Esta cuestión surgió el otro día en una escuela de padres y madres que imparto. Yo es que el término de que un hijo te pueda “salir” de una forma o de otra… no lo acabo de ver.
Etiqueta: autocontrol
Mamá, ¿y ahora qué hago?
Queda una semana de vacaciones y no sé cómo lo llevaréis con los niños. Los periodos vacacionales en los que el tiempo no está estructurado, son muy diferentes al día a día. Como comento en muchos posts, los niños necesitan límites hasta en vacaciones, por eso os voy a dar unas pautas para esta segunda mitad de las vacaciones.
Cuando hablamos de límites en educación, ¿sabemos de qué hablamos?
Dar clases a padres y madres me encanta. Surgen diferentes tipos de interacciones: explicaciones, ejemplos, debates, experiencias, dudas, consejos… Y a veces nos enredamos en un tema, o yo me enredo.
Todo lo que hago mal para no tolerar la frustración
Os propongo un ejercicio. A ver si detectáis todo lo que hago mal para no tolerar mi frustración.
Hoy ha salido el monstruo de mí (parte 2)
Y sigo con la segunda parte de este interesante post (si quieres leer la primera parte, pincha aquí):
Hablar con los niños de 3-4 años funciona en parte, pero el acompañarlo con un poco de conductismo como te comentaba con las normas, no viene nada mal.
Es normal que te cuestiones si lo estás haciendo bien, si eres muy estricta o si los demás lo son menos… Esta actitud es genial, puesto que supone dejar la puerta abierta a mejorar. Pensar que todo lo haces bien sería un error, puesto que nunca podrías detectar tus fallos. sigue leyendo
Hoy ha salido el monstruo de mí (parte 1)
Aquí la consulta de una madre en un mal día:
“Hoy mi hijo de casi 4 años le ha metido la mano sucia, muy sucia, a su hermano de menos de un año en la boca, cuando le he dicho mil veces que eso no se hace y le he explicado por qué. Bueno, pues me he encontrado llamando “cerdo” al mayor a la vez que lo miraba con la mirada intimidatoria con la que mi padre me miraba a mí, amenazándole con tirar sus juguetes y castigándole a irse a la cama sin cenar… sigue leyendo
Mi hijo coge todo lo que le apetece del colegio.
La duda de una madre:
“Tengo un “problema” con mi hijo que acaba de cumplir los 5 años. Te comento, siempre le han gustado los juguetes de los demás, pero imagino que como a muchos niños, pero lleva una temporada que coge todo lo que le apetece del colegio. Son cosas pequeñas, tontadas que no sirven realmente para nada, pero, claro, las coge. Hoy me lo han comentado en el colegio porque ya le hice devolver unas fichas que había cogido y hoy ha vuelto a hacerlo. Nosotros le decimos lo mal que está hacer esas cosas, pero sigue con la misma actitud… La situación de casa no ha cambiado en ningún aspecto. Si me puedes dar alguna guía te lo agradeceré…. estoy perdidísima… gracias de nuevo.”
¿Cuándo es aconsejable que l@s niños tengan su propio móvil?
No vamos a tener mucho poder de decisión con respecto a esto, porque nos lo van a pedir mucho antes de lo que consideremos oportuno y la presión va a ser mucha. Pero dicho esto, más que una edad concreta para que un niño tenga su propio teléfono móvil, deberían tenerse en cuenta otros aspectos, pero la edad a partir de la cual se considera menos inadecuado suele ser a partir de los 12 años. ¿Por qué? Por las siguientes razones:
Empiezo a llevar mejor eso de fallar…
¡No! ¡Horror! Ha sucedido una de las cosas que más temía… Y si has leído el post “Se me olvida que me voy a morir” quizá ya hayas adivinado qué es…
Pues ha llegado el momento en el que no me puedo abrochar el pantalón… Bueno, me lo puedo abrochar, pero parezco una morcillica y además es incómodo de narices.
Hoy os voy a hablar sobre lo mal que llevo equivocarme. Porque para mí, coger más kilos es cometer un error. Quizá el error está en pensar que es un error.
A mí me encanta comer y a veces lo hago con ansiedad. No soy delgada, estoy dentro de “lo normal” y si como de más, lo normal es que suba de peso, o al menos de volumen. Hasta hace un año me estaba manteniendo muy a gusto con mi cuerpo, comiendo sano y cometiendo algún exceso de vez en cuando. Tengo un par de vaqueros que me voy poniendo para controlar que me caben, son como la medida que me indica si sigo bien o si me paso.
Pero un día leí que eso de tener una prenda de referencia no era nada bueno porque aunque a lo mejor te hubiera cabido en su momento, el cuerpo cambia y no puede ser el único criterio para seguir adelgazando.
Pues yo esto lo hacía muchísimo, me sometía mensualmente a mis propios controles y, cómo no, a las consecuencias negativas que consideraba oportunas en el caso de que no me cupieran. Además de incrementar en 20 y para siempre el número de abdominales cada día y restringir más los alimentos que yo consideraba que engordaban, me ponía esos pantalones durante ese día como castigo. Eso me suponía dolor de barriga y bastante incomodidad.
El día que me di cuenta de que eso era un trato muy poco amable por mi parte, un maltrato con todas las letras, dejé de hacerlo. Dejé de castigarme físicamente pero no dejé de enfadarme cada vez que me notaba un aumento de peso.
Y durante los últimos meses, he dejado de ponerme esos pantalones a modo de examen. ¿Y qué ha pasado? Que me he ido a poner otros y tampoco me venían bien. Y se ha puesto en marcha automáticamente el proceso de enfadarme y tomar represalias.
Pero lo he parado a tiempo. He decidido ser más comprensiva conmigo. Ya no quiero más castigos y, menos, impuestos por mí. ¿Estamos locos o qué? Prefiero mayor comprensión de por qué ha pasado, escuchar mis razones, ver en qué me estaba equivocando, asesorarme… Y, mientras tanto, gustarme con mis kilitos demás, no despreciarme por haber “fallado” y pretender un estado de salud bueno antes que la estética, que es lo que había hecho hasta ahora.
Y me siento mejor. Siento que tengo más el control sobre lo que me pasa, me doy soluciones más adecuadas y, lo mejor, no me siento culpable.
Todo esto es cuestión de tomar conciencia de mis miedos a la pérdida del control sobre mi conducta, de mi creencia errónea de que el castigo es bueno, de que mi autoestima depende de cómo yo me trate, de desarrollar mi capacidad autocontrol y de responder con cariño a mis necesidades y no desde el desprecio o el desamor.
Es difícil romper con estas costumbres, pero sienta tan bien…
Cuanto más te enfades, peor resolverás un conflicto
El conflicto es algo inherente a la vida. Los tenemos con nosotros mismos, con las circunstancia que nos rodean, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestra familia, con nuestra pareja, dilemas morales… Y, cómo no, con los hijos.
Cuanto más estrecho es el vínculo que te une a la persona con la que tienes el conflicto, más difícil es solucionarlo. ¿Por qué? Porque es más fácil que nos lo tomemos como algo personal. Y cuanto más personales te tomas las cosas, peor, menos autocontrol tienes para gestionar la situación.
Tal y como he empezado diciendo, hay que partir de que los conflictos no sólo son inherentes a la vida, sino que son oportunidades de mejorar las situaciones. ¿Cómodos? No, pero negarlos no va a hacer que desaparezcan y antes o después se pueden volver en nuestra contra.
Cuando padres y madres me hacen consultas sobre conflictos que tienen con sus hijos, hay un componente de enfado por el simple hecho de que surja el conflicto. Y eso ya es lo primero que nos dificulta poder solventarlo adecuadamente. No es que haya que alegrarse, simplemente hay que aceptarlos como vienen.
De cómo reaccionemos ante los conflictos, dependerá cómo nuestros hijos aprendan a reaccionar. Sean del tipo que sean. En general, hay que enfadarse menos, en el momento oportuno y con la persona adecuada. Cuanto más tranquilos estemos, más eficientes seremos a la hora de resolver el problema que sea.
¿Qué hacer entonces para resolver los conflictos adecuadamente?
- No te tomes nada como personal. Muchas veces padres y madres comentan sobre sus hijos “me ha suspendido dos”, “me ha pisado todo el fregado” o frases por el estilo. Al igual que la gente no nos hace cosas, sino que la gente hace cosas que nos sientan de una u otra manera, con los hijos es lo mismo. Vigila tu lenguaje interno, porque en función de cómo te cuentes lo que sea que te haya pasado, tu reacción podrá ser más o menos controlada por ti.
- Esto supone ver el conflicto a solventar no como un agravio contra ti o como una desobediencia a tus normas, sino como algo aparte de ti. Como algo entre tú y tu hijo que hay que solventar pero no como una lucha de razones o una comparación constante de argumentos.
- Escuchar. Dejar que ambas partes hablen desde su visión, tanto de lo que sienten como de lo que piensan y si es en este orden, mejor. Es más fácil entendernos cuando hablamos de cómo nos sentimos porque ahí nos mostramos más vulnerables y abiertos y esto suele generar en el otro empatía y apertura. Si sólo nos comunicamos desde la razón, es más fácil que el otro pretenda convencernos o tener su razón.
- Piensa que cada vez que reacciones de esta manera ante la resolución de un conflicto con tu hijo, le estarás enseñando formas mejores de que él los gestione, cosa que va a ser muy beneficiosa en sus relaciones.
- No evites el conflicto, pero tampoco lo busques.
- Hay que saber darse cuenta de en qué jardines nos metemos y si estamos dispuestos a llegar hasta el final. Si estás cansad@, si has tenido un mal día o si no tienes muy claro lo que hay que solventar, no te metas en materia. Que la resolución de conflictos tenga un poco de planificación y que tú te encuentres en tus mejores facultades para ello.
- Es importante que tengas claro el conflicto, delimitado, bien explicado. No todo lo que te molesta son conflictos.
- Una vez que vayas dominando el arte de resolver conflictos, puedes incluso empezar a prevenirlos. Como por ejemplo, no anticipando acontecimientos con niños pequeños sobre planes que tienes en el futuro que no sabes si se van a poder materializar o no dar opciones si en el fondo lo que quieres que hagan es lo que tú quieres.
Espero que estas pautas os sirvan para manejaros mejor en vuestro día a día con los conflictos y si hay algo que se me escapa o algún ejemplo concreto que no sepas cómo afrontar, estaré encantada de responder tus dudas.







