problemas de dependencia afectiva en sus futuras relaciones.

No somos futurólog@s, ¿no? Pero para nuestr@s hij@s, somos dioses y lo que digamos va a misa. ¿Qué papá dice que me voy a caer? Pues me caigo, porque papá siempre tiene razón.

Te lo dije...

Te lo dije…

Comparar… ¡Somos incomparables, somos únicos y eso está genial! Pero les comparamos. Cada vez que le comparas con alguien, le estás transmitiendo que debería ser de otra manera, que no está bien como es.

Así que reflexionemos sobre cómo nos hablaron de pequeñ@s, cómo nos tratamos a nosotr@s mism@s y cómo queremos que se traten nuestr@s hij@s.

¿Cómo quieres que sea tu hij@?

¿Por qué educas de una manera y no de otra? ¿De qué depende? ¿Te lo planteas? ¿Te has parado a pensar en esto? ¿A qué le das importancia? ¿Cómo quieres que sea tu hij@? La respuesta a esta pregunta puede tener muchas interpretaciones…

A nadie le gusta que decidan por él.

A nadie le gusta que decidan por él.

Todos tenemos expectativas, es inevitable, hemos aprendido a tenerlas y romper ese hábito es difícil… Pero las expectativas dañan seriamente la felicidad… Y, entonces, ¿no debemos querer cosas para nuestr@s hij@s? Sí, podemos querer que se conviertan en X, pero no planteado como una expectativa, sino como un objetivo.

Cuantas más expectativas tengas, más insuficientes se sentirán.

Cuantas más expectativas tengas, más insuficientes se sentirán.

¿Y en qué se diferencia una expectativa de un objetivo? Que la primera es un deseo pasivo y el segundo es algo que nos planteamos de forma más activa y planificada. Por ejemplo, puede desear tener una vida determinada, con un trabajo determinado, una pareja determinada… y eso son expectativas. Cuando planificas cómo conseguirlo, se convierten en objetivos.

Ambos pueden aplicarse a temas vitales, como un trabajo, una familia, un lugar en el que vivir, un sueño… Pero cuando se aplican a personas que no son nosotros mismos, empiezan a complicarse la cosa. Porque cuando no se cumplen, nos decepcionamos y cuando esto ocurre, trasladamos nuestro descontento, a veces, hacia la persona en cuestión.

Y esa decepción l@s niñ@s la viven como propia.

Y esa decepción l@s niñ@s la viven como propia.

Un padre puede desear que sus hijos sean tal o cual cosa. Si no desarrolla un plan para que eso suceda, se va a frustrar con facilidad y esa frustración la pueden pagar sus hijos. Esto supone que el padre puede trasladarles decepción, reproches, falta de aprobación y de amor incondicional. Si el objetivo que querías que lograra, es suyo también, suficiente tendrá con no haberlo conseguido, no necesita además que le mires con “esperaba más de ti” en tus ojos.

Cuando esperamos determinadas cosas de nuestros hij@s, aunque sean objetivos, no podemos jugar con el amor que les profesamos como arma para conseguirlo. Sí, ya sé que da un rápido resultado, porque conseguimos lo que queremos con rapidez, pero lo que ellos sienten, es que no les queremos. Si estamos convencid@s de que es bueno para ellos y les hacemos entender con nuestra actitud y ejemplo de sus bondades, debemos respetar su ritmo de aprendizaje para que realmente sea significativo para ell@s.

Y en cuanto a los objetivos que podemos querer para ell@s, ¿los hay válidos o no? ¿Cuáles son? ¿De qué depende? El factor clave es el respeto. Sí que están la supervivencia, los límites, los valores como criterios educativos… Pero para mí, el más importante, es el respeto. Respetar sus tiempos, sus ritmos, su forma de ser… Claro que habrá momentos, muchos, en los que no esté para nada clara la línea que separa qué es respetarle o dejar que haga lo que le da la gana. Ahí ya entra el sentido común de cada uno o el ensayo error. Se puede observar qué pasa si un día permitimos algo y actuar la siguiente vez en consecuencia. Que dé un mal resultado no lo convierte en un mal irreversible.

¿Qué no decidir por ell@s? Sus compañías, sus estudios, en qué utilizan su tiempo libre, su forma de vestir, la música que escuchan, su forma de bailar, cómo expresar sus emociones, sus gustos, el tiempo que les lleva hacer los deberes… Claro está que aquí el factor edad no se puede obviar y que, cuanto más mayores son, más libertad hay que dejarles. Para que luego tomen “buenas decisiones” hemos tenido que, en los años previos, habérselas mostrado, reflexionado y dialogado sobre ellas.

Objetivo: mejorar como personas.

Objetivo: mejorar como personas.

¿Qué decidir por ellos? El autocuidado, el respeto en las relaciones, la confianza en uno mismo, la capacidad de gestionar el tiempo, el autoconocimiento, la capacidad de expresarse… Cómo lleven a cabo estas conductas, ya será su elección.

Con seguridad.

Con seguridad.

¡Así que si quieres educar hacia buenos fines, proactividad, respeto y mucho amor!

 

La comodidad puede matar

No es fácil madrugar si no tienes obligaciones, pero vivir dependiendo de lo que nos apetece, es esclavitud.

Hazte apetecibles los esfuerzos.

Hazte apetecibles los esfuerzos.

No es cómodo salir una tarde a dar un paseo si el tiempo está desapacible, pero cuando vuelves a casa, te alegras de haber tomado esa decisión.

Tremendos premios por salir de casa.

Tremendos premios por salir de casa.

Cuesta apagar la tele y ponerse a leer, pero sabes que es mejor para tu mente.

Da pereza salir de casa para hacer deporte, pero sabes que descansarás mucho mejor si lo haces.

Hacer deporte genera endorfinas.

Hacer deporte genera endorfinas.

Yo trabajo desde casa la mayor parte del tiempo y soy bastante disciplinada con respecto a los horarios. No me considero muy organizada, de hecho en el plano físico soy preocupantemente desordenada, pero he ido desarrollando una disciplina bastante sólida en cuanto a la distribución del tiempo se refiere.

Hace poco en una agradable charla, recordaba mi primer año en la universidad. El primer cuatrimestre las clases eran por la tarde y me costaba mucho levantarme a una hora decente para poder aprovechar la mañana e ir haciendo los trabajos. De hecho, los tres primeros años de magisterio fui una estudiante muy poco ejemplar.

De eso han pasado unos cuantos años y veo que con el tiempo y una fuerte motivación, he podido desarrollar la capacidad de organizarme el tiempo y la voluntad para trabajar sin una exigencia externa.

¿Cuál ha sido mi motivación? Hacer lo que quiero, donde quiero, cuando quiero y como quiero. Desarrollar Bienpensar, vivir en Ansó, tener mis propios horarios y sentirme libre.

Muchas veces, la palabra disciplina parece reñida con la palabra libertad. Pero nada más lejos de la realidad. Gracias a ser disciplinad@s, podemos ser libres de escoger lo que queremos. La voluntad hay que educarla y fortalecerla para poder ser libres.

Una manera de hacerlo es reparando en el uso del lenguaje. A veces decimos: “tengo que lavar los platos” y sentimos obligación y poca apetencia. ¿Y si cambiamos tengo por quiero? Probablemente no quieres lavar los platos pero sí los quieres tener limpios, ¿no? ¡Entonces quieres lavarlos!

Para conseguir objetivos hay que plantearse retos y poner todo de nuestra parte. Esfuerzo, voluntad, motivación… ¡Y premios! En forma de reconocimiento, de buen trato, de gratificaciones cuando llevamos a cabo una tarea costosa…

Ser feliz es cuestión de voluntad, de recordar todos los días todo lo que sí tenemos, todos los problemas que no tenemos, agradecerlo, nuestra salud, la de quienes nos rodean, desterrar los miedos… La comodidad, lo siento mucho, es incompatible con la felicidad. El piloto automático no nos va a avisar de que nos estamos saliendo de la ruta que nos habíamos marcado.

No lo olvides.

No lo olvides.

¡Así que a vivir conscientes, con los ojos muy abiertos y sin pereza por la vida! ¡Que tenemos más capacidad y fuerzas de lo que creemos! Si es que… ¡TODO ES PONERSE!

¿Te gusta que tus hijos se parezcan a ti?

El típico comentario cuando conocemos a un niño: “es clavado al padre”, “ha salido a la abuela”, “tiene tus ojos”, “en la mala leche ha salido a su madre”… Aunque también son comentarios que surgen desde los propios padres, ¿no?

Y es que hay casos que son llamativos, comparas al peque con fotografías de su padre o su madre a su misma edad, ¡y son dos gotas de agua!

No obstante, aparte de las semejanzas físicas, también están las psicológicas o comportamentales. Muchas veces me plantean esta duda: ¿el carácter es hereditario? Y claro, yo dedicándome a lo que me dedico, no puedo decir que sí, porque entonces, apaga y vámonos. Tampoco puedo decir que no. Simplemente parto de que hay un porcentaje genético que predispone al niño a ser más o menos temperamental, más o menos extrovertido, más o menos resiliente… Pero todo esto se va a desarrollar en función de cómo se relacione con su contexto.

Los niños hacen lo que ven. Y van a copiar a sus padres con exactitud. Quizá no a los dos, puede haber una predisposición a tirar más hacia uno o hacia otro, precisamente por ese componente biológico del que hablaba antes.

L@s niñ@s hacen lo que ven.

L@s niñ@s hacen lo que ven.

Así que, puesto que te va a copiar, ¿eres consciente del ejemplo que le estás dando? Y no me refiero solamente a si tiras papeles al suelo o a si fumas. Me refiero a otras muchas actitudes del día a día, como por ejemplo:

  • Tu relación con la comida: ¿disfrutas, comes con ansiedad, te sientes culpable después de una opípara comida? ¿Te gusta más o menos todo o le encuentras pegas a muchos alimentos? ¿Comes equilibradamente o vives a dieta?
¿Cómo te relacionas con la comida?

¿Cómo te relacionas con la comida?

  • ¿Te da miedo hacer cosas o te atreves a probar experiencias nuevas?
¿Te atreves?

¿Te atreves?

  • ¿Te relacionas con los demás con naturalidad o son las inseguridades quienes guían tu patrón de conducta?
  • ¿Eres perezos@ o vences la comodidad y disfrutas del movimiento y el bienes que ello genera?
  • ¿Criticas o describes comportamientos? Aprender a utilizar un lenguaje neutro genera emociones menos intensas y más fáciles de gestionar.
  • ¿Qué tipo de mensajes das sobre tu cuerpo? ¿Lo valoras y cuidas o lo menos precias con comentarios negativos sobre él? Este post es muy gráfico sobre las consecuencias que pueden tener comentarios negativos sobre tu cuerpo.
  • ¿Le das más importancia a las experiencias o a lo material?
  • ¿Basas tus decisiones en argumentos reflexionados que te generen bienestar o te dejas llevar por la impulsividad y acabas haciendo cosas que no querías?
  • ¿Basas tus opiniones en tu propio criterio o sacas conclusiones aceleradas sin tener demasiada información?

Pues después de que te hagas estas preguntas y te las contestes, quizás haya alguna de tus actitudes del día a día, que no querrías que tus hij@s te copiaran. Te animo a que trates de cambiarla, pero desde la comprensión.

Es decir, primero es importante que reflexiones sobre lo bueno y lo malo que te ha acarreado a ti esa actitud, motivándote para cambiar. Segundo, si no quieres “pegarle” esas actitudes a tus hij@s y quieres que tengan una vida más fácil en ese aspecto, puedes tratar de introducir cambios. Eso sí, poco a poco y premiándote por ello. El simple hecho de que vean que te esfuerzas por cambiar cosas de ti, les va a dar un gran ejemplo y de esta manera van a aprender que ell@s tienen control sobre su vida y su forma de actuar.

Espero que este post te haya sido útil, ¡hasta la próxima semana!

 

L@s niñ@s no se portan mal, se portan como niñ@s.

Es tarde tengo escuela de madres y hablaremos sobre los conflictos. Sí, ya sé que el post de la semana pasa iba sobre este  mismo tema, pero me he encontrado con algunas frases en la elaboración de esta sesión que me han encantado.

Muchos de los conflictos que se dan en la vida están relacionados con las expectativas. Quienes me seguís desde hace unos meses, quizás recordéis algunas frases que he repetido en varias ocasiones del tipo “Las expectativas dañan perjudicialmente la felicidad”. Pues con los hijos, ni te cuento.

Dejarnos sorprender por la realidad es mejor que tener expectativas.

Dejarnos sorprender por la realidad es mejor que tener expectativas.

Estamos tan acostumbrados a esperar que las cosas sean de una determinada manera, que cuando no lo son (la mayor parte de las veces), nuestra frustración es altísima, lo cual crea un caldo de cultivo fértil para el conflicto. Podemos planificar nuestro día, proyectar una empresa, programar un viaje; nunca será tal cual lo pensamos, pero puede acercarse.

Peno no podemos planear a nuestro hijo. Y esto quizá podría entrar en contradicción con un post reciente sobre ser reactivo o proactivo. Pero no, porque la diferencia está en idear un niño o idear su educación. Y la base de esta segunda idea es hacerse la siguiente pregunta: ¿para qué educo a mi hij@? Puedes tomarte todo el tiempo que necesites para contestarla. Pueden surgir muchas respuestas.

Sin querer (o queriendo) influenciaros, una respuesta puede ser “que sea feliz”. Pero claro, hay muchas formas de ser feliz. Tu objetivo es uno, amplio, pero se puede manifestar de muchas maneras, ya que la definición de felicidad es “bienestar subjetivo”, es decir, un bienestar propio de uno mismo.

Una forma de contribuir a este objetivo, es respetar a tus hijos como son, aceptándolos. Me encuentro con frecuencia padres y madres frustrados porque sus hijos no les obedecen, porque tratan de salirse con la suya. Esto es fruto de la falsa creencia de que los niños tienen que ser obedientes, sumisos y dóciles. De hecho, su misión, su deber, su obligación para un adecuado desarrollo evolutivo es retarte, desobedecerte.

No lo hacen para fastidiarte.

No lo hacen para fastidiarte.

Que comprendas que forma parte de su naturaleza, te ayudará a cambiar esa creencia y a gestionar los conflictos de forma menos personal. Eso sí, no significa que justifiques sus comportamientos, ya que estos deben ir acompañados de una consecuencia.

Dar una buena educación no es un proceso cómodo.

Dar una buena educación no es un proceso cómodo.

Sé que es difícil tanto cambiar la creencia como poner en práctica una nueva manera de reaccionar ante las “trastadas” de tus hijos, pero es algo que te va a beneficiar a ti directamente. Sí, porque de esta manera, tú serás más dueñ@ de tus actos y te comportarás de la forma que realmente quieres, mostrándote coherente y equilibrad@ ante tus hij@s. No te sentirás culpable por haber gritado demasiado o por poner un castigo exagerado y de esta manera podrás mantenerte firme. De lo contrario, en pleno arrepentimiento, serás una presa fácil ante las caritas de pena de tus hij@s y podrás entrar fácilmente en manipulaciones que no son nada buenas para las relaciones.

¡Espero que os sea útil!

Cuanto más te enfades, peor resolverás un conflicto

El conflicto es algo inherente a la vida. Los tenemos con nosotros mismos, con las circunstancia que nos rodean, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestra familia, con nuestra pareja, dilemas morales… Y, cómo no, con los hijos.

Cuanto más estrecho es el vínculo que te une a la persona con la que tienes el conflicto, más difícil es solucionarlo. ¿Por qué? Porque es más fácil que nos lo tomemos como algo personal. Y cuanto más personales te tomas las cosas, peor, menos autocontrol tienes para gestionar la situación.

Tal y como he empezado diciendo, hay que partir de que los conflictos no sólo son inherentes a la vida, sino que son oportunidades de mejorar las situaciones. ¿Cómodos? No, pero negarlos no va a hacer que desaparezcan y antes o después se pueden volver en nuestra contra.

Cuando padres y madres me hacen consultas sobre conflictos que tienen con sus hijos, hay un componente de enfado por el simple hecho de que surja el conflicto. Y eso ya es lo primero que nos dificulta poder solventarlo adecuadamente. No es que haya que alegrarse, simplemente hay que aceptarlos como vienen.

Enfadarnos nos resta poder.

Enfadarnos nos resta poder.

De cómo reaccionemos ante los conflictos, dependerá cómo nuestros hijos aprendan a reaccionar. Sean del tipo que sean. En general, hay que enfadarse menos, en el momento oportuno y con la persona adecuada. Cuanto más tranquilos estemos, más eficientes seremos a la hora de resolver el problema que sea.

Podemos enseñarlas a resolver conflictos si nosotros los resolvemos adecuadamente.

Podemos enseñarlas a resolver conflictos si nosotros los resolvemos adecuadamente.

¿Qué hacer entonces para resolver los conflictos adecuadamente?

  • No te tomes nada como personal. Muchas veces padres y madres comentan sobre sus hijos “me ha suspendido dos”, “me ha pisado todo el fregado” o frases por el estilo. Al igual que la gente no nos hace cosas, sino que la gente hace cosas que nos sientan de una u otra manera, con los hijos es lo mismo. Vigila tu lenguaje interno, porque en función de cómo te cuentes lo que sea que te haya pasado, tu reacción podrá ser más o menos controlada por ti.
Escoge un lenguaje interno constructivo.

Escoge un lenguaje interno constructivo.

  • Esto supone ver el conflicto a solventar no como un agravio contra ti o como una desobediencia a tus normas, sino como algo aparte de ti. Como algo entre tú y tu hijo que hay que solventar pero no como una lucha de razones o una comparación constante de argumentos.
  • Escuchar. Dejar que ambas partes hablen desde su visión, tanto de lo que sienten como de lo que piensan y si es en este orden, mejor. Es más fácil entendernos cuando hablamos de cómo nos sentimos porque ahí nos mostramos más vulnerables y abiertos y esto suele generar en el otro empatía y apertura. Si sólo nos comunicamos desde la razón, es más fácil que el otro pretenda convencernos o tener su razón.
  • Piensa que cada vez que reacciones de esta manera ante la resolución de un conflicto con tu hijo, le estarás enseñando formas mejores de que él los gestione, cosa que va a ser muy beneficiosa en sus relaciones.
  • No evites el conflicto, pero tampoco lo busques.
  • Hay que saber darse cuenta de en qué jardines nos metemos y si estamos dispuestos a llegar hasta el final. Si estás cansad@, si has tenido un mal día o si no tienes muy claro lo que hay que solventar, no te metas en materia. Que la resolución de conflictos tenga un poco de planificación y que tú te encuentres en tus mejores facultades para ello.
Si tienes un mal día, aborda el conflicto en otro momento.

Si tienes un mal día, aborda el conflicto en otro momento.

  • Es importante que tengas claro el conflicto, delimitado, bien explicado. No todo lo que te molesta son conflictos.
  • Una vez que vayas dominando el arte de resolver conflictos, puedes incluso empezar a prevenirlos. Como por ejemplo, no anticipando acontecimientos con niños pequeños sobre planes que tienes en el futuro que no sabes si se van a poder materializar o no dar opciones si en el fondo lo que quieres que hagan es lo que tú quieres.

Espero que estas pautas os sirvan para manejaros mejor en vuestro día a día con los conflictos y si hay algo que se me escapa o algún ejemplo concreto que no sepas cómo afrontar, estaré encantada de responder tus dudas.

He conocido a alguien, ¿cómo se lo cuento a mi hijo?

Estoy separada desde hace unos años y tengo un hijo de 8. Vivo en un pueblo y estoy conociendo a una persona con la que podría comenzar una relación. No me gustaría que mi hijo se enterase por otras personas de esto pero tampoco sé muy bien qué contarle…

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¿Qué es la inteligencia emocional y cómo aplicarla?

Mira este vídeo. Niños que se sienten libres para hacer lo que los adultos vemos como una “trastada”, que van a experimentar una consecuencia negativa por este comportamiento. Padre que les hace reflexionar sobre su conducta, autocontrolando varias de sus emociones. ¿Cómo hacer para actuar así? Mañana a las 18h… sigue leyendo