No pasa nada y, si pasa, se le saluda

Hoy no se me ocurre nada sobre lo que escribir…

Será que para ser junio, casi apetece volver a encender la chimenea y que haga frío a estas alturas me afecta…

Será que no estamos siempre igual… Y, ¿no pasa nada, no? Y si pasa, se le saluda… como el título de un libro que cada vez tengo más ganas de leer.

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Cuando tu hij@ se enfada contigo

El enfado es un conflicto típico en el ámbito de las relaciones sociales. Como todos los conflictos, es incómodo. Es lo que tienen los conflictos, que nos sacan de nuestra zona de confort. Quizá no son agradables, no, no lo son, a quién voy a engañar… Pero tampoco son dramas o catástrofes y, afrontarlos adecuadamente, puede hacernos crecer cada día.

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Y tú, ¿qué crees?

Las creencias son de lo más sagrado que tenemos. Es uno de los pocos lugares en los que no manda nadie excepto nosotr@s. Y tienen un gran poder sobre nuestros objetivos, nuestra vida, nuestro estado de ánimo y nuestra felicidad.

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¿Qué contestar a mi hij@ cuando me pregunta…

… por el sexo? … si los reyes son los padres? … si el abuelo se ha ido al cielo? … qué es la regla? … si yo me voy a morir? … si él se va a morir? … qué pasará cuando se muera? … por qué le he dicho a su profe que estaba malo si lo que habíamos hecho era irnos al pueblo? … si es guap@? … si es list@?

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La parte buena de las cosas

Últimamente me han pasado varias cosas que me están haciendo reflexionar. Todas tienen que ver con tener la razón. Sé que éste es uno de mis talones de Aquiles. Soy tauro y tengo esa tendencia.

Pero bueno, al menos lo sé. Me gusta tener la razón, lo admito. De hecho, la tengo, yo ya me la doy, el problema es que a veces quiero que los demás me la den. ¿Raya esto en la avaricia? Puede ser…

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Mi hijo coge todo lo que le apetece del colegio.

La duda de una madre:

“Tengo un “problema” con mi hijo que acaba de cumplir los 5 años. Te comento, siempre le han gustado los juguetes de los demás, pero imagino que como a muchos niños, pero lleva una temporada que coge todo lo que le apetece del colegio. Son cosas pequeñas, tontadas que no sirven realmente para nada, pero, claro, las coge. Hoy me lo han comentado en el colegio porque ya le hice devolver unas fichas que había cogido y hoy ha vuelto a hacerlo. Nosotros le decimos lo mal que está hacer esas cosas, pero sigue con la misma actitud… La situación de casa no ha cambiado en ningún aspecto. Si me puedes dar alguna guía te lo agradeceré…. estoy perdidísima… gracias de nuevo.”

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Si quieres, puedes parar el tiempo.

El tiempo no pasa despacico, pasa volando, van cayendo los días uno tras otro y de repente nos decimos “¡pero ya estamos casi en verano! ¡Se me ha pasado volando!” O al menos a mí me pasa.

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¿Cuándo es aconsejable que l@s niños tengan su propio móvil?

No vamos a tener mucho poder de decisión con respecto a esto, porque nos lo van a pedir mucho antes de lo que consideremos oportuno y la presión va a ser mucha. Pero dicho esto, más que una edad concreta para que un niño tenga su propio teléfono móvil, deberían tenerse en cuenta otros aspectos, pero la edad a partir de la cual se considera menos inadecuado suele ser a partir de los 12 años. ¿Por qué? Por las siguientes razones:

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Ya sé que me quieres, pero no me des consejos.

¿A que a veces no cuentas cosas a algunas personas porque ya sabes lo que te van a decir? Me refiero a cosas importantes, que te preocupan, que te inquietan, que te duelen… ¿A que a veces te callas cosas que sientes, que temes, que planificas porque no confías en que la reacción de los demás vaya a ser de ayuda?

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Una razón por la que es tan difícil educar desde el respeto.

Poner atención en el lenguaje que utilizamos, es muy importante tanto en el trato que nos damos a nosotros mismos como en el que damos a los demás.

¿Eres consciente de cuánto te criticas? ¿O de cuánto te comparas? Si nos ponemos a analizar lo que nos decimos, alucinaríamos de lo crueles que somos con nosotros mismos. Pero con los demás, no nos quedamos cortos, porque proyectamos en ellos lo que no soportamos de nosotros.

Aunque cambie la forma, el castigo puede seguir existiendo.

Aunque cambie la forma, el castigo puede seguir existiendo.

Educamos como nos han educado y repetimos, nos guste o no. A no ser que nos hagamos conscientes de esta repetición, paremos y reflexionemos sobre lo que hacemos y cómo lo hacemos y, conscientemente, elaboremos una forma mejor.

Lo he comentado en otros posts: educar a tu hij@ te enfrenta con el niño que fuiste. Y mientras no te reconcilies con él, te perdones y trates de quererte de forma incondicional, seguirás castigándolo por lo que tú no te perdonas.

Tener un hijo nos conecta con nuestro niño interior.

Tener un hijo nos conecta con nuestro niño interior.

Puede que suene muy extremo este planteamiento. Si tu infancia ha sido tratada con respeto, si te han querido de forma incondicional, si no fueron duros contigo tus padres, probablemente tengas mayor facilidad para ser comprensiv@ con tu hij@.

Pero por desgracia, no todo el mundo tiene esa suerte y cuando se encuentran con sus hij@s, a menudo se descubren haciendo lo mismo que sus padres hacían con ell@s.

Desde un enfoque psicoanalista, mientras no resolvamos nuestros problemas con nuestro niño interior, seguiremos teniendo problemas para educar a nuestr@s hij@s de una manera sana y coherente.

Lo que “funcionó” con nosotros no tiene por qué hacerlo con nuestros hijos, afortunadamente. Las incoherencias, los gritos, los castigos desproporcionados, el miedo, las faltas de respeto, los chantajes psicológicos, las manipulaciones… Pueden dar resultado a corto plazo, pero a largo plazo son bastante destructivos. Es hora de abandonar lo que realmente no sirvió con nosotr@s. No hemos muerto en el intento, no nos mató, pero podríamos tratar de evitárselo a las generaciones venideras.

Trabajo con adultos que arrastran secuelas psicológicas importantes por la educación que han recibido en su infancia, por la severidad con la que han sido tratadas, por las relaciones tóxicas en las que se han criado, por los chantajes que aún a día de hoy les minan la autoestima…

Tomemos conciencia de la importancia que tiene nuestro lenguaje en nuestr@s hij@s, pero antes, perdonemos al niño que fuimos.

No fuimos malos, no fuimos trastos, no fuimos torpes, no fuimos vagos, no fuimos irresponsables, no fuimos marranos. Fuimos niños tratando de aprender a vivir y a relacionarnos y que fallamos intentándolo, como todo aprendizaje, pero también acertamos, aunque se nos felicitara poco por ello.

Una vez asimilado esto, trataremos con mayor comprensión y respeto a l@s pequeñ@s.