Las cosas que no nos dijimos

Me estoy leyendo un libro que me está flipando. No es un bestseller, pero es que me está haciendo reflexionar una barbaridad… ¡Ha caído en mis manos en el momento oportuno! Con lo cual, para mí, ahora, es una pasada.

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El súmum de la resiliencia

La verdad es que cuando conocí la historia de María Belón, flipé. La suya y la de toda su familia. Pero ahora que he visto esta entrevista… Me quedo sin palabras.

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Comentarios que, aunque no lo parezca, atentan contra la autoestima de l@s hij@s

Acabo un artículo titulado así: “Por qué mi marido siempre irá por delante de mis hijos”. A ver si diferenciamos unas cosas de otras, porque creo que están muy confundidas y mezcladas.

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100 cosas que lograste ayer (y no te conozco de nada)

Como comenté en el post de la semana pasada, has logrado muchas cosas en tu vida. Aquí la lista de lo que lograste ayer.

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El tema de las rabietas y la seriedad que merece

Vamos a tomarnos las cosas con la seriedad que merecen.

Me viene a la cabeza este vídeo que colgué hace ya tiempo, en el que se ve como un niño de unos dos años va persiguiendo a alguno de sus progenitores por casa con una rabieta tremenda, pero que curiosamente sólo expresa cuando es consciente de que lo están viendo.

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Y tú, ¿perdonas u olvidas?

Se nos ha planteado siempre esta dicotomía como única forma de reaccionar ante los agravios. Pero desde la inteligencia emocional, no es correcto.

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No, que si no el niño se enfada…

Este verano fui a visitar el monasterio de San Juan de la Peña, bastante bonito y concurrido. Es por ello que hay autobuses periódicos que te transportan desde el aparcamiento hasta el mismo monasterio.

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Antídoto contra la desilusión

Llevo unos días viendo, leyendo, escuchando muchas opiniones, muchas críticas, la gente está enfadada, decepcionada, desilusionada, frustrada… No sé si esto acabará en resignación o en aceptación o en ver la parte buena de las cosas… Pero si sé que depende de cada uno de nosotr@s.

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Cuando tu hij@ se enfada contigo

El enfado es un conflicto típico en el ámbito de las relaciones sociales. Como todos los conflictos, es incómodo. Es lo que tienen los conflictos, que nos sacan de nuestra zona de confort. Quizá no son agradables, no, no lo son, a quién voy a engañar… Pero tampoco son dramas o catástrofes y, afrontarlos adecuadamente, puede hacernos crecer cada día.

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Cuanto más te enfades, peor resolverás un conflicto

El conflicto es algo inherente a la vida. Los tenemos con nosotros mismos, con las circunstancia que nos rodean, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestra familia, con nuestra pareja, dilemas morales… Y, cómo no, con los hijos.

Cuanto más estrecho es el vínculo que te une a la persona con la que tienes el conflicto, más difícil es solucionarlo. ¿Por qué? Porque es más fácil que nos lo tomemos como algo personal. Y cuanto más personales te tomas las cosas, peor, menos autocontrol tienes para gestionar la situación.

Tal y como he empezado diciendo, hay que partir de que los conflictos no sólo son inherentes a la vida, sino que son oportunidades de mejorar las situaciones. ¿Cómodos? No, pero negarlos no va a hacer que desaparezcan y antes o después se pueden volver en nuestra contra.

Cuando padres y madres me hacen consultas sobre conflictos que tienen con sus hijos, hay un componente de enfado por el simple hecho de que surja el conflicto. Y eso ya es lo primero que nos dificulta poder solventarlo adecuadamente. No es que haya que alegrarse, simplemente hay que aceptarlos como vienen.

Enfadarnos nos resta poder.

Enfadarnos nos resta poder.

De cómo reaccionemos ante los conflictos, dependerá cómo nuestros hijos aprendan a reaccionar. Sean del tipo que sean. En general, hay que enfadarse menos, en el momento oportuno y con la persona adecuada. Cuanto más tranquilos estemos, más eficientes seremos a la hora de resolver el problema que sea.

Podemos enseñarlas a resolver conflictos si nosotros los resolvemos adecuadamente.

Podemos enseñarlas a resolver conflictos si nosotros los resolvemos adecuadamente.

¿Qué hacer entonces para resolver los conflictos adecuadamente?

  • No te tomes nada como personal. Muchas veces padres y madres comentan sobre sus hijos “me ha suspendido dos”, “me ha pisado todo el fregado” o frases por el estilo. Al igual que la gente no nos hace cosas, sino que la gente hace cosas que nos sientan de una u otra manera, con los hijos es lo mismo. Vigila tu lenguaje interno, porque en función de cómo te cuentes lo que sea que te haya pasado, tu reacción podrá ser más o menos controlada por ti.
Escoge un lenguaje interno constructivo.

Escoge un lenguaje interno constructivo.

  • Esto supone ver el conflicto a solventar no como un agravio contra ti o como una desobediencia a tus normas, sino como algo aparte de ti. Como algo entre tú y tu hijo que hay que solventar pero no como una lucha de razones o una comparación constante de argumentos.
  • Escuchar. Dejar que ambas partes hablen desde su visión, tanto de lo que sienten como de lo que piensan y si es en este orden, mejor. Es más fácil entendernos cuando hablamos de cómo nos sentimos porque ahí nos mostramos más vulnerables y abiertos y esto suele generar en el otro empatía y apertura. Si sólo nos comunicamos desde la razón, es más fácil que el otro pretenda convencernos o tener su razón.
  • Piensa que cada vez que reacciones de esta manera ante la resolución de un conflicto con tu hijo, le estarás enseñando formas mejores de que él los gestione, cosa que va a ser muy beneficiosa en sus relaciones.
  • No evites el conflicto, pero tampoco lo busques.
  • Hay que saber darse cuenta de en qué jardines nos metemos y si estamos dispuestos a llegar hasta el final. Si estás cansad@, si has tenido un mal día o si no tienes muy claro lo que hay que solventar, no te metas en materia. Que la resolución de conflictos tenga un poco de planificación y que tú te encuentres en tus mejores facultades para ello.
Si tienes un mal día, aborda el conflicto en otro momento.

Si tienes un mal día, aborda el conflicto en otro momento.

  • Es importante que tengas claro el conflicto, delimitado, bien explicado. No todo lo que te molesta son conflictos.
  • Una vez que vayas dominando el arte de resolver conflictos, puedes incluso empezar a prevenirlos. Como por ejemplo, no anticipando acontecimientos con niños pequeños sobre planes que tienes en el futuro que no sabes si se van a poder materializar o no dar opciones si en el fondo lo que quieres que hagan es lo que tú quieres.

Espero que estas pautas os sirvan para manejaros mejor en vuestro día a día con los conflictos y si hay algo que se me escapa o algún ejemplo concreto que no sepas cómo afrontar, estaré encantada de responder tus dudas.