Si tenías un plan trazado para la vida de tus hij@s antes de que nacieran.
Si consideras que se han convertido en el eje de tu existencia.
Si tenías un plan trazado para la vida de tus hij@s antes de que nacieran.
Si consideras que se han convertido en el eje de tu existencia.
Este verano fui a visitar el monasterio de San Juan de la Peña, bastante bonito y concurrido. Es por ello que hay autobuses periódicos que te transportan desde el aparcamiento hasta el mismo monasterio.
Éste es un tema sobre el que he estado trabajando recientemente para dar respuesta a una consulta que me han hecho.
Hay una serie de pautas que, si tenemos un poco de sentido común, ya sabemos, pero que no viene mal recordar:
Hace días que quiero escribir sobre este tema, porque la verdad, es que aluciné cuando leí un artículo que hablaba sobre el libro titulado “Madres arrepentidas”.
Aquí la consulta de una madre en un mal día:
“Hoy mi hijo de casi 4 años le ha metido la mano sucia, muy sucia, a su hermano de menos de un año en la boca, cuando le he dicho mil veces que eso no se hace y le he explicado por qué. Bueno, pues me he encontrado llamando “cerdo” al mayor a la vez que lo miraba con la mirada intimidatoria con la que mi padre me miraba a mí, amenazándole con tirar sus juguetes y castigándole a irse a la cama sin cenar… sigue leyendo
Aquí os dejo la consulta y mi respuesta sobre cómo gestionar la relación con los padres cuando somos adultos.
“Quería saber si es conveniente cortar del todo la relación y alejarse de tus padres cuando la relación esta haciéndote daño y no la puedes arreglar. El tema es que me separé y fui a vivir a un piso vacío suyo pagando gastos y un alquiler simbólico. Eso les dio derecho a tratarme como si tuviera trece años con normas y críticas continuas. Me decían continuamente que ésa no era mi casa y que me buscara una casa donde vivir… Muchos enfados… Hasta que ya ni cuando nos veíamos de vez en cuando podían mostrar alegría, siempre broncas y normas y críticas hacia mí. sigue leyendo
Oficialmente ya son vacaciones y l@s niñ@s no tienen cole, pero aún así necesitan unas rutinas, ya que el descontrol y la falta de límites, aunque no lo parezca, les genera bastante inseguridad.
Las vacaciones de verano a l@s niñ@s pueden parecerles eternas, no es como a nosotr@s, que se nos pasan volando y, por ello, puede haber tiempo para todo.
Como ya sabéis, entre otras cosas, me dedico a dar cursos a padres y madres sobre cómo educar con inteligencia emocional a l@s niñ@s. Trato de hacer bastante hincapié en el respeto ya que es una importante base para la autoestima que desarrollen en un futuro y una especie de garantía para una buena salud mental. Mira a tu hij@ como alguien aparte de ti, con curiosidad, sin expectativas, sin juicio, sin opinión.
Poner atención en el lenguaje que utilizamos, es muy importante tanto en el trato que nos damos a nosotros mismos como en el que damos a los demás.
¿Eres consciente de cuánto te criticas? ¿O de cuánto te comparas? Si nos ponemos a analizar lo que nos decimos, alucinaríamos de lo crueles que somos con nosotros mismos. Pero con los demás, no nos quedamos cortos, porque proyectamos en ellos lo que no soportamos de nosotros.
Educamos como nos han educado y repetimos, nos guste o no. A no ser que nos hagamos conscientes de esta repetición, paremos y reflexionemos sobre lo que hacemos y cómo lo hacemos y, conscientemente, elaboremos una forma mejor.
Lo he comentado en otros posts: educar a tu hij@ te enfrenta con el niño que fuiste. Y mientras no te reconcilies con él, te perdones y trates de quererte de forma incondicional, seguirás castigándolo por lo que tú no te perdonas.
Puede que suene muy extremo este planteamiento. Si tu infancia ha sido tratada con respeto, si te han querido de forma incondicional, si no fueron duros contigo tus padres, probablemente tengas mayor facilidad para ser comprensiv@ con tu hij@.
Pero por desgracia, no todo el mundo tiene esa suerte y cuando se encuentran con sus hij@s, a menudo se descubren haciendo lo mismo que sus padres hacían con ell@s.
Desde un enfoque psicoanalista, mientras no resolvamos nuestros problemas con nuestro niño interior, seguiremos teniendo problemas para educar a nuestr@s hij@s de una manera sana y coherente.
Lo que “funcionó” con nosotros no tiene por qué hacerlo con nuestros hijos, afortunadamente. Las incoherencias, los gritos, los castigos desproporcionados, el miedo, las faltas de respeto, los chantajes psicológicos, las manipulaciones… Pueden dar resultado a corto plazo, pero a largo plazo son bastante destructivos. Es hora de abandonar lo que realmente no sirvió con nosotr@s. No hemos muerto en el intento, no nos mató, pero podríamos tratar de evitárselo a las generaciones venideras.
Trabajo con adultos que arrastran secuelas psicológicas importantes por la educación que han recibido en su infancia, por la severidad con la que han sido tratadas, por las relaciones tóxicas en las que se han criado, por los chantajes que aún a día de hoy les minan la autoestima…
Tomemos conciencia de la importancia que tiene nuestro lenguaje en nuestr@s hij@s, pero antes, perdonemos al niño que fuimos.
Una vez asimilado esto, trataremos con mayor comprensión y respeto a l@s pequeñ@s.
¿Por qué educas de una manera y no de otra? ¿De qué depende? ¿Te lo planteas? ¿Te has parado a pensar en esto? ¿A qué le das importancia? ¿Cómo quieres que sea tu hij@? La respuesta a esta pregunta puede tener muchas interpretaciones…
Todos tenemos expectativas, es inevitable, hemos aprendido a tenerlas y romper ese hábito es difícil… Pero las expectativas dañan seriamente la felicidad… Y, entonces, ¿no debemos querer cosas para nuestr@s hij@s? Sí, podemos querer que se conviertan en X, pero no planteado como una expectativa, sino como un objetivo.
¿Y en qué se diferencia una expectativa de un objetivo? Que la primera es un deseo pasivo y el segundo es algo que nos planteamos de forma más activa y planificada. Por ejemplo, puede desear tener una vida determinada, con un trabajo determinado, una pareja determinada… y eso son expectativas. Cuando planificas cómo conseguirlo, se convierten en objetivos.
Ambos pueden aplicarse a temas vitales, como un trabajo, una familia, un lugar en el que vivir, un sueño… Pero cuando se aplican a personas que no son nosotros mismos, empiezan a complicarse la cosa. Porque cuando no se cumplen, nos decepcionamos y cuando esto ocurre, trasladamos nuestro descontento, a veces, hacia la persona en cuestión.
Un padre puede desear que sus hijos sean tal o cual cosa. Si no desarrolla un plan para que eso suceda, se va a frustrar con facilidad y esa frustración la pueden pagar sus hijos. Esto supone que el padre puede trasladarles decepción, reproches, falta de aprobación y de amor incondicional. Si el objetivo que querías que lograra, es suyo también, suficiente tendrá con no haberlo conseguido, no necesita además que le mires con “esperaba más de ti” en tus ojos.
Cuando esperamos determinadas cosas de nuestros hij@s, aunque sean objetivos, no podemos jugar con el amor que les profesamos como arma para conseguirlo. Sí, ya sé que da un rápido resultado, porque conseguimos lo que queremos con rapidez, pero lo que ellos sienten, es que no les queremos. Si estamos convencid@s de que es bueno para ellos y les hacemos entender con nuestra actitud y ejemplo de sus bondades, debemos respetar su ritmo de aprendizaje para que realmente sea significativo para ell@s.
Y en cuanto a los objetivos que podemos querer para ell@s, ¿los hay válidos o no? ¿Cuáles son? ¿De qué depende? El factor clave es el respeto. Sí que están la supervivencia, los límites, los valores como criterios educativos… Pero para mí, el más importante, es el respeto. Respetar sus tiempos, sus ritmos, su forma de ser… Claro que habrá momentos, muchos, en los que no esté para nada clara la línea que separa qué es respetarle o dejar que haga lo que le da la gana. Ahí ya entra el sentido común de cada uno o el ensayo error. Se puede observar qué pasa si un día permitimos algo y actuar la siguiente vez en consecuencia. Que dé un mal resultado no lo convierte en un mal irreversible.
¿Qué no decidir por ell@s? Sus compañías, sus estudios, en qué utilizan su tiempo libre, su forma de vestir, la música que escuchan, su forma de bailar, cómo expresar sus emociones, sus gustos, el tiempo que les lleva hacer los deberes… Claro está que aquí el factor edad no se puede obviar y que, cuanto más mayores son, más libertad hay que dejarles. Para que luego tomen “buenas decisiones” hemos tenido que, en los años previos, habérselas mostrado, reflexionado y dialogado sobre ellas.
¿Qué decidir por ellos? El autocuidado, el respeto en las relaciones, la confianza en uno mismo, la capacidad de gestionar el tiempo, el autoconocimiento, la capacidad de expresarse… Cómo lleven a cabo estas conductas, ya será su elección.
¡Así que si quieres educar hacia buenos fines, proactividad, respeto y mucho amor!