El otro día me llegó por alguna red social un mensaje que decía algo así como “Te pegaste toda la vida esperando a que sucediera el milagro sin darte cuenta de que el milagro eras tú”.
Y me gustó un montón.
El otro día me llegó por alguna red social un mensaje que decía algo así como “Te pegaste toda la vida esperando a que sucediera el milagro sin darte cuenta de que el milagro eras tú”.
Y me gustó un montón.
Se nos ha planteado siempre esta dicotomía como única forma de reaccionar ante los agravios. Pero desde la inteligencia emocional, no es correcto.
Hace unas semanas comencé el reto “Agradecer los problemas que no tengo”. Le llamé reto por ponerle un nombre, pero simplemente fue hacer tres agradecimientos diarios sobre problemas que no había tenido.
¡Ay qué ganas tengo de que vuelva la rutina…! Y eso que hago esfuerzos por que estas fechas no me descoloquen demasiado, pero la inercia de las celebraciones… ¡Tiene mucha fuerza!
La semana pasada estuve en Zaragoza, como suelo hacer una vez al mes.
Este otoño que terminó ayer ha sido un bálsamo. Y eso que es mi estación más temida, con tan pocas horas de sol… Será por compensar el anterior…
Hice un bolso este año con este texto, bueno, os lo enseño.

En realidad, he hecho más de uno, ¡tienen éxito!
Es una afirmación que a mí me parece súper sana, súper necesaria. Imagino que será porque durante mucho tiempo yo buscaba referentes en mi vida.
¿Te has planteado alguna vez la relación que existe entre la pereza y la autoestima? Pues están bastante relacionadas.
Pasan muchas cosas sobre las que escribir en relación con las emociones. Una de ellas es el anuncio de la lotería de Navidad.
Os propongo un ejercicio. A ver si detectáis todo lo que hago mal para no tolerar mi frustración.
Mi niñez no fue feliz. Tampoco desgraciada. Tengo excelentes recuerdos de ella a la vez que otros muy desagradables.
Quienes hemos hecho un trabajo personal, solemos desmontar el mito de la infancia feliz. Aunque a veces, demasiado.