Me preocupa que mi hijo de dos años pueda estar mintiendo.

Ésta es la consulta que me hizo una madre la semana pasada. ¿Puede estar mintiendo? Y si miente, ¿qué debería hacer?

A esa edad no hay una noción clara de qué es realidad y qué no. De hecho hasta las 6 años su mundo de fantasía puede estar muy mezclado con la realidad y eso puede provocar que falten a la verdad sin ser conscientes de ello. En este vídeo,  por ejemplo, pasa esto mismo.

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El final… del campus… llegó…

¡Hola! ¡Ya estoy de vuelta! Siento mucho esta ausencia, pero no había previsto que la actividad de este verano iba a ser tan frenética…

Y es de eso de lo que os quiero hablar.

Como muchos sabréis, este verano en Ansó he llevado a cabo junto con dos compañeros, el campus de verano “Creatividad, movimiento y emociones”. Ha sido una actividad con niñ@s de 4 a 12 años en la que hemos pasado todas las mañanas aprendiendo sobre deportes, manualidades, cultura, flora, fauna, idiomas, cante, baile y, cómo no, emociones.

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¿Corto la relación con mis padres para que no me hagan daño?

Aquí os dejo la consulta y mi respuesta sobre cómo gestionar la relación con los padres cuando somos adultos.

“Quería saber si es conveniente cortar del todo la relación y alejarse de tus padres cuando la relación esta haciéndote daño y no la puedes arreglar. El tema es que me separé y fui a vivir a un piso vacío suyo pagando gastos y un alquiler simbólico. Eso les dio derecho a tratarme como si tuviera trece años con normas y críticas continuas. Me decían continuamente que ésa no era mi casa y que me buscara una casa donde vivir… Muchos enfados… Hasta que ya ni cuando nos veíamos de vez en cuando podían mostrar alegría, siempre broncas y normas y críticas hacia mí. sigue leyendo

Ingredientes de unas buenas vacaciones de verano

Oficialmente ya son vacaciones y l@s niñ@s no tienen cole, pero aún así necesitan unas rutinas, ya que el descontrol y la falta de límites, aunque no lo parezca, les genera bastante inseguridad.

Las vacaciones de verano a l@s niñ@s pueden parecerles eternas, no es como a nosotr@s, que se nos pasan volando y, por ello, puede haber tiempo para todo.

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Sutiles faltas de respeto a l@s niñ@s

Como ya sabéis, entre otras cosas, me dedico a dar cursos a padres y madres sobre cómo educar con inteligencia emocional a l@s niñ@s. Trato de hacer bastante hincapié en el respeto ya que es una importante base para la autoestima que desarrollen en un futuro y una especie de garantía para una buena salud mental. Mira a tu hij@ como alguien aparte de ti, con curiosidad, sin expectativas, sin juicio, sin opinión.

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Cuando tu hij@ se enfada contigo

El enfado es un conflicto típico en el ámbito de las relaciones sociales. Como todos los conflictos, es incómodo. Es lo que tienen los conflictos, que nos sacan de nuestra zona de confort. Quizá no son agradables, no, no lo son, a quién voy a engañar… Pero tampoco son dramas o catástrofes y, afrontarlos adecuadamente, puede hacernos crecer cada día.

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¿Qué contestar a mi hij@ cuando me pregunta…

… por el sexo? … si los reyes son los padres? … si el abuelo se ha ido al cielo? … qué es la regla? … si yo me voy a morir? … si él se va a morir? … qué pasará cuando se muera? … por qué le he dicho a su profe que estaba malo si lo que habíamos hecho era irnos al pueblo? … si es guap@? … si es list@?

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Mi hijo coge todo lo que le apetece del colegio.

La duda de una madre:

“Tengo un “problema” con mi hijo que acaba de cumplir los 5 años. Te comento, siempre le han gustado los juguetes de los demás, pero imagino que como a muchos niños, pero lleva una temporada que coge todo lo que le apetece del colegio. Son cosas pequeñas, tontadas que no sirven realmente para nada, pero, claro, las coge. Hoy me lo han comentado en el colegio porque ya le hice devolver unas fichas que había cogido y hoy ha vuelto a hacerlo. Nosotros le decimos lo mal que está hacer esas cosas, pero sigue con la misma actitud… La situación de casa no ha cambiado en ningún aspecto. Si me puedes dar alguna guía te lo agradeceré…. estoy perdidísima… gracias de nuevo.”

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Una razón por la que es tan difícil educar desde el respeto.

Poner atención en el lenguaje que utilizamos, es muy importante tanto en el trato que nos damos a nosotros mismos como en el que damos a los demás.

¿Eres consciente de cuánto te criticas? ¿O de cuánto te comparas? Si nos ponemos a analizar lo que nos decimos, alucinaríamos de lo crueles que somos con nosotros mismos. Pero con los demás, no nos quedamos cortos, porque proyectamos en ellos lo que no soportamos de nosotros.

Aunque cambie la forma, el castigo puede seguir existiendo.

Aunque cambie la forma, el castigo puede seguir existiendo.

Educamos como nos han educado y repetimos, nos guste o no. A no ser que nos hagamos conscientes de esta repetición, paremos y reflexionemos sobre lo que hacemos y cómo lo hacemos y, conscientemente, elaboremos una forma mejor.

Lo he comentado en otros posts: educar a tu hij@ te enfrenta con el niño que fuiste. Y mientras no te reconcilies con él, te perdones y trates de quererte de forma incondicional, seguirás castigándolo por lo que tú no te perdonas.

Tener un hijo nos conecta con nuestro niño interior.

Tener un hijo nos conecta con nuestro niño interior.

Puede que suene muy extremo este planteamiento. Si tu infancia ha sido tratada con respeto, si te han querido de forma incondicional, si no fueron duros contigo tus padres, probablemente tengas mayor facilidad para ser comprensiv@ con tu hij@.

Pero por desgracia, no todo el mundo tiene esa suerte y cuando se encuentran con sus hij@s, a menudo se descubren haciendo lo mismo que sus padres hacían con ell@s.

Desde un enfoque psicoanalista, mientras no resolvamos nuestros problemas con nuestro niño interior, seguiremos teniendo problemas para educar a nuestr@s hij@s de una manera sana y coherente.

Lo que “funcionó” con nosotros no tiene por qué hacerlo con nuestros hijos, afortunadamente. Las incoherencias, los gritos, los castigos desproporcionados, el miedo, las faltas de respeto, los chantajes psicológicos, las manipulaciones… Pueden dar resultado a corto plazo, pero a largo plazo son bastante destructivos. Es hora de abandonar lo que realmente no sirvió con nosotr@s. No hemos muerto en el intento, no nos mató, pero podríamos tratar de evitárselo a las generaciones venideras.

Trabajo con adultos que arrastran secuelas psicológicas importantes por la educación que han recibido en su infancia, por la severidad con la que han sido tratadas, por las relaciones tóxicas en las que se han criado, por los chantajes que aún a día de hoy les minan la autoestima…

Tomemos conciencia de la importancia que tiene nuestro lenguaje en nuestr@s hij@s, pero antes, perdonemos al niño que fuimos.

No fuimos malos, no fuimos trastos, no fuimos torpes, no fuimos vagos, no fuimos irresponsables, no fuimos marranos. Fuimos niños tratando de aprender a vivir y a relacionarnos y que fallamos intentándolo, como todo aprendizaje, pero también acertamos, aunque se nos felicitara poco por ello.

Una vez asimilado esto, trataremos con mayor comprensión y respeto a l@s pequeñ@s.

Las prisas son nuestras, no de l@s niñ@s.

El otro día observaba a mi sobrina, que casi tiene 6 años. Íbamos con cierta prisa, era sábado y todo era ocio, pero teníamos que salir de casa ya. Yo había decidido peinarla, pero antes su madre le había dado la orden de que recogiera alguna cosa de su cuarto. Así que yo la esperaba en la puerta del baño.

La prisa es nuestra, no de l@s niñ@s.

La prisa es nuestra, no de l@s niñ@s.

Ella, iba haciendo a su ritmo lo que le habían dicho, pero se entretenía subiéndose los calcetines, observando algunos de los juguetes que estaba recogiendo… En fin, que disfrutaba de llevar a cabo esa tarea, a su manera, a su ritmo.

Cualquier cosa puede fascinarles y necesitar observarla durante un buen rato.

Cualquier cosa puede fascinarles y necesitar observarla durante un buen rato.

En otras ocasiones, yo misma le hubiera metido prisa, pero me pareció tan enternecedora la situación… Imagino que sentí el placer de hacer las cosas despacio, que me hubiera gustado que respetaran mi ritmo, que me permitieran ocuparme de mí misma poniéndome los calcetines a la misma altura… Porque a veces, de mayor, lo hago. Me quedo un rato parada, observando algo, como hipnotizada, me recreo quieta en algo que miro o pienso… Y ese rato es oro.

Eso me pasa cuando estoy en el río.

Eso me pasa cuando estoy en el río.

Las prisas destruyen el momento presente, la espontaneidad, la naturalidad.

Precisamente, ese mismo día, había salido a relucir en la sesión de escuela de padres y madres, el tema de las prisas. Nuestro estilo de vida es incompatible con dar una educación emocional. Al menos, nos lo pone muy difícil.

El estrés, el consumismo, la importancia de lo material, la poca introspección a la que estamos acostumbrados… Los valores de nuestra sociedad van a ponérnoslo muy difícil. Es harto complicado tratar de hacer las cosas bien cuando tenemos que nadar a contracorriente.

Reflexiona sobre esto cada vez que vayas a sentirte mal por creer que podrías haberlo hecho mejor.

Y por eso la educación emocional es “taaaaan difícil”. Pero da tanto gusto permitirte momentos en los que apartas todos esos obstáculos y dejas que lo natural sea lo protagonista… Últimamente, mis alumn@s, me cuentan cómo van poniendo en práctica trucos de los que les hablo y cómo van funcionando… ¡Me pongo tan contenta…!

Claro que no dejé que mi sobrina se entretuviera todo lo que le diera la gana, le fui recordando que estaba esperándola para peinarla porque nos queríamos ir y enseguida lo hicimos. Pero para mí lo fácil hubiera sido pegarle el grito con sus correspondientes juicios tal como: “Pero, ¿vienes o no? Mira que como no vengas ya, ¡no nos va a dar tiempo!  ¡Déjate esos calcetines que lo que tienes que hacer ahora es recoger! Que por cierto, ya podrías haberlo hecho antes… Si es que… vaya pachorra que tienes chica… No me quiero imaginar lo que deben ser las mañanas en esta casa…”. Por ejemplo.

¿Qué efectos tiene esta actuación? Estrés, culpabilidad, confusión por los mensajes contradictorios (entonces, ¿recojo o no?), lo importante es hacer las cosas rápido, mi criterio no es válido, sólo debo hacer lo que me dicen, etc.

Ya sé que cambiar el estilo de vida no es fácil, pero hay muchas cosas que se pueden hacer con respecto a las prisas y el estrés, principalmente tomarse las cosas con más calma y crear prioridades.

Estoy contenta de haber hecho este pequeño cambio que entraña un mayor respeto al ritmo de l@s niñ@s, porque de alguna manera surgió gracias a sentir empatía con mi sobrina y de alguna manera conecté con la niña que fui y cómo me hubiera gustado que me trataran a mí.