Y tú, ¿qué crees?

Las creencias son de lo más sagrado que tenemos. Es uno de los pocos lugares en los que no manda nadie excepto nosotr@s. Y tienen un gran poder sobre nuestros objetivos, nuestra vida, nuestro estado de ánimo y nuestra felicidad.

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¿Qué contestar a mi hij@ cuando me pregunta…

… por el sexo? … si los reyes son los padres? … si el abuelo se ha ido al cielo? … qué es la regla? … si yo me voy a morir? … si él se va a morir? … qué pasará cuando se muera? … por qué le he dicho a su profe que estaba malo si lo que habíamos hecho era irnos al pueblo? … si es guap@? … si es list@?

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La parte buena de las cosas

Últimamente me han pasado varias cosas que me están haciendo reflexionar. Todas tienen que ver con tener la razón. Sé que éste es uno de mis talones de Aquiles. Soy tauro y tengo esa tendencia.

Pero bueno, al menos lo sé. Me gusta tener la razón, lo admito. De hecho, la tengo, yo ya me la doy, el problema es que a veces quiero que los demás me la den. ¿Raya esto en la avaricia? Puede ser…

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Mi hijo coge todo lo que le apetece del colegio.

La duda de una madre:

“Tengo un “problema” con mi hijo que acaba de cumplir los 5 años. Te comento, siempre le han gustado los juguetes de los demás, pero imagino que como a muchos niños, pero lleva una temporada que coge todo lo que le apetece del colegio. Son cosas pequeñas, tontadas que no sirven realmente para nada, pero, claro, las coge. Hoy me lo han comentado en el colegio porque ya le hice devolver unas fichas que había cogido y hoy ha vuelto a hacerlo. Nosotros le decimos lo mal que está hacer esas cosas, pero sigue con la misma actitud… La situación de casa no ha cambiado en ningún aspecto. Si me puedes dar alguna guía te lo agradeceré…. estoy perdidísima… gracias de nuevo.”

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Si quieres, puedes parar el tiempo.

El tiempo no pasa despacico, pasa volando, van cayendo los días uno tras otro y de repente nos decimos “¡pero ya estamos casi en verano! ¡Se me ha pasado volando!” O al menos a mí me pasa.

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Ya sé que me quieres, pero no me des consejos.

¿A que a veces no cuentas cosas a algunas personas porque ya sabes lo que te van a decir? Me refiero a cosas importantes, que te preocupan, que te inquietan, que te duelen… ¿A que a veces te callas cosas que sientes, que temes, que planificas porque no confías en que la reacción de los demás vaya a ser de ayuda?

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A mí sí me afecta lo que los demás piensen de mí.

Últimamente he pasado a mis alumnos evaluaciones sobre los cursos que ya he terminado. Cada vez que abro una, ¡tiemblo! Y ahora, mucho menos que antes. Voy haciendo callo con respecto a las críticas que voy recibiendo, que siempre me han sentado como un jarro de agua fría, incluso las constructivas, pero me sigue afectando bastante lo que me pueda encontrar en ellas.

Siempre va a haber opiniones de todo tipo.

Siempre va a haber opiniones de todo tipo.

Creo que todos somos bastante susceptibles de que nos afecte lo que piensen de nosotr@s. Al menos yo lo soy. La gente que no me conoce mucho suele sorprenderse cuando digo esto ya que no ven que me comporte como tal. Es decir, soy desinhibida, hablo con cierta seguridad y hago un poco lo que me da la gana. Pero que yo me comporte así no significa que dentro de mí no haya una batalla constante contra una parte de mi personalidad a la que le preocupa el “qué dirán”.

Aunque me importe lo que piensen los demás, es más importante ser yo.

Aunque me importe lo que piensen los demás, es más importante ser yo.

También me he dado cuenta de que hay cierto egocentrismo en pensar que los demás siempre están opinando sobre nosotr@s y me tranquiliza mucho la idea de que no soy tan importante para el resto de mundo como para que constantemente estén hablando de mí.

Aquí un buen ejemplo.

Aquí un buen ejemplo.

Soy consciente de que me influye lo que los demás puedan pensar de mí, pero no dejo de hacer cosas por ello. Me encantaría que a todo el mundo le pareciera que hago un buen trabajo, disfrutaría agradando a los demás y sería estupendo saber que lo que hago está bien a ojos de todo el mundo.

O no.

Voy aprendiendo que eso no es posible, que no podemos gustarle a todo el mundo. Hay estudios que dicen que no gustamos a la tercera parte de la gente que nos conoce. ¿Te imaginas cuanta gente es ésa? Buf, un montón.

Pero además me doy cuenta de que si gustáramos a todo el mundo, o gustara nuestro trabajo o nuestros chistes o nuestro pelo, todo esto sería muy aburrido, ¿no? De hecho, gracias a algunas críticas que he recibido, he mejorado. Gracias a ello avanzamos, evolucionamos, nos cuestionamos cosas… y eso siempre es bueno.

Cuando el otro día leí una crítica bastante positiva de uno de mis alumnos, empecé a notar cómo se me inflaba el ego y se me separaban los pies del suelo. Al igual que me influye lo negativo y me siento peor por recibir críticas negativas, tiendo a sentirme mejor con los halagos, normal, ¿no?

Un globo tan fácil de pinchar...

Un globo tan fácil de pinchar…

Pues no sé yo… Yo creo que la clave está en darle la importancia justa a cada una de estas informaciones que nos llegan, tengan el contenido que tengan. Y para ello, debemos convencernos de que nosotros no somos nuestros actos, que valemos independientemente de lo que hagamos.

No merecemos castigos de ningún tipo, así que nada de fustigarse por haberse equivocado, ya que estamos en nuestro derecho como humanos que somos. Cuando nos creamos esto, nos agradará recibir una opinión positiva y tendremos en cuenta una negativa para ver qué parte tiene de verdad y tratar de mejorar en ello, pero ni nuestro estado de ánimo ni nuestro autoconcepto dependerán de lo que los demás nos digan, porque sabremos lo que somos y nuestra identidad ni el precio que tenemos por nosotr@s mism@s no variará en función de los mensajes exteriores, sólo se enriquecerá de alguna manera.

Recuerda: lo que te digan es sólo información.

Recuerda: lo que te digan es sólo información.

Y cuando te crees esto es cuando lo que los demás puedan decir de ti te puede importar menos. Ni subirte por las alturas ni degradarte a los infiernos. Simplemente será información.

A ver si me aplico el cuento.

Eso que nos irrita tanto de los demás…

Cada vez que me sacaba de quicio que una persona exigiera su máxima comodidad para estar bien al margen de que estuviera entorpeciendo a los demás, estaba proyectando. Porque a mí también me gustaría estar comodísima, pero me han ensañado que tengo que ser sufrida y lo soy, pero no por voluntad propia.

Cuando me molestaba que alguien a nivel académico o profesional intentara algo que yo no había hecho, estaba proyectando. Porque era algo que yo no me había atrevido a hacer y me lo pasaba por los morros que sí se puede.

¡La envidia no es tan mala!

¡La envidia no es tan mala!

Cuando no soportaba que alguien le echara mucho morro a la vida, estaba proyectando. Porque a mí me hubiera gustado hacerlo, pero era más importante el qué dirán, que lo que yo pudiera conseguir.

Cuando criticaba a alguien por ser tan empalagosa con su pareja, estaba proyectando. Porque a mí me gustaría que la mía fuera más cariñosa conmigo, pero como voy de progre e independiente por la vida, no permitía que fuera así.

¿Por qué te molesta tanto?

¿Por qué te molesta tanto?

Cuando se me soltaba la lengua para poner a caldo a una chica con una vestimenta estrafalaria que veía por la calle, estaba proyectando. Porque yo me estaba reprimiendo de vestirme de alguna manera menos convencional, pero no me atrevía.

Cuando señalas a otro, tres dedos apuntan a ti.

Cuando señalas a otro, tres dedos apuntan a ti.

Cuando me contaban que alguien se había ido a vivir a un pueblo y yo, con condescendencia y altivez, pensaba “a ver cuánto dura”, estaba proyectando. Porque yo también quería, quería muchísimo hacer lo mismo, pero me había convencido de que sería incapaz de lograrlo.

Con lo bien que estoy ahora yo en el mío...

Con lo bien que estoy ahora yo en el mío…

Ahora soy consciente de todo esto, y esa crítica, esos juicios, esa rabia, los he convertido en información útil para mi vida. Es como utilizar la basura como combustible. Al igual que cuando os hablé de la envidia, cada vez que proyectamos, podemos obtener un montón de información sobre nosotr@s mism@s.

Negar que proyectamos, como negar la envidia, son actitudes normales, pero hay que gestionarlas adecuadamente. No debemos juzgarnos por ello. Todo el mundo proyecta, todo el mundo siente envidia. Y NO ES MALO.

Aceptar que proyectar es un mecanismo de defensa, puede facilitar que aceptemos con mayor facilidad la información que nos proporciona la propia proyección. Ganaremos en autoconocimiento, autoestima y humildad entre otras.

De verdad, cada vez que algo te saque de quicio, párate a pensar, ¿por qué me molesta tanto esto? ¿Lo hago yo? ¿Qué tiene que ver conmigo? Porque una cosa es que algo te moleste porque es una falta de respeto o porque le molestaría a cualquiera, no son este tipo de cosas a las que me refiero. Sino a las experiencias que te tocan especialmente, que te enervan y que no puedes controlar que te irriten tanto.

Una vez, en pleno verano, una amiga iba con botas de agua, eran muy chulas, eso sí, pero no llovía y no era un calzado muy apropiado para esa época del año. Las llevaba casi todos los días. Y un día, tomando algo en un bar, vio a otra chica que no le caía muy bien que llevaba un corsé, era bastante original y no le quedaba nada mal. A mi amiga le faltó tiempo para comentar que era muy poco apropiado ir con esa prenda. Todos los que estábamos alrededor, tuvimos que hacer alusión a su calzado, ya que puestos a escoger… era menos adecuado que el corsé de la otra chica.

Con esto quiero decir que muchas veces  no vemos lo que está a los ojos de todo el mundo y que si nos queremos engañar, podemos hacerlo, pero es mucho más práctico no hacerlo.

¿Cómo quieres que sea tu hij@?

¿Por qué educas de una manera y no de otra? ¿De qué depende? ¿Te lo planteas? ¿Te has parado a pensar en esto? ¿A qué le das importancia? ¿Cómo quieres que sea tu hij@? La respuesta a esta pregunta puede tener muchas interpretaciones…

A nadie le gusta que decidan por él.

A nadie le gusta que decidan por él.

Todos tenemos expectativas, es inevitable, hemos aprendido a tenerlas y romper ese hábito es difícil… Pero las expectativas dañan seriamente la felicidad… Y, entonces, ¿no debemos querer cosas para nuestr@s hij@s? Sí, podemos querer que se conviertan en X, pero no planteado como una expectativa, sino como un objetivo.

Cuantas más expectativas tengas, más insuficientes se sentirán.

Cuantas más expectativas tengas, más insuficientes se sentirán.

¿Y en qué se diferencia una expectativa de un objetivo? Que la primera es un deseo pasivo y el segundo es algo que nos planteamos de forma más activa y planificada. Por ejemplo, puede desear tener una vida determinada, con un trabajo determinado, una pareja determinada… y eso son expectativas. Cuando planificas cómo conseguirlo, se convierten en objetivos.

Ambos pueden aplicarse a temas vitales, como un trabajo, una familia, un lugar en el que vivir, un sueño… Pero cuando se aplican a personas que no son nosotros mismos, empiezan a complicarse la cosa. Porque cuando no se cumplen, nos decepcionamos y cuando esto ocurre, trasladamos nuestro descontento, a veces, hacia la persona en cuestión.

Y esa decepción l@s niñ@s la viven como propia.

Y esa decepción l@s niñ@s la viven como propia.

Un padre puede desear que sus hijos sean tal o cual cosa. Si no desarrolla un plan para que eso suceda, se va a frustrar con facilidad y esa frustración la pueden pagar sus hijos. Esto supone que el padre puede trasladarles decepción, reproches, falta de aprobación y de amor incondicional. Si el objetivo que querías que lograra, es suyo también, suficiente tendrá con no haberlo conseguido, no necesita además que le mires con “esperaba más de ti” en tus ojos.

Cuando esperamos determinadas cosas de nuestros hij@s, aunque sean objetivos, no podemos jugar con el amor que les profesamos como arma para conseguirlo. Sí, ya sé que da un rápido resultado, porque conseguimos lo que queremos con rapidez, pero lo que ellos sienten, es que no les queremos. Si estamos convencid@s de que es bueno para ellos y les hacemos entender con nuestra actitud y ejemplo de sus bondades, debemos respetar su ritmo de aprendizaje para que realmente sea significativo para ell@s.

Y en cuanto a los objetivos que podemos querer para ell@s, ¿los hay válidos o no? ¿Cuáles son? ¿De qué depende? El factor clave es el respeto. Sí que están la supervivencia, los límites, los valores como criterios educativos… Pero para mí, el más importante, es el respeto. Respetar sus tiempos, sus ritmos, su forma de ser… Claro que habrá momentos, muchos, en los que no esté para nada clara la línea que separa qué es respetarle o dejar que haga lo que le da la gana. Ahí ya entra el sentido común de cada uno o el ensayo error. Se puede observar qué pasa si un día permitimos algo y actuar la siguiente vez en consecuencia. Que dé un mal resultado no lo convierte en un mal irreversible.

¿Qué no decidir por ell@s? Sus compañías, sus estudios, en qué utilizan su tiempo libre, su forma de vestir, la música que escuchan, su forma de bailar, cómo expresar sus emociones, sus gustos, el tiempo que les lleva hacer los deberes… Claro está que aquí el factor edad no se puede obviar y que, cuanto más mayores son, más libertad hay que dejarles. Para que luego tomen “buenas decisiones” hemos tenido que, en los años previos, habérselas mostrado, reflexionado y dialogado sobre ellas.

Objetivo: mejorar como personas.

Objetivo: mejorar como personas.

¿Qué decidir por ellos? El autocuidado, el respeto en las relaciones, la confianza en uno mismo, la capacidad de gestionar el tiempo, el autoconocimiento, la capacidad de expresarse… Cómo lleven a cabo estas conductas, ya será su elección.

Con seguridad.

Con seguridad.

¡Así que si quieres educar hacia buenos fines, proactividad, respeto y mucho amor!

 

La comodidad puede matar

No es fácil madrugar si no tienes obligaciones, pero vivir dependiendo de lo que nos apetece, es esclavitud.

Hazte apetecibles los esfuerzos.

Hazte apetecibles los esfuerzos.

No es cómodo salir una tarde a dar un paseo si el tiempo está desapacible, pero cuando vuelves a casa, te alegras de haber tomado esa decisión.

Tremendos premios por salir de casa.

Tremendos premios por salir de casa.

Cuesta apagar la tele y ponerse a leer, pero sabes que es mejor para tu mente.

Da pereza salir de casa para hacer deporte, pero sabes que descansarás mucho mejor si lo haces.

Hacer deporte genera endorfinas.

Hacer deporte genera endorfinas.

Yo trabajo desde casa la mayor parte del tiempo y soy bastante disciplinada con respecto a los horarios. No me considero muy organizada, de hecho en el plano físico soy preocupantemente desordenada, pero he ido desarrollando una disciplina bastante sólida en cuanto a la distribución del tiempo se refiere.

Hace poco en una agradable charla, recordaba mi primer año en la universidad. El primer cuatrimestre las clases eran por la tarde y me costaba mucho levantarme a una hora decente para poder aprovechar la mañana e ir haciendo los trabajos. De hecho, los tres primeros años de magisterio fui una estudiante muy poco ejemplar.

De eso han pasado unos cuantos años y veo que con el tiempo y una fuerte motivación, he podido desarrollar la capacidad de organizarme el tiempo y la voluntad para trabajar sin una exigencia externa.

¿Cuál ha sido mi motivación? Hacer lo que quiero, donde quiero, cuando quiero y como quiero. Desarrollar Bienpensar, vivir en Ansó, tener mis propios horarios y sentirme libre.

Muchas veces, la palabra disciplina parece reñida con la palabra libertad. Pero nada más lejos de la realidad. Gracias a ser disciplinad@s, podemos ser libres de escoger lo que queremos. La voluntad hay que educarla y fortalecerla para poder ser libres.

Una manera de hacerlo es reparando en el uso del lenguaje. A veces decimos: “tengo que lavar los platos” y sentimos obligación y poca apetencia. ¿Y si cambiamos tengo por quiero? Probablemente no quieres lavar los platos pero sí los quieres tener limpios, ¿no? ¡Entonces quieres lavarlos!

Para conseguir objetivos hay que plantearse retos y poner todo de nuestra parte. Esfuerzo, voluntad, motivación… ¡Y premios! En forma de reconocimiento, de buen trato, de gratificaciones cuando llevamos a cabo una tarea costosa…

Ser feliz es cuestión de voluntad, de recordar todos los días todo lo que sí tenemos, todos los problemas que no tenemos, agradecerlo, nuestra salud, la de quienes nos rodean, desterrar los miedos… La comodidad, lo siento mucho, es incompatible con la felicidad. El piloto automático no nos va a avisar de que nos estamos saliendo de la ruta que nos habíamos marcado.

No lo olvides.

No lo olvides.

¡Así que a vivir conscientes, con los ojos muy abiertos y sin pereza por la vida! ¡Que tenemos más capacidad y fuerzas de lo que creemos! Si es que… ¡TODO ES PONERSE!